Con 113 metros de longitud, helipuertos dobles, cine privado, spa y hasta un Land Rover a bordo, el Le Grand Bleu se hizo famoso tras rumores de que Roman Abramovich lo habría perdido en una apuesta millonaria de póker.
En 2006, el mundo conoció una de las historias más comentadas entre los milmillonarios rusos. El lujoso yate Le Grand Bleu, valorado en US$ 125 millones, ganó protagonismo en los medios por un supuesto episodio inusual: habría sido perdido en una partida de póker entre amigos.
El protagonista de la historia era Roman Abramovich, entonces dueño del Chelsea FC, de la Premier League.
El yate, de 113 metros de longitud, reúne siete cabinas, spa, cine privado, beach club, piscina circular y gimnasio. La embarcación también cuenta con dos helipuertos, un mini yate auxiliar de 20 metros, un velero de 22 metros y hasta un Land Rover a bordo — una estructura digna de un resort flotante.
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El supuesto juego entre milmillonarios
Según relatos divulgados en la época, Abramovich habría recibido a su amigo Eugene Shvidler a bordo del Le Grand Bleu.
Durante una noche de diversión, ambos apostaron carros, casas y mansiones lujosas. Fuentes cercanas afirmaron que Shvidler ganó una partida de póker en la que el superyate estaba en juego, convirtiéndose en su nuevo dueño. Abramovich, sin embargo, negó la historia, y ninguna confirmación oficial surgió sobre la veracidad del episodio.
El intercambio millonario entre arte y lujo
Años después, otro misterio náutico llamó la atención del público. El jeque Mansour bin Zayed Al Nahyan, vicepresidente de los Emiratos Árabes Unidos, encargó en 2012 el superyate Topaz, construido por el astillero alemán Lürssen Werft, en Bremen. La embarcación de 147,25 metros de longitud fue valorada en cerca de US$ 450 millones.
Sin embargo, en 2019, el yate fue renombrado como “A+” sin registro de venta o transferencia de propiedad. El curioso detalle es que, en 2017, el príncipe saudí Mohammed Bin Salman Al Saud adquirió el cuadro “Salvator Mundi”, de Leonardo da Vinci, por US$ 450,3 millones, valor equivalente al del yate. Poco después, el príncipe regaló la pintura a los Emiratos Árabes Unidos, alimentando rumores de un intercambio simbólico entre obra de arte y embarcación — uno de los misterios más intrigantes del mundo del lujo.

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