Mientras ves un vídeo, envías mensajes o accedes a una aplicación, hay un gigante invisible trabajando sin parar en los bastidores de internet. Y está consumiendo tanta energía como una ciudad entera.
Hoy, un único data center de 10 megavatios (MW) — potencia común en centros de gran tamaño — ya es capaz de consumir la misma cantidad de energía eléctrica que una ciudad de 100 mil habitantes. Es lo que afirma Roberto Beauclair, director del Cepel (Centro de Pesquisas de Energia Elétrica de Eletrobras). Esta comparación ayuda a dimensionar el impacto creciente de los data centers, estructuras esenciales para la era digital, pero que exigen cada vez más infraestructura, energía y regulación.
En Brasil, el escenario ya comienza a preocupar. Según el Plano Decenal de Expansión de Energía (PDE 2034), el consumo nacional de energía por data centers llegará a 2,5 gigavatios (GW) en 2037. Esto equivale al gasto energético de 25 millones de personas, superando incluso la población actual de la Gran São Paulo. Con esta proyección, la cuestión que se impone es: ¿estamos preparados para lidiar con el crecimiento explosivo y el consumo de data centers?
¿Qué es un data center y qué es lo que almacena?
A pesar de ser invisibles para el público en general, los data centers están detrás de prácticamente todo lo que hacemos en línea. De forma simplificada, un data center es un ambiente altamente controlado y seguro donde están instalados miles de servidores, enrutadores, sistemas de almacenamiento y bases de datos. Funcionan como una gigantesca central nerviosa que mantiene todos nuestros servicios digitales vivos y accesibles.
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Es dentro de estos centros donde se almacenan información sensible de empresas, gobiernos y personas: desde mensajes privados y archivos en la nube, hasta sistemas financieros, e-comercio, inteligencia artificial, salud digital, logística y defensa. Grandes empresas como Google, Amazon Web Services (AWS) y Microsoft Azure operan hiperescalares — es decir, instalaciones con cientos de miles de servidores que procesan datos para miles de millones de usuarios en tiempo real, sin parar.
¿Cómo funcionan la refrigeración y la redundancia de energía?
Todo este volumen de datos procesados genera una cantidad intensa de calor. Los servidores operando 24 horas al día exigen sistemas de refrigeración altamente sofisticados para mantener la temperatura ideal de funcionamiento. La media térmica de los equipos gira en torno de 18 a 27 °C, y cualquier variación puede causar fallas o perjuicios millonarios. Por eso, los data centers utilizan soluciones como aire acondicionado de precisión, enfriamiento por agua helada, free cooling en climas fríos y hasta sistemas de refrigeración líquida directa.
Otro punto esencial es la energía. La operación de un data center debe ser constante, con altísima confiabilidad. Por eso, además de la red eléctrica convencional, las instalaciones cuentan con múltiples sistemas de redundancia, como nobreaks (UPS), generadores a diésel, paneles solares y baterías de alta capacidad. En estructuras de estándar Tier 4, la tolerancia a fallo es mínima: la disponibilidad debe ser del 99,995%.
Todo este aparato resulta en un gasto energético brutal. Desde la refrigeración hasta la redundancia, cada etapa está pensada para garantizar que nada pare — incluso si eso cuesta lo mismo que abastecer a una ciudad entera.
Ejemplos reales: el impacto global de empresas como Google, AWS y Microsoft
Empresas líderes de la tecnología operan los mayores data centers del planeta — verdaderos complejos industriales digitales. La Amazon Web Services (AWS), por ejemplo, tiene presencia en más de 30 regiones del mundo, con cientos de centros de datos. La Google mantiene instalaciones avanzadas en EE. UU., como la de The Dalles, en Oregón, que utiliza agua del río Columbia para refrigeración y opera con metas de neutralidad climática.
Ya la Microsoft, a través de Azure, desarrolla data centers sumergidos y apuesta por energía renovable para todas sus operaciones hasta 2030.
Estos centros no son solo instalaciones técnicas: son piezas estratégicas para el poder global. Controlar infraestructura de datos hoy es tan importante como controlar reservas de petróleo o cadenas logísticas. Cada uno de estos gigantes invierte miles de millones al año en eficiencia energética, ciberseguridad e inteligencia artificial para mantener la operación funcionando y, al mismo tiempo, minimizar el impacto ambiental.
Brasil en la ruta de los data centers: potencial y desafíos
Brasil posee actualmente 181 data centers en operación, según datos de la EPE. Hasta 2034, este número puede saltar a 500 unidades, impulsado por el aumento del uso de inteligencia artificial, almacenamiento en la nube y digitalización del sector público. En 2024, el Ministerio de Minas y Energía (MME) analizaba 42 nuevos pedidos de instalación de data centers — un salto expresivo en relación a los 12 proyectos de 2023.
Los lugares preferidos para nuevos emprendimientos son las regiones Sudeste y Sur, donde se concentra el mercado consumidor, además del Nordeste, que destaca por la proximidad con cables submarinos de conexión con Europa y EE. UU. y por la oferta de energía renovable. Estados como São Paulo, Río de Janeiro, Bahía, Ceará y Piauí lideran esta carrera.
Piauí, por ejemplo, apuesta por la ZPE (Zona de Procesamiento de Exportación) de Parnaíba, donde las empresas pueden importar equipos sin pagar impuestos como ICMS. La propuesta es crear un polo nacional de infraestructura digital, con estímulos fiscales y acceso a energía limpia. El gobernador Rafael Fonteles ha defendido que Brasil entre de lleno en la geopolítica de los datos, diciendo que “la disputa no debe ser entre estados, sino entre países.”
Los impactos ambientales del consumo de data centers
A pesar de los avances tecnológicos, los data centers son fuentes relevantes de impacto ambiental. Según estimaciones de la Agencia Internacional de Energía (IEA), ya son responsables de alrededor del 1% de todo el consumo mundial de electricidad — un número que puede aumentar con la popularización de IA generativa, metaverso, blockchain y 5G.
En Brasil, aunque la matriz energética sea más limpia que en muchos países, el consumo elevado de recursos — especialmente para refrigeración y respaldo energético — aún preocupa. El uso intensivo de agua, las emisiones indirectas asociadas a generadores a diésel y el desecho de equipos (basura electrónica) colocan a los data centers en el centro del debate sobre transición ecológica.
Además, la concentración de estos centros en regiones metropolitanas puede generar disputas por energía y presión sobre la infraestructura eléctrica, lo que exige planificación coordinada con las distribuidoras y con el Operador Nacional del Sistema (ONS).
Por qué los data centers son esenciales para la vida moderna
A pesar de sus desafíos, los data centers son estructuras indispensables para la vida moderna. Sostienen el funcionamiento de plataformas digitales, redes bancarias, sistemas de salud, transporte urbano, e incluso escuelas y servicios públicos. Sin ellos, prácticamente todo se detendría: no habría correos electrónicos, redes sociales, almacenamiento en la nube, videollamadas, ni pagos electrónicos.
En el contexto actual, donde la inteligencia artificial y la automatización toman cada vez más espacio, los data centers se vuelven aún más estratégicos. Son ellos los que procesan los modelos de IA, ejecutan algoritmos de lenguaje, almacenan miles de millones de parámetros y distribuyen contenido globalmente en milisegundos.
Además, están en el centro de la economía digital. Cada pedido de comida, cada carrera de aplicación, cada transferencia bancaria depende, al final de cuentas, del buen funcionamiento de uno o más data centers. Por eso, pensar en su eficiencia, regulación e impacto es pensar en el futuro de la civilización digital.
El crecimiento de los data centers en Brasil y en el mundo es irreversible. Son la columna vertebral de la transformación digital, de la inteligencia artificial, de la comunicación en tiempo real y de la vida en red. Sin embargo, este avance trae consigo un consumo energético cada vez más significativo, comparable al de ciudades enteras, lo que exige una respuesta igualmente robusta en términos de planificación, sostenibilidad e innovación.
Discutir el data center que consume la misma energía que una ciudad de 100 mil habitantes es más que una curiosidad técnica. Es una alerta sobre los desafíos que la era digital impone a la infraestructura energética y ambiental. Y el momento de actuar es ahora — antes de que el futuro nos atrape sin conexión.


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