Datos recientes revelan que el hábito de planchar ropa está disminuyendo drásticamente en Brasil, impulsado por la búsqueda de practicidad y nuevos tejidos tecnológicos, mientras que especialistas comparten consejos valiosos para mantener una buena apariencia sin perder tiempo con la plancha.
Una de las tareas domésticas más tradicionales y, simultáneamente, más temidas por los brasileños está sufriendo un golpe en su popularidad. El acto de planchar ropa, que por décadas simbolizó el cuidado y la organización del hogar, ha ido perdiendo espacio ante la búsqueda incesante de practicidad y la tecnología textil.
Un reportaje exhibido por el Jornal da Band destaca cómo la agotadora rutina moderna está redefiniendo la relación de las personas con la tabla de planchar y las pilas de vestuario.
La tradición que resiste al tiempo
A pesar del creciente rechazo, la plancha aún mantiene su lugar de honor en algunos hogares. Para Carla, personaje entrevistada en el reportaje, la ropa arrugada es inadmisible.
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En su casa, la regla es clara y abarca desde camisas y pantalones hasta la ropa de cama. A diferencia de la mayoría, ella describe el proceso como una actividad placentera, casi terapéutica. “Es placentero tomar esa prenda arrugada y después verla tan bonita“, relata.
Para hacer la tarea menos ardua, Carla adopta estrategias de entretenimiento, como reservar noches para planchar ropa mientras mira partidos de fútbol. “Ya sufro junto”, bromea ella, refiriéndose a la tensión de los partidos. Para ella, el hábito es una herencia cultural familiar sólida.
“Es un hábito de familia. Mi madre también junta su pila, mi hermana también”, explica, demostrando incluso admiración por el vapor de las máquinas profesionales de lavandería.
Nuevos comportamientos y la búsqueda de facilidad
Sin embargo, la dedicación de Carla está convirtiéndose en una excepción estadística. El reportaje señala que muchos brasileños ya han abandonado el hábito o lo mantienen solo por estricta necesidad.
Datos de “Google Sala Digital”, presentados en la materia, confirman esta transformación cultural: en los últimos cinco años, las búsquedas por ropa que no se arruga o que no necesita ser planchada crecieron un 189% en Brasil.
El rechazo al electrodoméstico es evidente en las calles. Entrevistados confiesan odiar la tarea, admitiendo que solo recurren a la plancha cuando no hay otra opción viable para la presentación personal. La practicidad se ha convertido en la palabra de orden, impulsando a la industria de la moda a invertir en tejidos tecnológicos que prescinden del alisado térmico.
Tácticas para jubilar la tabla de planchar
Joice, consultora de estilo entrevistada por el Jornal da Band, se posiciona firmemente en el equipo de “enemigos de la plancha”. Especialista en optimizar el tiempo sin descuidar la imagen, ella enseña que el secreto para jubilar la plancha comienza en el lavado. “La primera cosa: sacas la ropa de la máquina, le das una sacudida, pasas la mano para dejarla secar en el perchero. Con el propio peso de la ropa, se va a quedar estirada”, enseña.
Además del método de secado, la consultora sugiere el uso de productos modernos, como sprays desarrugantes, que funcionan aplicando el líquido en la prenda seca y alisando con las manos.
La creatividad popular también no se queda atrás: técnicas como usar el vapor de la ducha durante el baño para desarrugar ropa colgada en el baño son ampliamente difundidas. Según Joice, parte de la solución también implica un cambio de mentalidad: “Si no, usarás ropa arrugada y también tienes que aceptar eso”.


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