Maldad Antigua, Cura Moderna: Hongo de las Tumbas Egipcias Puede Ser la Próxima Revolución Contra el Cáncer
Los investigadores descubrieron que el mismo hongo asociado a la llamada “maldición de las momias”, responsable de muertes misteriosas de científicos en el siglo pasado, contiene compuestos con alto potencial para tratar cáncer en la sangre. El villano de la arqueología, ahora, puede convertirse en esperanza en la medicina.
Un estudio publicado en Nature Chemical Biology reveló que el Aspergillus flavus, un hongo conocido por producir toxinas fatales, posee estructuras moleculares capaces de destruir células de leucemia sin afectar significativamente otros tipos de tejido. El hallazgo abre camino para una nueva clase de medicamentos, aún en etapa inicial, pero con potencial real para tratamiento oncológico.
El Legado Sombrío de la Tumba de Tutankamón
El origen del temor en torno al Aspergillus flavus se remonta a los años 1920, durante la famosa expedición que reveló la tumba del faraón Tutankamón, en Egipto. Tras la apertura del lugar, varios miembros del equipo empezaron a morir en circunstancias extrañas, dando origen a la teoría de la “maldición de las momias”.
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Décadas después, un evento similar ocurrió en Polonia: diez científicos fallecieron tras explorar la tumba del rey Casimiro IV. Análisis posteriores encontraron altas concentraciones de esporas de Aspergillus flavus en los ambientes cerrados de esas tumbas. El hongo libera toxinas que atacan el sistema respiratorio, pudiendo llevar a la muerte en individuos con salud debilitada.

De Amenaza Arqueológica a Molécula Terapéutica
El hecho de que sustancias tóxicas pueden ser convertidas en medicamentos no es novedad en la ciencia. La propia penicilina, extraída del Penicillium, también es derivada de un hongo. La diferencia, ahora, está en la complejidad de la molécula recién descubierta, bautizada como asperigimicina.
Se trata de una clase de compuestos llamados péptidos sintetizados ribosómicamente y modificados post-traduccionalmente (RiPPs, por su sigla en inglés). Estos microcompuestos actúan como “mini proteínas” con una arquitectura única de anillos entrelazados. Los investigadores lograron aislar cuatro variantes de estos RiPPs y, al modificarlos con lípidos, crearon una estructura eficaz contra células leucémicas.
Según los científicos involucrados, la asperigimicina interfere en el proceso de división celular al bloquear la formación de microtúbulos — estructuras esenciales para separar los cromosomas durante la mitosis. El resultado es la muerte celular programada, un mecanismo fundamental para frenar el avance de la leucemia.
Potencia Comparable a Medicamentos Ya Aprobados
El nuevo compuesto presentó, en laboratorio, una efectividad similar a la de fármacos consagrados en el tratamiento de la leucemia, como citarabina y daunorrubicina, ambos aprobados por la FDA. Sin embargo, la actuación de la asperigimicina parece más selectiva: mostró eficacia casi exclusiva sobre células de leucemia, con poca o ninguna acción contra células de cáncer de mama, hígado o pulmón.
“Es muy alentador encontrar un agente citotóxico con este grado de especificidad”, afirmó el hematólogo José Larios, del Barbara Ann Karmanos Cancer Institute, en EE.UU. A pesar del optimismo, el especialista recuerda que la trayectoria hasta la aprobación de un nuevo medicamento es larga y rigurosa.
Producir en Gran Escala Aún es un Desafío
Además de las etapas científicas, hay una barrera práctica: la producción en gran escala. Según Larry Norton, vicepresidente del Memorial Sloan Kettering Cancer Center, los medicamentos derivados de hongos son una tradición en la medicina — penicilinas, cefalosporinas y estatinas son buenos ejemplos. Sin embargo, cuando se trata de compuestos tan específicos como los asperigimicinas, el cultivo del hongo y la extracción del principio activo pueden volverse inviables financieramente.
La solución, apunta Norton, sería desarrollar formas de síntesis artificial de los compuestos, una ingeniería química que aún está en etapas iniciales, pero es fundamental para que el medicamento se vuelva comercialmente viable.
Un Viaje de 10 Años Hasta los Hospitales
Conforme al protocolo tradicional, la sustancia necesitará ahora pasar por pruebas preclínicas, con cultivos celulares y modelos animales, para evaluación de toxicidad, dosificación y eficacia. Solo entonces podrá avanzar a los ensayos clínicos en humanos — que incluyen las fases I, II y III — y, si todo sale bien, obtener el aval de la FDA para uso comercial.
Datos del Journal of the National Cancer Institute muestran que solo 10% de los medicamentos que llegan a la fase II de pruebas logran la aprobación final. A pesar de esto, el contexto actual presiona a la ciencia a buscar alternativas: muchos cánceres se vuelven resistentes a los tratamientos disponibles, exigiendo innovación constante.
“Incluso cuando logramos controlar ciertos tipos de cáncer con tratamiento inicial, en muchos casos el organismo encuentra formas de burlar los remedios. Por eso, nuevos enfoques terapéuticos son siempre bienvenidos y necesarios”, concluyó Larios.

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