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El motor del Concorde, que utilizaba poscombustores para inyectar combustible directamente en el escape y generar el empuje para superar la barrera del sonido

Escrito por Bruno Teles
Publicado em 19/06/2025 às 13:53
Atualizado em 19/06/2025 às 23:50
O coração supersônico: a história do motor do Concorde e seus "pós-queimadores"
O coração supersônico: a história do motor do Concorde e seus “pós-queimadores”
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El Rolls-Royce/Snecma Olympus 593 era un turbojet con tecnología de caza militar, responsable por el altísimo consumo y por la icónica llama en el despegue del avión.

En el panteón de la ingeniería, pocos proyectos son tan fascinantes como el motor del Concorde. El Rolls-Royce/Snecma Olympus 593 fue el corazón que permitió al avión de pasajeros más famoso del mundo volar a dos veces la velocidad del sonido. Tiene una distinción única: fue el único motor con poscombustión en operar en servicio comercial regular, una tecnología que era, al mismo tiempo, su mayor gloria y su mayor debilidad.

La historia del motor del Concorde es un estudio de extremos: en tierra, uno de los motores más ‘tragones’ jamás creados; en el cielo, a velocidad supersónica, una maravilla de la eficiencia. Entiende cómo funcionaba esta obra maestra de la ingeniería y por qué su genialidad también selló su destino.

¿Qué era el Rolls-Royce/Snecma Olympus 593, el motor del Concorde?

El motor del Concorde era un turbojet de flujo axial con dos carretes, una arquitectura elegida por su capacidad de generar la alta velocidad de escape necesaria para el vuelo supersónico. El proyecto nació de una colaboración histórica entre la británica Rolls-Royce y la francesa Snecma, uniendo dos naciones que eran, al mismo tiempo, socias y rivales en la carrera aeroespacial, en un acuerdo firmado en noviembre de 1962 para desarrollar el sistema de propulsión del avión.

Su ingeniería era única, diseñada para soportar temperaturas extremas. En vuelo de crucero a Mach 2, el aire entraba en el motor a más de 120°C incluso antes de la combustión. Esto exigió el uso de materiales avanzados, como superaleaciones a base de níquel, en partes del compresor, algo impensable en un motor subsónico.

El «poscombustor»: cómo la inyección de combustible en el escape rompía la barrera del sonido

El motor del Concorde, que usaba poscombustores para inyectar combustible directamente en el escape y generar el empuje para superar la barrera del sonido

La característica más famosa del motor del Concorde era su sistema de poscombustión, o «reheat». Es el responsable por la icónica llama visible en la parte trasera de los motores durante el despegue. Similar a un sistema de caza militar, inyectaba combustible directamente en el conducto de escape, detrás de la turbina.

Este sistema no se utilizaba para mantener la velocidad de crucero, sino como un impulso temporal para vencer las dos fases de mayor resistencia del vuelo:

  1. En el despegue: Para levantar el peso de la aeronave del suelo.
  2. En la aceleración transónica: Para romper la barrera del sonido, entre Mach 0.95 y Mach 1.7.

Una vez que la aeronave alcanzaba Mach 1.7, los poscombustores se apagaban, y el vuelo continuaba con el empuje «seco» del motor. Esta solución fue un ‘mal necesario’ que permitió optimizar el diseño. Un motor con empuje ‘seco’ (sin poscombustión) suficiente para el despegue sería gigantesco, pesado y terriblemente ineficiente durante el largo vuelo de crucero, que era la fase más importante del viaje. El poscombustor permitió utilizar un motor principal más ligero y perfectamente ajustado para la máxima eficiencia en crucero.

Eficiencia a Mach 2: la paradoja del consumo del motor del Concorde

En tierra, el motor del Concorde era extremadamente «tragón». Se estima que el avión consumía dos toneladas de combustible solo para rodar hasta la cabecera de la pista. Durante el despegue con los poscombustores activados, cada uno de los cuatro motores quemaba combustible a una tasa de 22.500 kg por hora.

Sin embargo, a 60.000 pies de altitud y a Mach 2, el sistema se transformaba en uno de los más eficientes del mundo, con una eficiencia térmica general del 43%, un récord para la época. El secreto de esta eficiencia, y el hecho más sorprendente sobre el Concorde, es que a velocidad de crucero, el motor en sí era el componente que menos generaba empuje, contribuyendo con solo el 8% de la fuerza total. El resto del trabajo lo hacía la propia estructura del avión:

  • 63% del empuje provenía de la presión del aire en las complejas entradas de aire de geometría variable.
  • 29% del empuje provenía de la expansión de los gases en los bocales de escape, también de geometría variable.

Por lo tanto, el motor del Concorde era parte de un sistema de propulsión totalmente integrado, donde la aeronave y sus motores eran inseparables.

Un motor único en su clase: la comparación con motores militares de la época

Cuando se compara con motores militares supersónicos de su tiempo, como el Pratt & Whitney TF30 (del F-14) o el General Electric J79 (del F-4 Phantom), la filosofía del Olympus 593 destaca. Los motores militares eran diseñados para ráfagas cortas de alta velocidad y agilidad.

El motor del Concorde, por otro lado, fue diseñado para durabilidad y eficiencia en largas horas de vuelo supersónico sostenido. Sus componentes fueron construidos para una vida útil de 25.000 horas, un estándar de aviación comercial, no militar. La decisión de usar la tecnología de turbojet puro, aunque más antigua que la de turbofan, resultó ser la más robusta y correcta para la misión única del Concorde.

El legado ruidoso: una obra maestra de la ingeniería que no sobrevivió a su tiempo

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El Olympus 593 fue un éxito técnico absoluto, una prueba de la capacidad de la ingeniería de llevar la tecnología a su límite. Sin embargo, el mundo a su alrededor cambió. La crisis del petróleo de los años 70, la creciente conciencia ambiental y la dominancia económica de aviones subsónicos hicieron obsoleto al Concorde.

El consumo de combustible y el ruido ensordecedor, que generaron batallas legales y la prohibición de vuelos supersónicos sobre tierra, sellaron su destino. El legado del motor del Concorde es doble: es un monumento a la ingeniosidad humana y, al mismo tiempo, una lección de que el éxito técnico no garantiza la viabilidad comercial. Para la nueva generación de aviones supersónicos, el Olympus 593 no es solo una pieza de museo, sino la lección más importante jamás escrita con queroseno y decibelios: que el poder, sin viabilidad económica y ambiental, no puede volar para siempre.

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TK_Zen-
TK_Zen-
21/06/2025 18:31

Depois botam catalisador caro em veículos de baixa potência com papo de meio ambiente.

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Bruno Teles

Falo sobre tecnologia, inovação, petróleo e gás. Atualizo diariamente sobre oportunidades no mercado brasileiro. Com mais de 7.000 artigos publicados nos sites CPG, Naval Porto Estaleiro, Mineração Brasil e Obras Construção Civil. Sugestão de pauta? Manda no brunotelesredator@gmail.com

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