Nació rodeado de lujo en 1916, en Petrópolis, heredero de una fortuna estimada en más de US$ 100 millones, algo cercano a medio mil millones de dólares en valores actuales.
A los 23 años, cruzó el Atlántico en barco rumbo a los Estados Unidos, comenzó a frecuentar Hollywood y descubrió un objetivo de vida claro: gastar todo, sin jamás trabajar, mientras se divertía con fiestas, viajes y mujeres famosas.
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Jorginho Guinle quería dejar el mundo “con el bolsillo vacío y el corazón satisfecho”. El plan, sin embargo, fracasó: el dinero se agotó primero; él aún viviría casi dos décadas y media en la cuerda floja.
Un Apellido Que Abría Puertas
La familia Guinle controlaba, desde 1882, la concesión del puerto de Santos, en la época el principal canal de salida del café brasileño.

Los ingresos eran tan altos que los patriarcas invirtieron en bienes raíces, ferrocarriles, energía y en el legendario Copacabana Palace, inaugurado en 1923. Fue allí donde Jorginho creció, rodeado de la élite carioca y de celebridades internacionales.
La Rutina De Quien “Nunca Trabajó”
Ya adulto, el playboy solía afirmar que nunca había trabajado. Vivía de mesadas generosas, se hospedaba en suites presidenciales y recorría el mundo en jets privados de amigos.
En Los Ángeles, se convirtió en una figura habitual en los estudios de 20th Century Fox, Paramount y MGM. Se exhibía como embajador informal de Brasil y garantizaba lugares reservados en sets de grabación y camerinos.
Logros De Revista
Entre un viaje y otro, Jorginho acumuló romances con nombres que hasta hoy habitan la cultura pop. Marilyn Monroe, Rita Hayworth, Jayne Mansfield, Kim Novak y Rita Hayworth aparecen en listas que él mismo recountaba, muchas veces con números, fechas y detalles que solo existían en su memoria.
Aún aquellos que desconfiaban de los excesos reconocían el magnetismo del carioca de apenas 1,60 m, siempre bien vestido, hablando cuatro idiomas y pidiendo champán por el primer nombre del camarero.
Jazz, Autos Y Copacabana
No era solo la vida amorosa la que consumía la fortuna. Jorginho mantenía colecciones de autos clásicos, pagaba cenas para músicos de jazz, Duke Ellington, Dizzy Gillespie y Louis Armstrong fueron invitados frecuentes, y financiaba noches que terminaban al salir el sol.
Llegó a escribir “Jazz Panorama”, el primer libro sobre el género lanzado en Brasil, y financió grabaciones de artistas aún desconocidos en los años 40.

La Cuenta Que No Cerró
Durante tres décadas, la cartera familiar generó dividendos suficientes para cubrir toda la ostentación.
Pero, en 1972, la concesión del puerto de Santos expiró. Sin la “mina de oro” y sin inversiones productivas, el flujo de caja se secó.
Con el tiempo, Jorginho vendió cuadros, autos y hasta la colección de trenes eléctricos en miniatura.
Divorcios y Herederos
Se casó cuatro veces. Tuvo tres hijos. El primogénito, Jorge Eduardo Guinle Filho, se convirtió en un reconocido artista plástico, pero murió de SIDA en 1987.
La muerte del hijo afectó al playboy, aunque nunca lo admitió en público. Las pensiones, divisiones y departamentos dados a las exesposas también redujeron la reserva financiera.
Cuando El Glamour Se Convierte En Favor
En los años 90, Jorginho ya vivía de una modesta jubilación del INSS y de la ayuda de amigos, como el empresario Baby Monteiro de Carvalho.
Vivió como huésped en un cuarto del Copacabana Palace, el mismo hotel que perteneció a la familia. Allí recibía visitas, daba autógrafos y contaba las mismas historias con su encanto intacto.

Publicidad y Apariciones Tardías
Para complementar sus ingresos, aceptó trabajos publicitarios inusuales: protagonizó un anuncio de whisky nacional en los años 60, fue modelo de lencería en los años 2000 y participó en campañas inmobiliarias de lujo. Ningún caché, sin embargo, llegó cerca de los gastos de antes.
El Desenlace En Un “Cielo” Particular
En marzo de 2004, a los 88 años, con salud frágil y portando solo algunas fotos antiguas, Jorginho pidió dejar el hospital donde estaba internado. Quería pasar sus últimos días en la suite 153 del Copacabana Palace, su definición de “cielo”.
La noche anterior a su muerte, cenó estofado de pollo, tomó un batido de vainilla y escuchó a Coltrane. Partió a las cuatro de la mañana, en las sábanas blancas del antiguo imperio familiar, sin fortuna y sin arrepentimientos.
El Legado De Un Gastador Profesional
Para muchos, Jorginho Guinle simboliza el desperdicio y la futilidad. Para otros, representa la libertad extrema, típica de una época en que los privilegios parecían inagotables. Él mismo dejó la lección, escrita en tono de broma, pero cargada de verdad:
«El secreto de vivir bien es morir sin un centavo en el bolsillo. Pero calculé mal y el dinero se acabó antes de tiempo«



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