Aun con la misión concluida hace décadas, algunos satélites continúan activos y sorprenden a científicos al enviar señales desde el espacio. Conozca los casos impresionantes del LES1 y de la legendaria Voyager 1.
En un universo donde la mayoría de los satélites tienen una vida útil de pocos años, algunos equipos desafían al tiempo y continúan funcionando incluso después de ser abandonados por sus agencias creadoras. Son estructuras silenciosas, muchas veces olvidadas, que aún orbitan el planeta o cruzan el espacio profundo, emitiendo señales que nadie esperaba volver a escuchar.
Dos ejemplos llaman la atención: el LES1, un satélite militar de los años 60, y la legendaria Voyager 1, lanzada en 1977. Ambos continúan transmitiendo, aun con sus misiones cerradas hace décadas, demostrando que la tecnología del pasado, en algunos casos, puede ser sorprendentemente resiliente.
El satélite militar que despertó después de 46 años
El LES1 (Lincoln Experimental Satellite 1) fue lanzado en 1965 por los Estados Unidos como parte de un proyecto de comunicaciones militares. Pero algo salió mal: la etapa de lanzamiento no se separó correctamente, y el satélite entró en una órbita impredecible.
-
Con un costo por disparo cercano a cero, el láser DragonFire puede cambiar la guerra en el mar en 2027 y proporcionar a los barcos británicos una defensa casi ilimitada contra drones.
-
Startup británica crea neumáticos que generan electricidad en vehículos eléctricos al pasar por baches, lomos y grietas.
-
Científicos han creado robots hechos con células vivas que tienen su propio sistema nervioso, nadan solos, exploran el entorno y se autoorganizan sin ninguna ingeniería genética, y ahora quieren hacer lo mismo con células humanas.
-
Estudiantes crean una ambulancia impulsada por energía solar que funciona sin enchufe, sin combustible y que además mantiene los equipos médicos conectados en áreas remotas.
Sin función operativa, fue considerado perdido y su misión declarada concluida. Nadie esperaba nada más — hasta que, en 2013, casi medio siglo después, un radioaficionado británico captó una señal continua proveniente de un punto específico en el cielo. Era el LES1.
¿Qué sucedió? Aparentemente, el satélite permaneció funcional, pero su antena solo fue posicionada de forma favorable a la Tierra cuando el eje de rotación natural finalmente se estabilizó. Desde entonces, emite señales intermitentes, como un eco tecnológico de una era que parecía enterrada.
«Satélite zombi»
El LES1 se convirtió en un símbolo de lo que muchos llaman «satélite zombi» — equipos que técnicamente están muertos, pero aún tienen circuitos activos y logran transmitir señales.
Estos satélites desafían al tiempo no porque fueron hechos para durar tanto, sino por causa de una combinación improbable de:
- Componentes robustos para los estándares de la época
- Falta de software sofisticado, lo que reduce el riesgo de fallas lógicas
- Exposición estable al Sol, asegurando que paneles solares sigan alimentando los sistemas básicos
Es el caso del LES1, que hoy no sirve más para comunicación militar, sino que se ha convertido en un objeto de estudio valioso para ingenieros y científicos que monitorizan el comportamiento de tecnologías en largos períodos de exposición espacial.
Voyager 1: más de 45 años cruzando el vacío y aún enviando datos
Si el LES1 es impresionante por haber vuelto a la vida, la Voyager 1 es aún más extraordinaria. Lanzada en 1977 con destino al sistema solar exterior, la misión de la sonda ya era ambiciosa: visitar Júpiter y Saturno. Pero fue más allá — y sigue viva hasta hoy, a más de 24 mil millones de kilómetros de la Tierra.
Aun en un ambiente extremadamente hostil, con temperaturas cercanas al cero absoluto y expuesta a la radiación cósmica, la Voyager 1 aún transmite señales a la NASA. Y no solo señales — sino datos científicos.
La energía proviene de generadores de radioisótopos (RTGs), que transforman el calor del decaimiento de plutonio en electricidad. Este sistema, con pequeñas pérdidas a lo largo de las décadas, aún proporciona suficiente energía para mantener algunos instrumentos funcionando y una antena activa.
En 2024, aun después de breves períodos de falla de comunicación, el equipo logró restaurar parcialmente el control y la recepción de datos. Es como conversar con un fantasma electrónico viajando por el infinito.
¿Qué pueden enseñarnos aún estos satélites?
Mucho más que curiosidad, el funcionamiento continuo del LES1 y de la Voyager 1 es de enorme importancia científica y técnica:
- Permite estudiar la degradación de componentes electrónicos en el espacio
- Ayuda a probar la longevidad de materiales y sistemas en condiciones extremas
- Brinda pistas sobre cómo construir sondas y satélites más duraderos para misiones futuras
- Inspira proyectos de mantenimiento de satélites abandonados, algo cada vez más relevante ante la saturación de la órbita terrestre
Además, el caso del LES1 planteó cuestiones importantes sobre el monitoreo de basura espacial. Si volvió a transmitir después de 46 años, ¿cuántos otros satélites “muertos” aún están ahí en silencio, listos para reaparecer?
Comunicación más allá del tiempo
En una era marcada por la obsolescencia programada, ver un equipo de 1965 o 1977 aún funcionando desafía la lógica contemporánea. Esto refuerza un punto fundamental: la ingeniería clásica, aun con sus limitaciones, puede superar expectativas y dejar legados duraderos.
Tanto el LES1 como la Voyager 1 forman parte de una línea tecnológica que valoraba resiliencia y robustez, con pocos sistemas automatizados y mínima dependencia de software. Esto se convirtió, paradójicamente, en una ventaja para resistir al tiempo.
Satélites ‘zombis’ y sobrevivientes
Con la explosión de lanzamientos de satélites privados y comerciales en los últimos años, se estima que más de 3.000 satélites inactivos están actualmente en órbita terrestre. La mayoría será solo basura — pero algunos, como el LES1, pueden sorprender en el futuro.
También hay un creciente interés en reactivar o reutilizar satélites “abandonados”, ya sea para investigación o para integrar nuevas misiones de bajo costo. La reprogramación remota y la utilización de robots espaciales para mantenimientos ya se están discutiendo en agencias como NASA, ESA y JAXA.
El LES1 y la Voyager 1 no son solo máquinas en órbita — son mensajeros silenciosos del pasado, recordándonos que la ingeniería humana puede crear legados que atraviesan generaciones.
Estos satélites continúan circulando, emitiendo señales, superando fallas y sobreviviendo al vacío espacial — incluso cuando todos ya habían desistido de ellos. En tiempos de innovación acelerada, nos invitan a mirar hacia atrás y reconocer que, a veces, lo que parece obsoleto puede ser, en realidad, eterno.


SNSA🛰️ WiFi
R$300