Ministros del Interior de los 27 países de la UE aprobaron el 8 de diciembre, en Bruselas, un paquete que crea centros de retorno fuera del bloque, permite enviar rechazados a países considerados seguros y aumenta sanciones, a pesar de la caída del 22% en las entradas ilegales en 2025, según datos de la agencia europea Frontex.
Los países miembros de la UE aprobaron este lunes, 8 de diciembre de 2025, en Bruselas, un paquete para endurecer la política migratoria, creando centros de retorno fuera del bloque y permitiendo enviar solicitantes de asilo rechazados a países considerados seguros. La propuesta fue presentada por la Comisión Europea y recibió el visto bueno de los 27 ministros del Interior reunidos en la capital belga.
De acuerdo con el portal del g1, el paquete aún necesita ser aprobado por el Parlamento Europeo y solo debe entrar en vigor en 2026, incluso ante una caída del 22%, hasta 133.400 entradas ilegales en la UE en los primeros nueve meses de 2025 en comparación con el mismo período de 2024, según la agencia de fronteras Frontex. Aun así, los gobiernos ven el momento como una oportunidad para apretar aún más el cerco a la inmigración irregular.
Paquete aprobado en Bruselas busca expulsión más rápida
Reunidos en Bruselas, los ministros del Interior de los 27 Estados miembros respaldaron las medidas presentadas por la Comisión Europea, el brazo Ejecutivo de la UE, en un contexto de fuerte presión de partidos que defienden la reducción de la inmigración.
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El mensaje político es que la UE quiere mostrar a la población que controla las fronteras y decide quién puede o no permanecer.
El núcleo del paquete es la creación de “centros de retorno” fuera de las fronteras de la UE, a donde serían enviados inmigrantes cuyos pedidos de asilo fueron rechazados por los países europeos.
Estos centros funcionarían como puntos de selección y preparación para la remoción, alejando a los rechazados del territorio de la Unión antes de la deportación definitiva.
Además, el texto prevé sanciones más severas para quienes se nieguen a abandonar el territorio europeo tras la denegación de su solicitud, aumentando la presión sobre migrantes en situación irregular. Entre los instrumentos están plazos más cortos para la salida voluntaria y la posibilidad de medidas coercitivas más estrictas cuando haya resistencia al retorno.
UE podrá enviar rechazados a países considerados “seguros”
Otro punto sensible del paquete es la posibilidad de enviar inmigrantes a países que no sean los de origen, siempre que la UE los considere “seguros”.
En la práctica, esto abre el camino para que solicitantes de asilo rechazados sean desplazados a terceros países dispuestos a firmar acuerdos con Bruselas.
Este mecanismo es visto por gobiernos europeos como una forma de desincentivar travesías irregulares, reduciendo la expectativa de permanecer en la UE incluso después de la negativa de asilo.
Al mismo tiempo, expertos y entidades de derechos humanos advierten sobre el riesgo de transferir responsabilidades a países con sistemas de protección más frágiles.
Según el comisario europeo Magnus Brunner, arquitecto del cambio en la política migratoria, es “muy importante transmitir a los ciudadanos la sensación de que tenemos control sobre lo que está sucediendo”.
La lectura en las capitales europeas es que, sin un discurso de firmeza, crece el espacio electoral para fuerzas de extrema derecha que prometen cerrar fronteras.
Caída en las llegadas no impidió endurecimiento de la UE
La aprobación ocurre en un momento en que las entradas irregulares en Europa están en descenso. De acuerdo con Frontex, las llegadas ilegales a la UE disminuyeron un 22% en los primeros nueve meses de 2025, a 133.400 registros, en comparación con el mismo período de 2024. En el acumulado anual, la reducción se estima en alrededor del 20% en relación al año anterior.
Aun así, la presión interna no ha disminuido. Los gobiernos argumentan que es precisamente el escenario actual el que permite endurecer las reglas sin repetir crisis humanitarias recientes.
Los líderes europeos calculan que un paquete duro ahora puede neutralizar discursos de extrema derecha que prometen medidas aún más radicales contra migrantes y refugiados.
España, Francia y ONGs ven riesgos para derechos humanos
A pesar de la mayoría favorable, el paquete no es consenso dentro de la UE. España cuestiona la eficacia de los “centros de retorno” tras experiencias consideradas fracasadas en otros países, indicando dudas sobre costos, logística y resultados reales en la reducción de llegadas irregulares.
Francia, por su parte, plantea dudas tanto sobre la legalidad como sobre la eficacia de parte de las propuestas, especialmente en lo que respecta al envío de rechazados a países considerados “seguros” por la UE.
París teme que las decisiones sean impugnadas en tribunales europeos y que los procesos se extiendan, sin entregar la rapidez prometida.
Organizaciones de defensa de los exiliados y partidos de izquierda reaccionaron con dureza. Para estos grupos, las medidas representan un retroceso y pueden violar derechos humanos básicos de refugiados y solicitantes de asilo, sobre todo si hay retorno a países que, en la práctica, no garantizan protección adecuada contra persecución o violencia.
Disputa en la UE sobre quién va a acoger solicitantes de asilo
Mientras la UE endurece las reglas para quienes tienen su solicitud rechazada, otra frente de disputa se abre: quién va a acoger a los solicitantes de asilo que siguen llegando a las fronteras externas del bloque. Grecia e Italia, que están en rutas migratorias importantes, presionan por una división más equilibrada de la responsabilidad.
La propuesta en discusión prevé que la UE exija a los demás Estados miembros que reciban en sus territorios parte de los solicitantes de asilo, aliviando la carga sobre los países fronterizos.
Si no aceptan recibir a estas personas, los gobiernos tendrían que contribuir financieramente, pagando 20 mil euros por solicitante, lo que equivale a alrededor de 124 mil reales, para los países bajo mayor presión.
En este punto, sin embargo, la resistencia es grande. Bélgica, Suecia y Austria ya han dejado claro que no aceptarán solicitantes de asilo de otros Estados miembros, señalando que prefieren contribuir con recursos financieros a recibir nuevos contingentes de migrantes.
Los ministros admiten, reservadamente, que asumir públicamente cuotas de acogida tiene un alto costo político en sus países.
Un funcionario europeo consultado bajo condición de anonimato resumió el estancamiento: “Pocos ministros del Interior estarán dispuestos a decir a la prensa: ‘Está bien, vamos a acoger a 30 mil’”.
¿Y tú, crees que la UE está protegiendo sus fronteras de manera responsable o está yendo demasiado lejos al endurecer la política migratoria y crear centros de retorno fuera del bloque?

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