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Pastores De Ovejas Enfrentan Desde Hace Mil Años Glaciares, Lobos, Puentes Colgantes Y Riesgo De Muerte Para Llevar 100 Ovejas A Través De La Única Cruce Insana De Rebaños Que Cruza Un Glaciar Y Una Frontera Nacional Cada Año

Publicado em 26/12/2025 às 19:23
Pastores de ovelhas enfrentam gelo e risco em travessia alpina pelo Tirol do Sul, cruzando o glaciar dos Alpes e mantendo viva uma tradição milenar.
Pastores de ovelhas enfrentam gelo e risco em travessia alpina pelo Tirol do Sul, cruzando o glaciar dos Alpes e mantendo viva uma tradição milenar.
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Entre junio y septiembre, pastores de ovejas del Tirol del Sur conducen cien animales por más de 3.000 metros de altitud, cruzan ríos turbulentos, una glaciar y la frontera entre Italia y Austria, enfrentando lobos, avalanchas, puentes colgantes y un riesgo real de muerte para mantener viva esta tradición milenaria alpina.

Desde 25 de abril, cuando las primeras ovejas suben a los pastos altos del Tirol del Sur, hasta el inicio de junio, cuando el rebaño finalmente enfrenta el glaciar en la frontera entre Italia y Austria, pastores de ovejas repiten año tras año un cruce tan bello como peligroso en los Alpes. El recorrido pasa por ríos helados, piedras sueltas, nieve fresca, hielo y un puente colgante en alturas vertiginosas.

En una ruta que alcanza cerca de 3.000 metros de altitud, cualquier resbalón puede costar una vida. A finales de la década de 1970, una nevada derribó alrededor de 70 ovejas del acantilado, marcando para siempre la memoria de los pastores. Aun así, la transhumancia de los sur tiroleses sigue firme y hoy es reconocida como patrimonio mundial de la UNESCO, símbolo de resistencia en un mundo rural que se reinventa para sobrevivir.

La única travesía de pastores de ovejas que cruza glaciar y frontera nacional

Lo que ocurre todos los años entre el Tirol del Sur, en Italia, y el valle austriaco de Eartstal no es solo un cambio de pasto. Es la única transhumancia del mundo que atraviesa un glaciar y una frontera nacional, ligando dos países por un sendero de nieve, hielo y roca.

Los animales comienzan el viaje aún en el valle italiano, a cerca de 800 metros de altitud, reunidos por criadores como Thomas y sus colegas.

En pocos días, el rebaño necesita subir más de 2.000 metros de desnivel, venciendo pendientes pronunciadas, tramos de nieve profunda y tramos de sendero tan estrechos que una distracción puede significar caída fatal. Prados alpinos exuberantes esperan al otro lado, pero el camino hasta allí es siempre una apuesta contra el clima y el terreno.

Glaciar, ríos turbulentos y un puente colgante donde un error no es permitido

Cada temporada, los pastores de ovejas chequean la ruta con atención casi obsesiva. En años como este, en que junio aún comienza con mucha nieve, la partida se retrasa.

Allí en lo alto, el tiempo cambia tres veces al día: viento fuerte, nieve repentina, neblina y lluvia helada transforman la subida en una prueba de nervios.

En el camino, hay etapas críticas. Una de ellas es el arroyuelo de montaña que el rebaño debe cruzar sin esparcirse.

Los pastores avanzan adelante y detrás de las ovejas, gritando comandos, para garantizar que ningún animal se detenga, dude o entre en pánico en medio de la corriente.

Otra es el puente colgante estrecho, ya cerca de Rofenarra. Allí, la orden es clara: pocos animales a la vez, siempre en movimiento. Si una oveja cae al agua, está perdida.

Al final de horas de subida, el rebaño llega a la cruz del pico en Tinurer, a 2.800 metros de altitud. Para ellos, es “normal”. La pausa es corta.

La bajada por el hielo, a menudo, es aún más extenuante que la subida. Cada peldaño de nieve escondida, cada piedra suelta, es un recordatorio de que la montaña “siempre cobra algo” y que no todos llegan a la cima.

Marcos: 25 años, 100 ovejas, un perro y un verano entero solo a 2.400 metros

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En el centro de esta tradición está Marcos, un joven de 25 años del Tirol del Sur. Él será el responsable de 100 ovejas durante todo el verano, en una cabaña a 2.400 metros de altitud, acompañado solo de su perro.

Como hacía su abuelo, pasa meses casi aislado, vigilando el rebaño, monitoreando el clima y caminando diariamente por áreas que suman cerca de 1.000 hectáreas.

La cabaña ofrece lo mínimo: una estufa de gas, agua corriente, cama extra para visitantes y electricidad. Todas las mañanas, Marcos prepara el café, observa el valle allá abajo y sale para la primera ronda del día.

Él verifica si hay animales enfermos, si algún cordero se separó del rebaño y si los puntos de sal aún están llenos. Al inicio de la temporada, un helicóptero deja cerca de 15 kilos de sal de mesa, que el pastor distribuye en lugares estratégicos.

Para Marcos, la recompensa no está en el dinero, sino en lo que ve con sus propios ojos. Él acompaña a los corderos pequeños llegando en primavera y, en otoño, ve animales más fuertes, pesados, con la lana crecida y bien alimentados. Ver este ciclo repetirse es, para él, el verdadero pago.

Trabajo de alto riesgo, poco dinero y una economía que no cierra

Ser pastor en los Alpes no es un empleo cómodo. Es un trabajo de alto riesgo, con amenaza de deslizamientos de piedras, caídas en pendientes pronunciadas y rayos. Marcos es pagado por 40 criadores de ovejas para cuidar de los animales en verano.

En invierno, necesita encontrar otro trabajo. Lo mismo vale para Johan, su hermano, que divide el año entre la granja de la familia y un empleo en la estación de esquí.

Los propios pastores admiten: hoy, el pastoreo alpino es casi un “hobby que no da lucro”. El precio de la lana es tan bajo que apenas compensa el esfuerzo.

La carne rinde un poco más, pero generalmente solo cubre los costos de alimentación, transporte y cuidados con los animales. Para invertir en la granja, es necesario sumar el salario de otros trabajos y los pocos subsidios que reciben.

Aun así, insisten. Sin las ovejas, las laderas serían rápidamente tomadas por la vegetación, lo que altera el equilibrio del ambiente alpino.

El rebaño ayuda a mantener abiertos los prados de altitud, reduce el riesgo de grandes incendios y mantiene viva una paisaje que forma parte de la identidad de la región.

Familias enteras involucradas, de niños a veteranos de 72 años

La travesía anual no es hecha solo por hombres jóvenes de paso firme. Ella reúne niños, veteranos y familias enteras.

Thomas, por ejemplo, es fontanero de profesión, pero cuida de ovejas por tradición y uso propio. Su hijo, Elias, de 12 años, falta un día de clases para ayudar en la conducción. Para el chico, este es “uno de los mejores días del año”.

Del otro lado de la escala etaria, está Carlo, 72 años, uno de los más viejos en el equipo de conducción. Él sube y baja las pendientes pronunciadas con sorprendente ligereza. La receta, según él, es sencilla: vivir de forma saludable y estar siempre activo.

El tío de Marcos, Hans, completa el equipo de veteranos. Desde hace casi 60 años, él es el responsable de controlar el paso en el puente colgante, punto en el que basta un error para perder un animal en el río.

Mientras tanto, la vida continúa en la granja. Las vacas de Johan permanecen en el establo produciendo la máxima cantidad de leche posible antes de subir al pasto.

Las familias alternan el reloj del campo con el de la escuela, del trabajo urbano y de la temporada de esquí, pero, cuando llega la época de la transhumancia, todos vuelven a eje común: las ovejas en la senda de los Alpes.

Lobos, osos y compensaciones oficiales: nueva amenaza a los pastores de ovejas

Si la nieve, las piedras y los abismos siempre han formado parte del paisaje, los predadores están ganando protagonismo reciente. Estimaciones apuntan que cerca de 80 lobos viven hoy en el Tirol del Sur, atacando rebaños con frecuencia.

Solo en 2023, el gobierno local pagó casi 100 mil euros en compensaciones por los daños causados. Y ahora los osos también comienzan a aparecer en la región.

Hasta aquí, Johan y sus colegas aún no han perdido ningún animal por lobos, pero la preocupación es real. Pastores como Jan, que llega con su rebaño de cabras para compartir la ruta, reconocen que la situación puede cambiar.

Para él, si los predadores aumentan al punto de hacer “lo que quieran” con los rebaños, esta tradición milenaria puede desaparecer.

Es un dilema que pone en juego mucho más que números. Detrás de cada ataque, hay años de trabajo, inversiones en genética, cuidado diario con los animales y el vínculo emocional de familias enteras con sus rebaños.

Entre subsidios, cercas, perros de guardia y compensaciones oficiales, el gran desafío es encontrar un equilibrio que permita que los lobos sobrevivan sin que los pastores de ovejas sean empujados fuera de las montañas.

El retorno al valle, el alivio después de la tormenta y la promesa de volver

Después de un verano entero esparcidas por la montaña, en septiembre las ovejas necesitan descender de regreso al valle en el Tirol del Sur.

En los últimos días en lo alto, Marcos y sus ayudantes pasan horas reuniendo animales que se dispersaron por pendientes diferentes. Los corderos más pequeños, incapaces de enfrentar el trayecto completo, son llevados antes.

El viaje de retorno es tenso desde el inicio. La salida del cercado se hace en pequeños grupos, para evitar tumultos en el puente colgante.

El tiempo amenaza con cambiar, el cielo se cierra con neblina, lluvia y viento frío. Aun así, las ovejas avanzan a un ritmo sorprendente.

En un tramo especialmente empinado, cualquier caída puede ser fatal. Los pastores, empapados y cansados, solo piensan en llegar a un punto seco, sabiendo que todavía tendrán otro día entero de marcha por delante.

En el valle, el escenario cambia. Al día siguiente, el sol vuelve a brillar y los habitantes se reúnen para recibir al rebaño.

Después de más de ocho horas cruzando las montañas, pastores de ovejas y animales finalmente llegan a casa sin fracturas ni lesiones.

En la cuenta final, solo dos animales murieron en toda la temporada, un número considerado excelente para una travesía tan arriesgada.

Marcos respira aliviado al escuchar el veredicto del tesorero: “todo salió bien”. Y ya se habla, casi naturalmente, de hacer todo de nuevo el año siguiente.

El futuro de una tradición milenaria colgando de un puente estrecho

Entre la cabaña simple a 2.400 metros, el rebaño de 100 ovejas, los 80 lobos que rondan la región y una economía rural que apenas se paga, el futuro de esta transhumancia alpina está lejos de ser garantizado. Aun así, los pastores repiten la misma frase: “es así como vivimos”.

Nacieron con los pies firmes en la tierra, aferrados a la granja, a las laderas y a los animales. Llevan la idea de que alguien necesita continuar, para que quien venga después también tenga algo.

Mientras esta convicción resista, pastores de ovejas seguirán cruzando glaciares, ríos y puentes colgantes entre Italia y Austria, enfrentando riesgos que la mayoría de las personas solo ve de lejos, en fotos o documentales.

¿Y tú, enfrentarías algunos meses aislado a 2.400 metros de altitud, con un perro, cien ovejas, riesgo de avalancha, lobos acechando y un puente colgante entre tú y el valle, solo para mantener viva una tradición milenaria?

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jJQaBOcg
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27/12/2025 02:17

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Maria Heloisa Barbosa Borges

Falo sobre construção, mineração, minas brasileiras, petróleo e grandes projetos ferroviários e de engenharia civil. Diariamente escrevo sobre curiosidades do mercado brasileiro.

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