Tecnología Social Desarrollada en la UEPB Usa Destilación Solar para Transformar Agua Salobre de Pozos en Agua Potable y Ya Atiende Centenas de Familias en el Interior del Nordeste
La escasez de agua en el semiárido paraibano sigue siendo uno de los principales factores que obstaculizan la producción rural y afectan la rutina de comunidades alejadas, donde buscar agua puede significar tiempo, costo e inseguridad. En los últimos años, investigadores vinculados a la Universidad Estatal de Paraíba han puesto en marcha una alternativa de bajo costo que utiliza energía solar para hacer potable el agua salobre de pozos.
El proyecto es conocido como desalinizador solar y funciona como un invernadero simple de vidrio, cemento y lona, reproduciendo el ciclo natural de evaporación y condensación. Según publicaciones institucionales de la UEPB, el equipo ya ha sido instalado en decenas de comunidades, con números que llegan a cerca de 200 unidades y atención directa que varía de más de 100 a cerca de 200 familias, conforme el recorte más reciente divulgado.
En la práctica, la propuesta busca reducir la dependencia de medidas emergenciales, como el abastecimiento irregular por camiones cisterna, y ampliar la autonomía de pequeños agricultores. La tecnología es fruto de actividades de extensión e investigación iniciadas en 2010 y asociadas a acciones con participación comunitaria, de acuerdo con la propia universidad.
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Además del impacto social, el tema ganó visibilidad nacional y reforzó el debate sobre cómo las universidades públicas pueden generar soluciones aplicables en el día a día, sin depender de infraestructura compleja. En 2025, la UEPB destacó el proyecto en su portal y citó el avance del trabajo en diferentes municipios y estados vecinos.
Cómo Funciona el Desalinizador Solar y Por Qué Atiende el Consumo Humano
El desalinizador solar recibe agua salobre de pozos en una estructura cubierta de vidrio, donde el calor del sol acelera la evaporación. El vapor se condensa en la superficie del vidrio y escurre por canaletas hasta un reservorio separado, ya con el agua sin los sales disueltos.
La UEPB informa que, dentro del equipo, la temperatura puede llegar a cerca de 70 grados, lo que contribuye al proceso de destilación solar y ayuda a entregar agua adecuada para el consumo. La sal que no se evapora permanece en la lona y puede ser removida con mantenimiento simple realizado por las propias familias.
En regiones donde la salinidad del agua del pozo es alta, la universidad cita valores que llegan a varios gramos de sal por litro, muy por encima del límite considerado potable. El equipo destaca que el desalinizador solar está pensado para ser fácil de instalar, fácil de mantener y barato, justamente para viabilizar su uso en áreas rurales dispersas.
Dónde Se Ha Instalado la Tecnología y Por Qué el Número Superó las 200 Unidades
En actualización publicada por la Pró-Reitoria de Posgrado e Investigación de la UEPB, la universidad listó municipios de Paraíba con decenas de unidades instaladas, además de registros en Pernambuco y Ceará. Sumando los cuantitativos divulgados en esta lista, el total supera las 200 unidades, reforzando la marca mencionada en las reportajes sobre el proyecto.
Otra publicación institucional, de noviembre de 2025, afirma que el proyecto beneficia actualmente a cerca de 200 familias y que ya ha instalado cerca de 200 desalinizadores en ciudades paraibanas y también fuera del estado, con costos estimados entre 3 mil y 4 mil reales por equipo completo, dependiendo del lugar.
Premios, Asociaciones y la Evolución Hasta la Tercera Versión del Equipo
El desalinizador solar desarrollado en la UEPB ganó reconocimiento nacional al ganar el Premio Fundación Banco do Brasil de Tecnología Social en 2017, en la categoría agua y medio ambiente, de acuerdo con la publicación de la propia universidad. La UEPB también destacó que la premiación reunió cientos de propuestas finalistas.
En el historial divulgado en 2025, la universidad señala que la investigación comenzó en 2010 y que las primeras construcciones a escala fuera del ambiente académico ocurrieron a partir de 2012, con recursos de fomento y expansión posterior a otras regiones. La misma actualización menciona financiamientos y apoyos diversos a lo largo del tiempo, incluyendo proyectos con recursos públicos e institucionales.
La UEPB también atribuye parte del avance al modelo de extensión con participación comunitaria, involucrando estudiantes, cooperativas y organizaciones locales, lo que facilita la multiplicación del conocimiento constructivo. En la práctica, esto ayuda a transformar el equipo en una tecnología social más replicable en el interior.
Además de las frentes académicas, iniciativas de la sociedad civil también han entrado en el camino para ampliar el acceso, como campañas de recaudación para construir unidades en comunidades específicas, mencionadas en contenidos sobre el tema.
El debate sobre la evolución del modelo también aparece en textos recientes que describen mejoras estructurales y ajustes para aumentar la producción diaria por unidad en condiciones reales de sol, aunque los resultados varían según el lugar y la incidencia solar. En actualización institucional, la UEPB cita una producción que puede llegar a cerca de 16 litros por día en un equipo, reforzando el enfoque en el consumo humano y en la simplicidad del sistema.
La Apuesta por un Desalinizador Solar Móvil y los Desafíos de Escala
Una de las próximas etapas citadas en reportajes sobre el tema es la búsqueda de un formato móvil, pensado para regiones con suelo más inestable, lo que podría ampliar la adaptación del equipo a diferentes terrenos. La idea, según los textos que repercuten el proyecto, es mantener el mismo principio de funcionamiento con una estructura más liviana y flexible.
Otro desafío recurrente es garantizar que la tecnología llegue con capacitación y mantenimiento adecuados, evitando el abandono del equipo a lo largo del tiempo. La UEPB afirma que entrenamientos y materiales de apoyo ayudan a los agricultores a construir y cuidar el sistema, lo que reduce la dependencia externa y otorga más autonomía a las comunidades.
En el trasfondo, la discusión es sobre escala y prioridad pública, ya que el semiárido convive con soluciones emergenciales desde hace décadas. El desalinizador solar entra como alternativa local y sostenible, pero aún necesita apoyo continuo para alcanzar más comunidades y consolidar redes de replicación.
¿Crees que tecnologías simples como esta deberían recibir más inversión que grandes obras y acciones emergenciales? ¿El poder público debería priorizar soluciones sin dependencia de operaciones costosas o eso no resuelve el problema de forma definitiva? Deja tu comentario con tu opinión y di si la universidad está haciendo el papel que debería ser del Estado.


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Eduardo Monte