El Proyecto de la Puente Salvador-Itaparica Mobiliza Billones y Reactiva Debates Ambientales, Económicos y Culturales, Con Impacto Directo Para Miles de Habitantes de Bahía.
Tras cinco décadas de discusiones e impasses, el proyecto del puente que pretende unir Salvador con la Isla de Itaparica, en Bahía, regresa al centro del debate nacional.
La obra, defendida públicamente por el presidente Luiz Inácio Lula da Silva e incluida en el nuevo ciclo del Programa de Aceleración del Crecimiento (PAC), ha sido confirmada como prioridad y ya se encuentra en fase de preparación para el inicio de las obras.
No obstante, de acuerdo con información publicada por el diario O Globo, la iniciativa enfrenta una creciente resistencia de ambientalistas, especialistas y comunidades tradicionales, que señalan riesgos para la biodiversidad, el patrimonio cultural y los modos de vida locales.
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Extensión e Impacto del Puente Salvador-Itaparica
La propuesta prevé la construcción de un puente con 12,4 kilómetros de extensión sobre las aguas de la Bahía de Todos los Santos.
Si se concreta, la estructura será el mayor puente de América Latina, superando al actual récord, el Puente Río-Niterói, en Río de Janeiro.
El proyecto, presentado como estratégico para el desarrollo económico de Bahía, estima una inversión total de R$ 11 mil millones, con recursos provenientes de una Asociación Público-Privada (PPP) entre el gobierno estatal y un consorcio chino.
El contrato firmado con el consorcio establece además que la empresa asiática será responsable de la construcción, operación y mantenimiento del equipo durante 35 años.
Inversión China y Planificación de la Obra
De acuerdo con el gobierno de Bahía, liderado por Jerônimo Rodrigues, las obras deben comenzar hasta junio de 2026, movilizando canteros en Salvador y Vera Cruz.
La promesa es de integración entre regiones, dinamización de las economías locales y estímulo a la redistribución de ingresos para cerca de 250 ciudades bahianas.
Según la Concesionaria Puente Salvador-Itaparica, la expectativa es que la obra beneficie a más del 70% de la población del estado, creando nuevos polos de desarrollo y reduciendo el tiempo de desplazamiento entre Salvador y el Recôncavo Baiano.
Resistencia Ambiental y Social
A pesar del discurso optimista del poder público y del sector privado, el proyecto enfrenta serias objeciones por parte de entidades ambientales, investigadores, pescadores, quilombolas, indígenas y líderes religiosos de terreiros.
El principal temor está relacionado con los impactos ambientales y sociales de la construcción del puente, especialmente en la Bahía de Todos los Santos, considerada uno de los ecosistemas marinos más importantes de Brasil.
La región alberga especies amenazadas, como ballenas, delfines, tortugas y peces migratorios, además de manglares y áreas de reproducción de diversas especies acuáticas.
Comunidades Tradicionales y Patrimonio Cultural
Estudios presentados en audiencias públicas conducidas por el Ministerio Público Federal (MPF) y por el Ministerio Público de Bahía (MP-BA) destacan la presencia de más de 120 terreiros de religiones de matriz africana, comunidades quilombolas, gitanas, indígenas y decenas de pequeñas colonias de pescadores en las áreas directamente afectadas.
De acuerdo con documentos oficiales, el proceso de licenciamiento ambiental presentó lagunas e inconsistencias, llevando a los promotores a exigir revisiones y nuevas análisis de impacto.
La promotora Cristina Seixas, del MP-BA, afirma que «hay indicios de problemas en los estudios realizados hasta el momento«.
Según ella, se identificaron fallas en la consulta previa a las comunidades tradicionales, conforme determina la Convención 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que garantiza el derecho de participación de los pueblos indígenas y tradicionales en decisiones que afecten sus territorios.
Una de las recomendaciones resultó en la firma de un Término de Ajuste de Conducta (TAC) entre la Defensoría Pública de la Unión (DPU) y el gobierno estatal, con el objetivo de minimizar perjuicios a las poblaciones vulnerables.
Riesgos a la Biodiversidad y al Modo de Vida
El ingeniero ambiental Joselito Alves, residente en Itaparica, destaca que el puente puede favorecer la expansión del agronegocio y de la minería, aumentando las presiones sobre áreas naturales y poblaciones tradicionales.
Él alerta que la Bahía de Todos los Santos «es un área importante de producción pesquera y ruta de migración de especies marinas«, lo que potencializa el riesgo de desequilibrio ecológico.
Pescadores locales también temen la especulación inmobiliaria, la deforestación y el agravamiento de los problemas de saneamiento, especialmente en ríos ya impactados por el desagüe doméstico.
Argumentos del Gobierno y del Consorcio Chino
El secretario de la Casa Civil de Bahía, Afonso Florence, defiende que el puente es fundamental para garantizar el crecimiento metropolitano de Salvador, argumentando que la capital ya no tiene espacio para expansión sin integración con otras regiones.
«Mi impresión es que la obra es ampliamente aprobada en Bahía. Hasta la oposición critica la demora para su ejecución«, afirma.
Según Florence, todas las reivindicaciones de las comunidades impactadas están siendo consideradas, y el proceso de consulta y negociación sigue en marcha.
El consorcio chino que ganó la licitación de la obra, realizada en diciembre de 2019, inicialmente estimó el costo en R$ 7,6 mil millones.
No obstante, el valor fue reajustado a R$ 10,4 mil millones tras revisiones del Tribunal de Cuentas del Estado (TCE), considerando aumentos en los precios de materiales y oscilaciones del mercado internacional.
Además, la empresa asiática garantizó exención de impuestos federales, lo que fue confirmado por el propio presidente Lula a principios de este mes, durante una entrevista a la prensa.
«La construcción ya está acordada y será una revolución para el desarrollo de Bahía«, declaró Lula el 2 de julio de 2025.
Licenciamiento Ambiental y Debate Político
El debate sobre la flexibilización de las normas de licenciamiento ambiental ha ganado fuerza con la reciente aprobación de un proyecto de ley en el Congreso Nacional.
Expertos consultados por entidades de medio ambiente advierten que eventuales cambios en la legislación, si son sancionados por el presidente, pueden debilitar la protección de los pueblos tradicionales y reducir la exigencia de consultas y estudios profundos.
Para el científico político Marcos Woortmann, del Instituto Democracia y Sostenibilidad (IDS), la flexibilización puede transferir la mayor parte de los perjuicios ambientales a comunidades indígenas, quilombolas y ribereñas, impactando directamente la salud, el abastecimiento de agua y la seguridad alimentaria.
La división interna en el gobierno federal sobre el tema es evidente.
La ministra del Medio Ambiente, Marina Silva, y sectores ambientalistas defienden el veto al proyecto de ley, mientras integrantes ligados al desarrollo económico evalúan que la medida puede desbloquear obras de infraestructura y generar dividendos electorales.
El impasse revela los desafíos para conciliar crecimiento, protección ambiental y respeto a los derechos de las poblaciones afectadas.
Perspectivas y Desafíos para el Puente Salvador-Itaparica
Ante la magnitud del proyecto y los impactos potenciales apuntados por diferentes sectores de la sociedad, el puente Salvador-Itaparica representa uno de los mayores desafíos de infraestructura del país en este inicio de la segunda mitad de la década.
Con las obras previstas para comenzar en menos de un año, persisten dudas sobre la efectividad de las medidas de protección y compensación ambiental, además de las garantías de participación y reparación de las comunidades tradicionales afectadas.
Ante un proyecto tan ambicioso y polémico, la cuestión permanece: ¿cuál debe ser el límite entre desarrollo y preservación ambiental en Bahía cuando se trata de megaobras como el puente Salvador-Itaparica?


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