Cientistas explican que los misteriosos puntos rojos captados por el telescopio James Webb son agujeros negros en formación, escondidos en nubes de gas, cambiando la comprensión sobre los primordios del universo.
Durante meses, astrónomos de todo el mundo intentaron entender un fenómeno intrigante. Imágenes del telescopio espacial James Webb mostraban pequeños “puntos rojos” esparcidos por el cielo profundo, objetos que no encajaban en los modelos tradicionales de galaxias o estrellas jóvenes. Ahora, científicos finalmente llegaron a una explicación.
Según estudio divulgado en enero de 2026 por el sitio ScienceDaily, estos puntos rojos son, en realidad, agujeros negros jóvenes y extremadamente activos, aún en fase inicial de crecimiento, rodeados por densas nubes de gas y polvo. El descubrimiento ofrece una nueva perspectiva sobre cómo el universo primitivo evolucionó justo después del Big Bang.
Además, el hallazgo ayuda a responder una pregunta antigua de la astronomía: cómo agujeros negros supermasivos lograron crecer tan rápido en los primeros miles de millones de años del cosmos.
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Qué eran los puntos rojos observados por el James Webb
Desde el inicio de las operaciones científicas del Telescopio Espacial James Webb, lanzado para observar el universo en infrarrojo, investigadores notaron objetos inusuales. Aparecían como puntos pequeños, intensamente rojos y muy brillantes, incluso a grandes distancias.
No obstante, estos objetos no presentaban características típicas de galaxias conocidas. Tampoco se comportaban como estrellas en formación. Por eso, los científicos empezaron a llamarlos informalmente “puntos rojos extraños”.
Con el tiempo, análisis más detallados mostraron que la coloración roja no provenía solo de la distancia. También estaba relacionada con la gran cantidad de polvo y gas alrededor de estos objetos, que bloquea la luz visible y deja pasar solo el infrarrojo.
Agujeros negros jóvenes y voraces en el universo primitivo
De acuerdo con los investigadores, los puntos rojos representan agujeros negros en crecimiento acelerado, alimentándose intensamente del material a su alrededor. Este proceso libera enormes cantidades de energía, lo que explica el brillo captado por el James Webb.
A diferencia de los agujeros negros supermasivos observados en el centro de las galaxias actuales, estos objetos aún están en formación. Aun así, ya consumen materia a un ritmo muy rápido, lo que sorprendió a los astrónomos.
Según el estudio, esto indica que agujeros negros pueden surgir y crecer incluso antes de que sus galaxias estén totalmente formadas, invirtiendo la lógica adoptada por muchos modelos clásicos.
Por qué el descubrimiento cambia lo que sabemos sobre el inicio del universo
Durante décadas, científicos creyeron que las galaxias se formaban primero y, solo después, daban origen a agujeros negros centrales. Sin embargo, los datos del James Webb sugieren un escenario diferente.
Ahora, crece la hipótesis de que agujeros negros jóvenes han desempeñado un papel central en la formación de las primeras galaxias. Al consumir gas y liberar energía, pueden haber influenciado el nacimiento de estrellas y la estructura inicial de esas galaxias.
Según los investigadores citados por ScienceDaily, este comportamiento ayuda a explicar por qué ya existían agujeros negros supermasivos cuando el universo aún era muy joven, algo que antes parecía difícil de justificar solo con crecimiento gradual.
La importancia del infrarrojo para este descubrimiento
Este descubrimiento solo fue posible gracias a la capacidad del James Webb de observar el universo en infrarrojo. A diferencia de telescopios anteriores, él puede “ver” a través de nubes gruesas de polvo cósmico.
Además, el infrarrojo permite observar objetos extremadamente distantes, cuya luz fue estirada por la expansión del universo a lo largo de miles de millones de años.
De esta manera, el telescopio actúa como una máquina del tiempo, revelando eventos ocurridos cuando el universo tenía apenas una fracción de la edad actual.
Contexto histórico de la búsqueda de los primeros agujeros negros
Desde finales del siglo XX, astrónomos intentan entender el origen de los agujeros negros supermasivos. Observaciones realizadas con el telescopio Hubble ya indicaban que existían muy pronto en la historia del cosmos.
No obstante, los instrumentos disponibles en ese momento no podían captar detalles suficientes. Faltaban datos sobre las fases iniciales de estos objetos.
Con el lanzamiento del James Webb, en asociación entre la NASA, la Agencia Espacial Europea y la Agencia Espacial Canadiense, este escenario comenzó a cambiar. Por primera vez, fue posible observar directamente agujeros negros en formación en el universo primitivo.
Qué los científicos aún quieren descubrir
A pesar del avance, muchas preguntas permanecen abiertas. Los investigadores ahora quieren entender cuál fue la origen de estos agujeros negros jóvenes. Pueden haber surgido del colapso directo de grandes nubes de gas o de la muerte de estrellas extremadamente masivas.
Además, científicos investigan cómo estos objetos interactúan con el entorno que los rodea y cómo influyen en el ritmo de formación de estrellas.
Según los autores del estudio, nuevas observaciones del James Webb deben ayudar a esclarecer estos puntos en los próximos años.
Un nuevo capítulo en la comprensión del cosmos
La explicación de los puntos rojos marca otro paso importante en la exploración del universo profundo. Lo que antes parecía un misterio ahora se revela como pieza clave de la historia cósmica.
El descubrimiento refuerza que el universo primitivo era más dinámico y complejo de lo que se imaginaba. También muestra que agujeros negros no son solo el resultado final de la evolución galáctica, sino actores centrales desde los primeros momentos del cosmos.
Así, los “puntos rojos” dejan de ser una curiosidad visual y pasan a ocupar un lugar fundamental en la narrativa sobre cómo el universo nació, evolucionó y se transformó.


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