La cultivar Fénix, desarrollada por Embrapa, transforma la producción de fresas en Brasil, duplicando plántulas nacionales y fortaleciendo el mercado con tecnología agrícola sostenible
La producción de fresas en Brasil vive un momento de cambio. En solo dos años, la cultivar nacional BRS Fénix, creada por Embrapa, hizo que el número de plántulas saltara de 2,5 a 5 millones y ya proyecta alcanzar 10 millones en 2026, según un artículo publicado.
Con características de alta productividad, sabor equilibrado y coloración intensa, la variedad ha estado conquistando productores y consumidores en diferentes regiones del país, representando un paso decisivo hacia la independencia de cultivares extranjeras.
Hoy, alrededor del 98% de las fresas consumidas nacionalmente aún provienen de variedades estadounidenses, y el 30% de las plántulas son importadas de Chile, Argentina y España.
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Desarrollada para las condiciones de clima y suelo brasileños, la Fénix reúne precocidad, durabilidad y calidad poscosecha, factores que garantizan un excelente retorno comercial.
Según Embrapa Clima Templado, la expansión de la nueva cultivar debe reducir costos y ampliar el acceso a plántulas nacionales de fresas, fortaleciendo la cadena productiva local y abriendo camino para un escenario más competitivo y sostenible.
Cultivares de fresa de Embrapa se consolidan como alternativa estratégica para el sector
La creciente aceptación de las cultivares de fresa de Embrapa refleja un cambio significativo en el panorama agrícola.
Cuando se lanzó en 2023, la Fénix contó con 18 viveristas licenciados; en 2024, ese número subió a 22, y, en 2025, se firmaron 14 contratos más.
Este aumento expresivo muestra el interés de productores y empresas en multiplicar la tecnología nacional.
De acuerdo con el investigador Sandro Bonow, el avance está relacionado con la escasez de opciones nacionales de fácil acceso en el mercado.
Embrapa, al ofrecer una cultivar adaptada al clima brasileño y con calidad comercial comparable a las importadas, trajo una solución concreta para reducir la dependencia de plántulas extranjeras.
Los precios también se han vuelto más competitivos. Mientras que las plántulas importadas cuestan entre R$ 2,30 (frescas) y R$ 3,60 (envasadas), las producidas en Brasil presentan valores más accesibles y están disponibles en el momento ideal de siembra.
La combinación entre costo menor y calidad superior impulsa la producción de fresas en Brasil y mejora el equilibrio económico de los pequeños y medianos agricultores.
Plántulas nacionales de fresas fortalecen la tecnología agrícola sostenible
La multiplicación de plántulas nacionales de fresas ha impulsionado regiones tradicionales como Pelotas (RS), Atibaia (SP) y Araucária (PR).
En estas localidades, la cultivar Fénix es hoy una referencia en rendimiento. Su rendimiento puede variar entre 900 gramos en sistema semi-hidropónico y 1.600 kg por planta en el campo, bajo túnel bajo, con cosecha extendida por hasta siete meses.
Además, la precocidad permite al productor anticipar la cosecha y acceder al mercado antes del pico de la cosecha, obteniendo mejores precios.
Esta característica, sumada a la durabilidad en la estantería y a la coloración intensa, también ha agradado a los consumidores.
La combinación de productividad y calidad refuerza el papel de la Fénix como ejemplo de tecnología agrícola sostenible, capaz de reducir costos, optimizar el uso de recursos y valorar la genética nacional.
El investigador Luís Eduardo Antunes, también de Embrapa, destaca que la cultivar representa un avance hacia la soberanía productiva brasileña.
Según él, “un hectárea alberga alrededor de 50 mil plántulas, y el país tiene 7 mil hectáreas dedicadas a la fresa, lo que representa un potencial de 350 millones de plántulas por año”.
Actualmente, alrededor de 70 millones aún son importadas, pero la tendencia es que la proporción de plántulas nacionales crezca rápidamente.
Variedades brasileñas de fresa ganan espacio en el mercado de fresas en el país
Las variedades brasileñas de fresa, lideradas por la Fénix, han despertado el interés de productores e incluso de empresas extranjeras.
La genética nacional ya comienza a ser estudiada por representantes de Europa, que ven en la cultivar brasileña una oportunidad de adaptación a los cambios climáticos en regiones mediterráneas.
Productores como Darceli e Ilóivia Chassot, de Cerro Largo (RS), reportan resultados consistentes en campo: 100% de enraizamiento de las plántulas, floración en 45 días y frutos grandes y estables durante toda la cosecha.
Aún después de cosechas sucesivas en sustratos reutilizados, la Fénix mantuvo firmeza, sabor y estándar de calidad, un diferencial importante en tiempos de oscilaciones climáticas intensas.
Estos resultados refuerzan el papel de la cultivar como motor de la producción de fresas en Brasil, abriendo nuevas fronteras de siembra.
En 2025, el Ministerio de Agricultura y Ganadería recomendó oficialmente la Fénix también para la región de Brazlândia (DF), tras validación con productores locales.
Nuevas pruebas se están realizando en áreas de Bahía, como la Chapada Diamantina, para evaluar el rendimiento en climas tropicales.
Con el avance de la tecnología, el país comienza a consolidar su posición como referencia en la producción de fresas y en el desarrollo de cultivares propias.
La Fénix simboliza este renacimiento, una verdadera “ave” agrícola que representa innovación, sostenibilidad e independencia tecnológica, en lo que respecta a la producción de fresas en Brasil.

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