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Proyecto Billonario En El Desierto De Nevada Expone Límites De La Energía Solar Termosolar Y Se Convierten En Un Símbolo De Promesa No Cumplida En EE.UU.

Escrito por Rannyson Moura
Publicado el 22/12/2025 a las 13:47
Actualizado el 22/12/2025 a las 13:48
Construída como referência global em energia solar termossolar, a usina Crescent Dunes, em Nevada, custou US$ 1 bilhão, não atingiu a produção prometida e acabou desativada poucos anos após entrar em operação.
Construída como referência global em energia solar termossolar, a usina Crescent Dunes, em Nevada, custou US$ 1 bilhão, não atingiu a produção prometida e acabou desativada poucos anos após entrar em operação.
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Construida como referencia global en energía solar termoesolar, la planta Crescent Dunes, en Nevada, costó US$ 1 mil millones, no alcanzó la producción prometida y acabó desactivada pocos años después de entrar en operación.

Antes de convertirse en un ejemplo de fracaso industrial, la planta Crescent Dunes fue presentada como un hito de la energía solar mundial. El proyecto surgió en 2011, cuando el gobierno de los Estados Unidos anunció la construcción de una de las mayores plantas termoesolares del planeta, en el desierto de Nevada, cerca de la ciudad de Tonopah.

En ese momento, la expectativa era alta. La propuesta preveía la generación de energía limpia suficiente para abastecer a más de 100 mil personas. Además, el emprendimiento fue tratado como un símbolo de innovación, transición energética y liderazgo tecnológico estadounidense en el sector de energía solar.

La inversión también reflejaba esa ambición. El costo total llegó a US$ 1 mil millones, con recursos provenientes de empresas privadas, del Departamento de Energía de los EE. UU. y de grandes inversores institucionales.

Financiación robusta reunió gobierno, empresas e inversores globales

La Crescent Dunes solo salió del papel gracias a un consorcio financiero amplio. Entre los inversores estaban NV Energy, SolarReserve y Citigroup. El proyecto también contó con el apoyo directo del gobierno federal y con la participación indirecta de nombres importantes del mercado financiero, como Warren Buffett.

En aquel entonces, el senador por Nevada, Harry Reid, autorizó la construcción de la planta en terrenos públicos en medio del desierto. La iniciativa fue defendida como estratégica para el futuro energético del país. Kevin Smith, CEO de SolarReserve, llegó a afirmar que el proyecto era positivo “para ganar el futuro”.

La previsión era audaz. La planta debería producir alrededor de 500 mil megavatios-hora (MWh) al año a lo largo de 25 años de operación continua.

Estructura compleja diferenciaba la energía solar termoesolar

A diferencia de la energía solar fotovoltaica, que transforma la luz solar directamente en electricidad, la Crescent Dunes utilizaba tecnología termoesolar, también llamada heliotérmica. El sistema dependía del calor concentrado del Sol para generar energía.

En total, se instalaron alrededor de 10.347 espejos, conocidos como heliostatos, distribuidos en espiral por una área de aproximadamente tres kilómetros. Estos espejos seguían el movimiento del Sol y reflejaban la luz hacia una torre central de 200 metros de altura.

En la cima de la torre, el calor calentaba una mezcla de sales fundidas, almacenada en grandes tanques. Ese calor se utilizaría para producir vapor y accionar turbinas, permitiendo la generación de electricidad incluso de noche o en períodos sin luz solar directa.

Atrasos operativos y fallas técnicas comprometieron el desempeño

A pesar de la grandiosidad, los problemas surgieron pronto. Aunque la construcción se completó en 2013, la planta solo entró en operación efectiva a mediados de 2015. Poco tiempo después, en 2016, una fuga en un tanque de sales fundidas forzó la paralización casi total de las actividades durante cerca de un año.

Los datos de producción nunca correspondieron a las expectativas. En 2018, la Crescent Dunes logró entregar solo alrededor del 40% de la energía prevista en contrato. Ante esto, NV Energy presentó una demanda judicial contra SolarReserve, alegando incumplimiento contractual.

En abril de 2019, la planta tuvo sus operaciones cerradas. Al año siguiente, en 2020, la empresa responsable declaró quiebra, y el activo terminó siendo expropiado por el gobierno estadounidense.

Disputas judiciales y cruce de acusaciones marcaron el fin del proyecto

Tras el cierre, el caso pasó a estar marcado por disputas judiciales prolongadas. NV Energy y SolarReserve permanecieron en litigio durante años, discutiendo responsabilidades relacionadas con la gestión del proyecto y las fallas técnicas.

El cofundador de SolarReserve, Bill Gould, llegó a atribuir parte del fracaso a la empresa española ACS Cobra. Según él, la compañía habría sido responsable por el diseño defectuoso del reservorio de almacenamiento térmico, pieza clave para el funcionamiento de la planta.

Al mismo tiempo, el alto costo operativo de la tecnología comenzó a ser señalado como un factor decisivo para la inviabilidad del emprendimiento.

La energía solar termoesolar perdió espacio ante el modelo fotovoltaico

Cuando la Crescent Dunes inició sus operaciones, el escenario de la energía solar ya había cambiado. En 2015, la tecnología termoesolar comenzó a ser considerada obsoleta ante el avance acelerado de la energía solar fotovoltaica.

El problema principal era económico. Cada megavatio-hora generado por la Crescent Dunes costaba alrededor de US$ 135. En contraste, las plantas fotovoltaicas ya operaban con costos cercanos a US$ 30 por MWh.

Además, el sistema heliotérmico exigía un mantenimiento complejo e infraestructura pesada. Como resultado, perdió competitividad rápidamente en un mercado cada vez más orientado por la eficiencia y la reducción de costos.

Hoy, la estructura de la Crescent Dunes permanece en el desierto de Nevada como un gran “elefante blanco”. La promesa de revolución energética dio lugar a un paisaje impresionante solo para quienes sobrevuelan la región, mientras que el proyecto se convirtió en una advertencia sobre riesgos tecnológicos, elecciones estratégicas y los caminos de la energía solar en el mundo.

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Rannyson Moura

Graduado em Publicidade e Propaganda pela UERN; mestre em Comunicação Social pela UFMG e doutorando em Estudos de Linguagens pelo CEFET-MG. Atua como redator freelancer desde 2019, com textos publicados em sites como Baixaki, MinhaSérie e Letras.mus.br. Academicamente, tem trabalhos publicados em livros e apresentados em eventos da área. Entre os temas de pesquisa, destaca-se o interesse pelo mercado editorial a partir de um olhar que considera diferentes marcadores sociais.

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