Financiado por lucros de energía solar y eólica, el proyecto surcoreano usa vales locales para retener ingresos en las comunidades rurales y combatir el declive poblacional.
Corea del Sur inició en 2025 un proyecto piloto inédito de renta básica rural que busca enfrentar el despoblamiento y el envejecimiento de las zonas agrícolas del país.
Siete municipios — Yeoncheon, Jeongseon, Cheongyang, Sunchang, Shinan, Yeongyang y Namhae — fueron seleccionados para participar en el programa, que ofrecerá un pago mensual de 150.000 won, el equivalente a alrededor de 105 euros, en forma de vales locales.
La medida se extenderá por dos años, hasta finales de 2027, y podría servir como base para políticas permanentes de revitalización rural.
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Vales locales y fortalecimiento de la economía comunitaria
El programa exige que los beneficiarios residan al menos 30 días en uno de los condados seleccionados.
Los pagos se realizarán exclusivamente a través de certificados conocidos como “vales de amor local”, que solo pueden usarse en establecimientos comerciales de la propia comunidad.
Con ello, el dinero permanece circulando en la economía local, fortaleciendo pequeños negocios y evitando la fuga de recursos hacia grandes cadenas o centros urbanos.
La idea central es crear un modelo económico circular, capaz de generar un impacto multiplicador en regiones de baja densidad poblacional.
Cuando el consumo se mantiene dentro del territorio, hay estímulo al comercio, mantenimiento de servicios básicos y fortalecimiento de la cohesión social. La propuesta, por lo tanto, va más allá de la simple transferencia de ingresos: pretende establecer una base económica mínima para garantizar dignidad y sostenibilidad local.
Financiamiento público y energía renovable
El presupuesto total del proyecto es de 886,7 mil millones de won — alrededor de 619 millones de euros — para los dos años de ejecución. Más de un tercio de ese valor vendrá del gobierno central, mientras que el resto será cubierto por los gobiernos locales.
El aspecto más innovador está en la forma de financiamiento complementario: parte de los recursos provendrá de los beneficios generados por proyectos de energía renovable.
En Shinan, por ejemplo, los ingresos obtenidos con instalaciones de energía solar y eólica gestionadas por una cooperativa local serán redistribuidos entre los habitantes.
Ya en Yeongyang, un modelo similar se aplicará, utilizando las ganancias provenientes de la producción eólica.
Esta integración entre políticas sociales y transición energética crea un vínculo entre justicia territorial y sostenibilidad: la riqueza producida por parques renovables regresa directamente a quienes viven cerca de ellos.
Evaluación de impacto y continuidad del programa
El Ministerio de Agricultura, Alimentación y Asuntos Rurales de Corea del Sur creó un sistema riguroso de monitoreo para medir los resultados del programa.
Se analizarán indicadores de desarrollo local, calidad de vida, dinámica poblacional y vitalidad económica.
A partir de estos datos, el gobierno evaluará la viabilidad de ampliar la iniciativa o transformarla en política permanente.
Otro punto importante será la capacidad de los municipios para mantener la renta básica tras el período experimental.
El análisis incluirá factores como legislación local, voluntad política y participación de la comunidad.
La intención es identificar condiciones para replicar el modelo en otras regiones rurales amenazadas por la pérdida poblacional y por la concentración de oportunidades en las grandes ciudades.
Un modelo de desarrollo rural integrado
La propuesta de renta básica vinculada al territorio presenta múltiples beneficios. Reduce la dependencia de subsidios fragmentados, ofreciendo un apoyo financiero estable y predecible.
Además, estimula a jóvenes y familias a permanecer en el campo, contribuyendo a la renovación demográfica y al mantenimiento de las tradiciones locales.
El uso de vales locales también fortalece el tejido económico, al mismo tiempo que refuerza el sentimiento de pertenencia e identidad regional.
Por otro lado, el vínculo con proyectos de energía renovable transforma la transición ecológica en una herramienta de redistribución de riqueza.
En lugar de concentrar beneficios en grandes empresas, el sistema devuelve parte de las ganancias a la comunidad, promoviendo una justicia ambiental que alía sostenibilidad y equidad social.
Al unir renta básica, economía local y energía limpia, el programa piloto surcoreano señala un camino concreto y medible para enfrentar los desafíos del siglo XXI.
No representa solo una ayuda financiera, sino un compromiso con la reconstrucción del vínculo entre territorio, comunidad y desarrollo sostenible — una experiencia que podrá inspirar a otras naciones con realidades rurales en declive.

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