Documento del instituto australiano ASPI muestra cómo China integra cámaras, drones, tribunales, prisiones y gigantes de tecnología en un ecosistema de IA que automatiza la censura, prevé protestas, vigila minorías y exporta modelos baratos de vigilancia en masa usados por otros países autoritarios, como Irán y Arabia Saudita, en todo el mundo.
En un informe citado en un artículo de CNN Brasil, publicado el 6 de diciembre de 2025, el Instituto Australiano de Política Estratégica describe cómo China ha estado utilizando inteligencia artificial para transformar su aparato de vigilancia en un sistema capaz de prever protestas, monitorear prisioneros y controlar lo que 1,4 mil millones de personas pueden ver en línea. El documento señala que la tecnología ya se infiltra en la vida cotidiana, conectando el Gran Firewall, cámaras dispersas por las ciudades y herramientas de monitoreo digital en un mismo proyecto político.
El texto recopila datos y políticas implementadas a lo largo de la última década, con referencias a registros de 2012, 2018, 2019 y a una investigación global de 2024, mostrando cómo herramientas de IA fueron siendo acopladas a cámaras, tribunales, prisiones y empresas de tecnología para automatizar la censura, ampliar la vigilancia y suprimir preventivamente la disidencia dentro y fuera de China.
IA como columna vertebral de un control más predictivo
Según el informe, China no solo está añadiendo algoritmos a lo que ya existía. La inteligencia artificial se ha convertido en la columna vertebral de una forma más amplia y predictiva de control autoritario, permitiendo que el Partido Comunista monitoree a más personas, con más detalles y con menos esfuerzo humano.
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Los autores afirman que estas herramientas son usadas para automatizar la censura, refinar el policiamiento y anticipar posibles focos de contestación política, desde la organización de manifestaciones hasta el movimiento de grupos considerados sensibles por el régimen.
El resultado es un sistema capaz de cruzar datos de calles, aplicaciones, redes sociales y procesos judiciales en tiempo casi real.
El ASPI, que es parcialmente financiado por el gobierno australiano y otros gobiernos extranjeros, ya ha sido atacado por autoridades chinas, que lo acusan de no tener credibilidad. Aún así, el informe destaca que Pekín ha invertido centenas de miles de millones de dólares en negocios relacionados con la IA, avanzando en investigación y desarrollo incluso bajo las restricciones impuestas por Estados Unidos sobre el suministro de chips de alta performance a China.
La población también ha demostrado receptividad. Una encuesta de 2024 del grupo Ipsos indicó que los encuestados chinos se mostraron mucho más entusiasmados y optimistas respecto a la inteligencia artificial que los ciudadanos de otros 32 países.
Para el instituto, este clima ayuda a legitimar la expansión de usos de IA por el Estado y por empresas alineadas con las políticas del gobierno central.
Incluso el líder chino, Xi Jinping, ha puesto la tecnología en el centro de la estrategia digital del país. En una reunión celebrada en noviembre con altos dirigentes del Partido Comunista, destacó que la IA crea desafíos para la gobernanza del ciberespacio, pero al mismo tiempo ofrece nuevas herramientas para sostener la estabilidad política.
En la lectura del ASPI, esta lengua es un eufemismo para el mantenimiento y el fortalecimiento del poder del régimen.
Cámaras, drones y tribunales conectados al mismo sistema
El informe señala que la inteligencia artificial ya está presente en distintas etapas del sistema de justicia penal en China, desde el policiamiento en la calle hasta la rutina de tribunales y prisiones.
El punto de partida es la vasta red de vigilancia por video: no hay dato oficial consolidado, pero las estimaciones citadas ascienden a 600 millones de dispositivos en todo el país, lo que equivaldría a aproximadamente 3 cámaras por cada 7 habitantes.
Así como en otros lugares del mundo, estas cámaras han comenzado a incorporar reconocimiento facial, rastreo de ubicación y otros recursos de IA.
Sin embargo, en el caso de China, el informe afirma que estos sistemas están orientados directamente por objetivos de control político y social, no solo de seguridad pública.
Documentos de un distrito de Shanghái mencionados por el ASPI detallan planes para cámaras y drones equipados con inteligencia artificial capaces de “descubrir y aplicar la ley de forma inteligente y automática”, incluso disparando alertas a la policía ante aglomeraciones o situaciones consideradas anómalas.
La lógica es monitorizar el flujo de personas e intervenir antes de que una protesta o reunión considerada sensible gane escala.
En la cúspide de la cadena, la Corte Suprema de China ha pedido que todos los tribunales desarrollen hasta 2025 un sistema de IA “competente” para apoyar diferentes etapas de procesos legales, desde tareas administrativas hasta juicios.
En Shanghái, uno de los sistemas mencionados en el informe es capaz de recomendar si jueces y fiscales deben mantener a un sospechoso detenido preventivamente o conceder una pena suspendida, ayudando a estandarizar decisiones en base a grandes bases de datos.
Prisiones inteligentes, emociones vigiladas y minorías en el objetivo
Otro eje descrito por el documento es el de las llamadas “prisiones inteligentes”, donde la tecnología monitorea en detalles la rutina de los reclusos.
En una unidad analizada por los investigadores, cámaras con reconocimiento facial monitoreaban el rostro de los prisioneros y registraban sus expresiones.
Cualquier señal de ira o tensión era automáticamente señalada para intervención de agentes humanos.
En un centro de rehabilitación para adictos, el informe describe el uso de terapias asistidas por inteligencia artificial conducidas a través de gafas de realidad virtual, creando ambientes simulados y supervisados digitalmente.
La promesa oficial es modernizar el sistema, pero los autores advierten que el mismo aparato puede ser utilizado para reforzar la adoctrinación política y el control psicológico.
El texto muestra una concatenación preocupante: un acusado puede ser detenido con ayuda de vigilancia basada en IA, juzgado en un tribunal apoyado por sistemas inteligentes, y al final, enviado a una “prisión inteligente”, donde cámaras y algoritmos verifican cada movimiento, expresión e interacción del recluso. Todo esto en un poder judicial que responde al Partido Comunista y cuya tasa de condena ya supera el 99%.
Para el investigador Xiao Qiang, de la Universidad de California en Berkeley, incluso si estas tecnologías pueden contribuir a reducir crímenes y aumentar la sensación de seguridad en ciudades chinas, la estructura política del país hace que la misma IA sea usada, de hecho, para persecución política.
El informe también destaca grupos particularmente vulnerables dentro de China. Minorías religiosas y étnicas, como los uigures, además de disidentes políticos, ya conviven desde hace años con campañas de represión.
Ahora, empresas chinas financiadas por el gobierno central desarrollan grandes modelos de lenguaje para lenguas minoritarias como uigur, tibetano, mongol y coreano, con la finalidad de monitorear comunicaciones en estas lenguas.
En la práctica, estos modelos pueden ser usados tanto para vigilar lo que estas comunidades publican y comparten como para manipular el tipo de información que tienen acceso, reforzando la capacidad del Estado para controlar narrativas en segmentos específicos de la población.
Gigantes de tecnología de China como brazo digital del Estado
El documento del ASPI dedica un capítulo al papel de las grandes empresas de tecnología de China, clasificadas como “facilitadoras y ejecutoras esenciales” de la política de censura de contenido online del Partido Comunista Chino.
La evaluación es que estas compañías han dejado de ser reguladas solo por el gobierno y han pasado a actuar como socias activas en la construcción y difusión de herramientas de vigilancia.
ByteDance, controladora de TikTok, aparece como ejemplo de empresa que aplica estrictas reglas de moderación en Douyin, la versión de la aplicación utilizada principalmente dentro de China, bloqueando o degradando contenidos considerados políticamente sensibles.
Tencent, gigante de redes sociales y videojuegos, es citada por utilizar inteligencia artificial para monitorear el comportamiento de usuarios y asignar “puntuaciones de riesgo”, teniendo en cuenta actividades en redes sociales, grupos de chat y otras plataformas. Estas métricas pueden resultar en penalizaciones y restricciones de uso.
El motor de búsqueda Baidu ya vende herramientas de moderación de contenido para terceros y habría cooperado con agencias gubernamentales en más de 100 casos penales, sobre todo en investigaciones de fraudes y delitos cibernéticos.
Para Nathan Attrill, coautor del informe, en internet la IA permite censura en tiempo real y modelado de la opinión pública, utilizando moderación automatizada, análisis de sentimientos y algoritmos de recomendación para reducir la visibilidad de críticas y amplificar narrativas alineadas con el gobierno.
Exportación de modelos chinos y efecto dominó global
El informe advierte que el ecosistema de herramientas de vigilancia y censura por IA desarrollado en China no se limita a su territorio. Pequeñas y medianas empresas también crean sistemas propios, mientras que el país se consolida como exportador global de tecnologías de control digital.
Según el documento, otros países autoritarios, como Irán y Arabia Saudita, ya utilizan inteligencia artificial para vigilar a sus poblaciones, recurriendo a tecnologías y modelos de origen chino.
El riesgo, según los autores, es que este tipo de herramienta se convierta en un estándar fácilmente replicable siempre que un gobierno quiera monitorear ciudadanos a gran escala.
El investigador Xiao Qiang recuerda que modelos chinos de lógica de aprendizaje se han convertido en algunas de las principales opciones de código abierto en el mundo, accesibles a empresas y centros de investigación de diversos países precisamente porque son baratos o gratuitos.
En su opinión, quienes adoptan estos modelos no solo importan código, sino también infraestructura, filtros y lógicas de censura incorporadas.
En otras palabras, al usar tecnologías desarrolladas en China, otros gobiernos pueden acabar importando, junto con la herramienta, mecanismos de vigilancia, control e influencia alineados a la forma en que el Partido Comunista Chino ve el espacio digital.
Ante este escenario, el informe sugiere que China está convirtiendo la inteligencia artificial, cámaras y aplicaciones en arma de control autoritario con impacto global, al mismo tiempo que alimenta una carrera tecnológica en la que seguridad, derechos civiles y equilibrio de poder entre Estado y ciudadanos entran en choque directo.
Y tú, crees que la comunidad internacional podrá imponer límites al modelo de vigilancia impulsado por China o el mundo ya camina hacia aceptar este nuevo estándar de control digital?

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