La identificación de un cuerpo de granito con casi 100 kilómetros de ancho y hasta 7 kilómetros de grosor bajo la glaciera Pine Island conecta bloques rocosos superficiales a la dinámica del hielo hace cerca de 175 millones de años y ayuda a refinar modelos sobre el comportamiento pasado y futuro de la Antártida Occidental
Un vasto cuerpo de granito enterrado bajo la glaciera Pine Island, en la Antártida Occidental, fue identificado por científicos tras décadas de indicios superficiales, revelando una estructura con cerca de 100 kilómetros de ancho y un impacto directo en la reconstrucción del flujo de hielo pasado y actual de la región.
Rocas de granito rosa esparcidas por los picos volcánicos oscuros de las Montañas Hudson, en la Antártida Occidental, llevaron a investigadores a identificar una enorme formación granítica oculta bajo la glaciera Pine Island. La masa enterrada posee casi 100 kilómetros de ancho y aproximadamente 7 kilómetros de grosor, dimensiones que la hacen ser cerca de la mitad del tamaño del País de Gales.
Estos bloques rocosos llamaron la atención de científicos durante décadas, por destacar de la geología local dominada por rocas volcánicas.
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La presencia de este material en puntos elevados siempre suscitó dudas sobre su origen y sobre los procesos responsables de su transporte hasta los cumbres montañosas.
La identificación de la estructura subterránea reformula la comprensión de la historia geológica y glaciológica de la región, al conectar rocas visibles en la superficie a un cuerpo rocoso de grandes proporciones oculto bajo kilómetros de hielo.
Datación de los bloques y pistas sobre el origen
Para desentrañar el misterio, un equipo liderado por el British Antarctic Survey analizó los bloques de granito mediante la medición de la descomposición radioactiva de elementos atrapados en cristales microscópicos. La datación indicó que las rocas se formaron hace cerca de 175 millones de años, durante el período Jurásico.
A pesar de la edad determinada, permanecía sin respuesta la cuestión de cómo estos bloques llegaron a las Montañas Hudson. La hipótesis de transporte por hielo antiguo existía, pero carecía de evidencias directas que conectaran las rocas superficiales a una fuente específica en el subsuelo.
La solución empezó a emerger cuando los científicos combinaron los datos geológicos con levantamientos geofísicos recientes, permitiendo una visión más detallada de lo que se encuentra bajo la espesa capa de hielo de la Antártida Occidental.

Levantamientos aéreos revelan un gigante oculto
Mediciones gravimétricas de alta resolución, realizadas por aeronaves Twin Otter del British Antarctic Survey y otros aviones que sobrevolaron la región, detectaron una señal anómala bajo la glaciera Pine Island. Esa señal correspondía a lo esperado para un gran cuerpo de granito enterrado profundamente bajo el hielo.
La correspondencia entre la señal gravimétrica y las características de los bloques de granito observados en la superficie permitió establecer una conexión directa entre ambos. Según los investigadores, esta asociación representa un avance significativo en la comprensión de la geología subglacial de la Antártida Occidental.
El descubrimiento explica cómo una capa de hielo mucho más gruesa, existente en el pasado, fue capaz de arrancar grandes bloques del lecho rocoso y transportarlos hasta áreas elevadas de las montañas circundantes, antes de retirarse.
Reconstrucción del flujo de hielo en la última era glacial
La conexión entre el granito oculto y los bloques superficiales proporciona información fundamental sobre el comportamiento de la glaciera Pine Island durante la última era glacial, hace cerca de 20 mil años. En ese período, el hielo presentaba mayor grosor y capacidad erosiva.
Con esos datos, los investigadores logran reconstruir patrones antiguos de flujo de hielo y estimar el grosor de la capa glacial en el pasado. Esta información se considera esencial para refinar modelos computacionales que simulan la dinámica de las capas polares.
De acuerdo con el geofísico Tom Jordan, autor principal del estudio, la combinación entre datación geológica y levantamientos gravimétricos permitió no solo resolver el origen de las rocas, sino también revelar cómo fluyó el hielo anteriormente y cómo puede evolucionar en el futuro.
Influencia de la geología en la pérdida de hielo actual
El descubrimiento también tiene implicaciones directas para la comprensión de los procesos actuales bajo la glaciera Pine Island, una de las áreas que ha presentado las tasas más rápidas de pérdida de hielo en la Antártida en las últimas décadas. La geología del lecho influye en el deslizamiento del hielo y el escurrimiento del agua de deshielo subglacial.
El conocimiento detallado de esta estructura granítica ayuda a explicar variaciones en el comportamiento de la glaciera y contribuye a la mejora de los modelos utilizados para proyectar el aumento del nivel del mar. Estos modelos dependen de la interacción entre hielo, roca y agua para producir proyecciones más confiables.
La geóloga Joanne Johnson, coautora del estudio, destacó que los bloques de granito funcionan como un registro natural de los cambios del planeta a lo largo del tiempo, mostrando cómo el hielo erosionó y remodeló el paisaje antártico de forma profunda y prolongada.
Al identificar el origen de estos bloques, los científicos pueden reconstruir los caminos recorridos por el hielo y obtener pistas sobre cómo la capa de hielo de la Antártida Occidental podrá cambiar en el futuro, información considerada vital para evaluar impactos globales de la subida del nivel del mar.
Integración entre geología y geofísica
El estudio evidencia la importancia de la integración entre diferentes áreas de la ciencia para comprender procesos ocultos bajo la superficie terrestre. La combinación de geología y geofísica permitió revelar una estructura hasta entonces invisible y reinterpretar datos observados durante décadas.
Los investigadores resaltan que formaciones similares pueden existir en otras regiones de la Antártida, esperando identificación mediante técnicas aerotransportadas. El enfoque adoptado en este trabajo abre camino a nuevas investigaciones sobre la base rocosa de las grandes glaciares.
Los resultados fueron publicados el 22 de octubre de 2025 en la revista Communications Earth & Environment, con el apoyo del Consejo de Investigación del Medio Natural y de programas británicos de ciencia polar.
Según los autores, comprender estas estructuras profundas es esencial para proyectar el comportamiento futuro de las glaciares en un escenario de cambios climáticos en curso, incluso si muchos detalles aún permanecen ocultos bajo el hielo antártico.

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