Datos de satélites y análisis científicos muestran que una mega-tormenta en el Pacífico, en diciembre de 2024, generó olas promedio de casi 20 metros, con picos por encima de 35 metros, cuya energía recorrió cerca de 24 mil kilómetros entre diferentes cuencas oceánicas, redefiniendo mediciones globales del estado del mar
Una tormenta excepcional en el Pacífico Norte, en diciembre de 2024, produjo olas oceánicas sin precedentes, observadas por satélite, con promedios de 19,7 metros y picos por encima de 35 metros, influyendo en costas a miles de kilómetros y redefiniendo mediciones científicas.
Tormenta extrema y olas visibles del espacio
En diciembre de 2024, una enorme tormenta en el Pacífico desató olas de escala inédita, visibles desde el espacio mediante satélites en órbita. Las mediciones documentaron las mayores olas jamás registradas por observación espacial directa.
Esas mismas olas proporcionaron la energía responsable de dos eventos destacados en el surf de olas grandes. Entre ellos estuvieron el Eddie Aikau Big Wave Invitational, realizado en Waimea Bay, en Hawái, y descensos récord en el pico de Mavericks, en California.
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Los datos analizados fueron divulgados por la Agencia Espacial Europea, a partir de las mediciones del satélite Surface Water and Ocean Topography, conocido como SWOT. El conjunto de información permitió evaluar con precisión la altura y la propagación de las olas generadas.
El análisis indicó que, el 21 de diciembre de 2024, las olas alcanzaron alturas promedio de 19,7 metros, equivalentes a 65 pies. Olas individuales probablemente superaron los 35 metros, cerca de 115 pies, según los científicos involucrados.
Estos valores representan un hito en la observación oceánica por satélite. Hasta entonces, no había registros espaciales directos de olas con esta magnitud media asociada a un único sistema de tormenta en el océano abierto.

Monitoreo global y alcance transoceánico
De acuerdo con la Agencia Espacial Europea, las observaciones recientes muestran que las olas oceánicas durante grandes tormentas pueden alcanzar alturas sin precedentes. Más que fenómenos locales, estas olas funcionan como mensajeras de tormentas distantes.
Aun cuando la tormenta se mantiene lejos de la costa, la energía generada viaja por distancias inmensas a través del océano. Este desplazamiento puede transportar poder destructivo hasta regiones costeras situadas a miles de kilómetros del punto de origen.
El equipo de investigación se centró en la llamada tormenta Eddie, identificada como la mayor tormenta en altura promedio de ola observada en la última década. El sistema fue analizado de forma continua a lo largo de su trayectoria.
Los científicos lograron monitorear la ondulación asociada a la tormenta por aproximadamente 24.000 kilómetros de océano. Este seguimiento incluyó la travesía del Pacífico Norte y el paso por el Pasaje de Drake.
Tras cruzar el extremo sur de América del Sur, las olas alcanzaron el Atlántico tropical. El período de observación se extendió del 21 de diciembre de 2024 hasta el 6 de enero de 2025, según los datos consolidados.
Este alcance confirmó que la energía de las olas generadas por grandes tormentas puede circular entre cuencas oceánicas distintas. El fenómeno refuerza la necesidad de un monitoreo global continuo de los estados del mar.
Datos históricos e integración de satélites
La investigación combinó mediciones del SWOT con décadas de registros históricos del proyecto Sea State, de la Iniciativa de Cambios Climáticos de la ESA. Este banco de datos reúne información continua desde 1991.
El conjunto histórico incorpora mediciones de diversos satélites, incluyendo SARAL, Jason-3, Copernicus Sentinel-3A y 3B, Copernicus Sentinel-6 Michael Freilich, CryoSat y CFOSAT. La integración permitió comparaciones robustas a lo largo de más de tres décadas.
Esta base de datos ampliada posibilitó contextualizar la tormenta de 2024 en relación a eventos pasados. El análisis mostró que, aunque extrema, se inscribe en un histórico limitado de tormentas oceánicas muy grandes.
Según los investigadores, la combinación entre observaciones recientes y series históricas es esencial para identificar patrones de recurrencia. Tormentas de esta magnitud son raras y ocurren aproximadamente una vez por década.
La robustez de los datos también permitió revisar modelos numéricos usados para estimar energía de las olas. Las nuevas observaciones directas sirvieron como validación empírica bajo condiciones extremas.
Transporte de energía y dinámica de las olas
Las olas generadas por el viento alcanzan su potencia máxima durante tormentas intensas. Sin embargo, el mayor riesgo para áreas costeras no proviene de la tormenta en sí, sino de las olas de largo período que se propagan lejos.
Estas olas transportan energía por vastas distancias oceánicas, superando el alcance inmediato del sistema meteorológico que las originó. Sus longitudes de onda largas irradian a través de las cuencas oceánicas.
Una característica fundamental de estas olas es el período, definido como el intervalo entre crestas sucesivas. Este parámetro proporciona información directa sobre el tamaño y la intensidad de la tormenta generadora.
Por ejemplo, un período de 20 segundos indica que llega una ola grande cada 20 segundos. Cuanto mayor sea el período, mayor tiende a ser la energía transportada a lo largo de la propagación.
El estudio publicado recientemente en la revista PNAS representa la primera validación observacional directa de modelos numéricos de olas en condiciones extremas. Esto llevó a ajustes en los cálculos de energía que se habían utilizado hasta entonces.
Los científicos ya sabían que las olas muy largas transportaban una gran cantidad de energía. Sin embargo, las nuevas mediciones revelaron que modelos anteriores sobreestimaban sistemáticamente este contenido energético.
Revisión de los modelos e implicaciones científicas
Con base en los datos del SWOT, los investigadores identificaron que una mayor parte de la energía está concentrada en las olas dominantes de la tormenta. Antes, se creía que esta energía estaba más distribuida entre olas largas.
Esta revisión altera la comprensión de la dinámica energética de los océanos durante eventos extremos. Aunque las olas continúan siendo altamente destructivas, su distribución de energía es ahora descrita con mayor precisión.
Los investigadores compararon el fenómeno con un boxeador que concentra fuerza en pocos golpes decisivos, en lugar de dispersarla en muchos movimientos más débiles. La analogía ayuda a explicar la concentración observada.
Esta nueva lectura mejora la capacidad de previsión de impactos costeros y de riesgos para la navegación. Modelos ajustados tienden a ofrecer estimaciones más confiables sobre la llegada de grandes ondulaciones.
La validación directa también fortalece el uso de satélites como herramientas centrales para el monitoreo oceánico. Observaciones espaciales pasan a tener un papel aún más relevante en eventos raros e intensos.
Contexto histórico y tormentas anteriores
Los resultados históricos del proyecto CCI Sea State indican que las olas más altas de los últimos 34 años ocurrieron en enero de 2014. En ese episodio, la tormenta atlántica Hércules generó olas de 23 metros.
Estas olas causaron daños significativos en una amplia franja del Atlántico Nordeste, afectando desde Marruecos hasta Irlanda. El evento permanece como referencia histórica de impacto costero.
La comparación entre 2014 y 2024 muestra diferencias importantes en la distribución y propagación de las olas. Mientras que Hércules fue notable en el Atlántico, la tormenta Eddie se destacó por su alcance transoceánico.
Ambos casos refuerzan el carácter raro de estos eventos extremos. La baja frecuencia dificulta la identificación de tendencias claras a lo largo del tiempo, según los investigadores involucrados.
Aun así, la ampliación del registro observacional contribuye a análisis más consistentes. Cada nuevo evento extremo añade datos cruciales a la comprensión del comportamiento oceánico.
Perspectivas futuras y cambios climáticos
El líder de la investigación, Fabrice Ardhuin, afirmó que el próximo paso es relacionar los descubrimientos con los cambios climáticos mediante modelación. El objetivo es probar posibles vínculos con tendencias a largo plazo.
Según Ardhuin, ahora es posible monitorear la intensidad de las tormentas a lo largo del tiempo con mayor precisión. El cambio climático puede ser un factor relevante, pero no es el único determinante.
Otros elementos también influyen en el comportamiento de las olas, como las condiciones del fondo marino en las regiones costeras. Estos factores locales pueden amplificar o atenuar los efectos de las ondulaciones extremas.
Además, la rareza de las grandes tormentas dificulta conclusiones definitivas. Eventos de este porte ocurren cerca de una vez por década, lo que limita el tamaño de las muestras analizadas.
Aun así, las conclusiones tienen implicaciones importantes para la protección de comunidades costeras e infraestructuras marinas. A medida que los patrones climáticos globales evolucionan, la comprensión precisa de las olas se vuelve esencial para la planificación y seguridad marítima.
Este artículo fue producido con base en datos de la Agencia Espacial Europea y en el estudio “Dimensionamiento de las mayores olas oceánicas usando la misión SWOT”, publicado en los Anales de la Academia Nacional de Ciencias.

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