Cuando se habla de consumo de energía, muchos piensan inmediatamente en los enormes centros de datos de internet. Pero un estudio del MIT reveló que el verdadero villano puede estar más cerca de lo que imaginamos: los aparatos de aire acondicionado.
Cuando se habla de consumo de energía, surgen imágenes de grandes centros de datos, fábricas y coches eléctricos. Pero hay un villano silencioso creciendo en todo el mundo: el aire acondicionado.
El tema vuelve a ganar relevancia en medio de los cambios climáticos y la carrera tecnológica por soluciones más sostenibles.
Mientras mucha atención se dirige a los centros de datos, símbolos del crecimiento digital y de los desafíos energéticos de la era de la información, los sistemas de refrigeración comunes siguen siendo los verdaderos villanos ocultos en el consumo eléctrico global.
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Refrigerar el planeta está calentando el planeta
Según la Agencia Internacional de Energía (AIE), menos del 10% del aumento de la demanda energética previsto hasta 2030 provendrá de centros de datos. Ya el uso creciente de aire acondicionado y otras formas de refrigeración será responsable de una parte mucho mayor de esa cuenta.
Este escenario crea un ciclo problemático: el calor aumenta, la gente enciende más aparatos de refrigeración, el consumo de energía sube, se queman más combustibles fósiles para satisfacer la demanda y el planeta se calienta aún más.
Es un ciclo vicioso difícil de romper, y los datos no dejan dudas. En 2024, el número global de “grados-día de refrigeración” fue un 6% mayor que en 2023 y un 20% por encima del promedio de las dos primeras décadas de este siglo.
La métrica, que parece extraña a primera vista, es en realidad una forma precisa de medir la necesidad energética para mantener ambientes frescos.
¿Qué son los grados-día de refrigeración?
La lógica es simple: imagina que la temperatura base de confort es 21 ºC. Si en un día la media es 26 ºC, se suman cinco grados-día.
Repite esto durante 30 días y tendrás 150 grados-día de refrigeración en ese mes. Es una forma de medir, a gran escala, cuánto refrigeración adicional fue necesario a lo largo del tiempo.
Y el mundo entero se está calentando más. Regiones como China, India y Estados Unidos han sentido el impacto con más fuerza. La consecuencia de esto es directa: más aparatos encendidos, más energía siendo exigida de las redes.
En 2022, los aparatos de aire acondicionado fueron responsables del 7% de todo el consumo mundial de electricidad. Y ese número tiende a crecer.
Una explosión de aparatos en pocos años
En 2016, había menos de 2 mil millones de unidades de aire acondicionado en el mundo. Hasta 2050, ese número podría llegar a casi 6 mil millones, según la propia AIE.
Por un lado, esto muestra un avance en el acceso al confort térmico, que suele venir con el crecimiento de los ingresos familiares. Pero, por otro, este salto representa un enorme desafío para los sistemas de energía.
Y el problema no está solo en la cantidad de energía consumida, sino en el timing.
Todo el mundo enciende el aire acondicionado a la misma hora
El aire acondicionado suele encenderse en los mismos períodos del día, justo cuando la temperatura alcanza sus picos. Este comportamiento colectivo presiona la red eléctrica de manera intensa.
En algunas regiones de Estados Unidos, por ejemplo, los aparatos de aire acondicionado representan más del 70% del consumo de energía residencial en los momentos de mayor estrés de la red. Es decir, además de consumir mucho, el consumo ocurre en horarios críticos.
Esta coincidencia en el uso puede llevar a apagones, aumento en las tarifas y necesidad de activar plantas más contaminantes.
Hay soluciones surgiendo, pero el camino es largo
La buena noticia es que nuevas tecnologías están comenzando a aparecer. Algunas empresas ya trabajan con sistemas de refrigeración que tienen componentes de almacenamiento de energía.
Funcionan así: se cargan durante períodos de baja demanda y activan la refrigeración en los horarios pico, sin tirar energía de la red en ese momento.
Otra alternativa en desarrollo son los sistemas desecantes. En lugar de solo enfriar el aire, eliminan la humedad del ambiente de manera más eficiente.
Esto ayuda a reducir la sensación de calor sin depender tanto del consumo energético tradicional.
Además, también están ocurriendo avances en componentes fundamentales. Un ejemplo son los intercambiadores de calor — piezas que mueven el calor de un lugar a otro, esenciales en aparatos de aire acondicionado, refrigeradores, bombas de calor e incluso sistemas de refrigeración de centros de datos.
Estos componentes se habían estado produciendo básicamente de la misma manera durante casi un siglo. Ahora, un nuevo enfoque con impresión 3D ha permitido desarrollar intercambiadores más eficientes.
Un modelo recién creado logra superar algunos de los diseños tradicionales y competir con los mejores disponibles.
La innovación es importante, pero las políticas públicas también
A pesar de los avances, todavía estamos lejos de resolver el problema. Las nuevas tecnologías prometen eficiencia y reducción de impacto, pero son solo parte de la ecuación. Para que surjan efecto real, será necesario inversión, regulación adecuada y, principalmente, acceso.
Las innovaciones deben llegar también a las regiones más vulnerables, donde el calor es extremo y la red eléctrica no soporta tanta presión. Sin esto, el ciclo continúa: más calor, más consumo, más emisiones, más calor.
El desafío de equilibrar confort térmico y sostenibilidad solo está comenzando.
La demanda global por refrigeración continuará creciendo en las próximas décadas. Y las soluciones deben seguir este ritmo — o el planeta continuará pagando la cuenta.
Con información de MIT.

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