Mientras la mayoría siente vértigo al mirar hacia abajo, exámenes neurológicos revelan por qué el alpinista que escaló el Taipei 101 sin protección interpreta el miedo de forma completamente diferente
La capacidad de enfrentar alturas extremas sin demostrar miedo convirtió a Alex Honnold en uno de los atletas más intrigantes del mundo. Conocido por escalar grandes estructuras sin ningún tipo de cuerda o equipo de seguridad, el alpinista estadounidense volvió a llamar la atención al escalar el Taipei 101, en Taiwán, en un desafío transmitido en vivo por Netflix y seguido por miles de espectadores en el lugar y en todo el mundo.
A lo largo de los años, Honnold ha construido un currículum impresionante en el universo de la escalada en solo libre. Entre sus logros más conocidos está la ascensión del El Capitan, un monolito de casi 1.000 metros ubicado en el Parque Nacional de Yosemite, en Estados Unidos, desafío que le ha valido premios internacionales y reconocimiento global. Además, realizó la travesía en solo del acantilado Ingmikortilaq, en Groenlandia, con 1.144 metros de altura, consolidando su reputación como un atleta fuera de lo convencional.
Sin embargo, lo que más intriga a científicos y al público no es solo su habilidad física, sino la forma en que su cerebro reacciona a situaciones que normalmente despertarían pánico intenso. Ante esto, en 2016, Alex Honnold aceptó someterse a una serie de estudios neurológicos para entender mejor su relación con el miedo y el riesgo.
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Comenzó a correr a los 66 años, batió récords a los 82 y ahora se ha convertido en objeto de estudio por tener una edad metabólica comparable a la de una persona de 20 años, en un caso que está intrigando a los científicos e inspirando al mundo.
Lo que la ciencia descubrió al analizar el cerebro del alpinista

Créditos: Imagen ilustrativa creada por IA – uso editorial.
La información fue divulgada por el sitio Nautilus, que publicó los resultados de exámenes conducidos por James Purl y la neurocientífica Jane Joseph. Durante el estudio, Honnold fue sometido a exámenes de resonancia magnética funcional, técnica utilizada para observar la actividad cerebral en tiempo real ante estímulos específicos.
Los investigadores se centraron especialmente en la amígdala, estructura del cerebro responsable del procesamiento de las emociones, incluido el miedo. En situaciones comunes, como la visualización de imágenes asociadas a grandes alturas o peligro inminente, la amígdala suele presentar una fuerte activación, desencadenando respuestas físicas como aceleración cardíaca, sudoración excesiva y sensación de vértigo.
En el caso de Honnold, los resultados fueron sorprendentes. La amígdala del alpinista mostró una activación significativamente menor en comparación con la mayoría de las personas. Esto significa que estímulos que normalmente causarían miedo intenso simplemente no provocan la misma respuesta emocional en su cerebro.
Para profundizar el análisis, los científicos compararon el cerebro de Honnold con el de otro hombre de la misma edad que también practicaba deportes extremos. Ambos fueron expuestos a las mismas imágenes potencialmente aterradoras durante los exámenes. Mientras la amígdala del otro atleta demostraba excitación intensa, la del alpinista estadounidense permanecía prácticamente inerte, sin presentar actividad relevante.
Entrenamiento extremo y autocontrol mental explican la ausencia de miedo
Los expertos señalan que esta diferencia no significa ausencia total de miedo, sino una interpretación distinta de las señales de peligro. El funcionamiento particular de la amígdala hace que el cerebro de Alex Honnold procese riesgos de forma más racional y menos emocional, lo que favorece la toma de decisiones precisas en situaciones críticas.
Además, los científicos destacan que años de entrenamiento riguroso pueden haber contribuido a esta adaptación neurológica. La escalada en solo libre exige un nivel extremo de autocontrol mental, concentración absoluta y capacidad de mantener la calma bajo presión constante, factores que influyen directamente en la forma en que el cerebro regula las emociones.
Este control emocional es esencial, pues cualquier error, distracción o respuesta impulsiva puede ser fatal. Según los investigadores, el cerebro de Honnold parece interpretar el miedo como una información a ser procesada, y no como una alerta paralizante, lo que explica su aparente tranquilidad ante alturas vertiginosas.
La escalada del Taipei 101 y el espectáculo ante el público
El reciente apogeo de esta combinación entre preparación física y control mental ocurrió en Taiwán. En un desafío que movilizó la atención del país, Alex Honnold escaló el Taipei 101 en aproximadamente una hora y media. El edificio, que tiene exactamente 101 pisos, fue considerado el rascacielos más alto del mundo entre 2004 y 2010, con 508 metros de altura.
Durante la escalada, condiciones adversas hicieron el desafío aún más arriesgado. «Había mucho viento, así que estaba tratando de mantener el equilibrio para no caer de la torre», relató el propio alpinista tras la hazaña. Desde el suelo, una multitud observaba, en silencio y con aprensión, cada movimiento del atleta en la fachada del rascacielos.
La escalada, realizada sin cuerdas ni ningún equipo de seguridad, fue transmitida en vivo por Netflix y se transformó en un espectáculo global. Al mismo tiempo en que despertó admiración, el logro también generó debates sobre los límites del deporte extremo y los riesgos a la integridad física del alpinista.
Un cerebro moldeado para desafiar límites humanos
Al reunir ciencia, deporte y entretenimiento, la historia de Alex Honnold revela cómo el cerebro humano puede adaptarse de formas extraordinarias. La combinación entre predisposición neurológica y entrenamiento extremo parece haber moldeado un atleta capaz de enfrentar riesgos que desafían el instinto básico de supervivencia.
Más que ausencia de miedo, los estudios indican que Honnold ha desarrollado una forma única de interpretar el peligro, transformando situaciones extremas en desafíos calculados. Esta característica explica por qué, mientras multitudes observan con el corazón acelerado, él escala rascacielos como si estuviera en completo control de cada movimiento.
Si el cerebro puede ser entrenado para interpretar el miedo de forma diferente, ¿hasta dónde llegan los límites reales de lo que consideramos imposible para el ser humano?
Fuente: O Globo


Isso é particularmente importante, para pessoas que de ansiedade pois o medo passa a ser passível de controle através de treinamento.
São milhões de pessoas pelo mundo om qualidade de vida alterada, pela ativação de comportamentos que causam respostas físicas e emocionais