La Expresión «abrasileiramento» Gana Destacado en el Editorial de The Economist al Relacionar Tasas Altas de Interés, Rigidez de Gastos y Presión sobre la Deuda, en una Alerta sobre Riesgos Fiscales e Inflacionarios que Pueden Alcanzar Economías Avanzadas en el Post-pandemia, con Envejecimiento Poblacional e Instituciones bajo Tensión.
La revista británica The Economist publicó, el jueves (12), un editorial en el que usa a Brasil como ejemplo de riesgo fiscal y monetario para economías avanzadas, al señalar señales de un posible «abrasileiramento» en países ricos.
La alerta parte de un diagnóstico específico: incluso con un crecimiento considerado razonable y con instituciones que, en teoría, sostendrían previsibilidad, el país convive con tasas elevadas y con una estructura de gastos difícil de ajustar.
Brasil en el Radar de The Economist y el Debate sobre Estabilidad Económica
En el texto, la publicación reconoce indicadores que, en otros contextos, serían vistos como favorables, como la existencia de un Banco Central con Independencia Formal y un resultado primario descrito como casi equilibrado, cuando se excluyen los gastos con intereses.
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Aún así, el editorial sostiene que el peso del servicio de la deuda altera la lectura sobre estabilidad, ya que la propia revista señala la deuda líquida en 66% del PIB, un nivel que considera alto para emergentes, aunque menor que el observado en países ricos.
Tasa Selic en 15% y el Costo del Servicio de la Deuda Pública
La principal preocupación citada es la tasa básica de interés en 15% al año, mantenida por el Comité de Política Monetaria en enero, en un nivel descrito como cercano a máximas de dos décadas, según un reporte de Reuters sobre el escenario inflacionario y la política monetaria.
Ante este nivel de intereses, el editorial afirma que, «como resultado», y a pesar de la proximidad del equilibrio primario, el gobierno «probablemente tendrá que contraer préstamos equivalentes a 8% del PIB al año solo para pagar intereses«, lo que ampliaría la presión sobre el endeudamiento.
En paralelo, datos divulgados por el IBGE indicaron inflación acumulada de 4,44% en 12 meses hasta enero, dentro del rango del objetivo de 3% con tolerancia, mientras que el Banco Central mantuvo un tono cauteloso y señalizó, en acta, posibilidad de inicio de recortes en marzo.
A pesar de la perspectiva de alivio por delante, la revista sostiene que la deuda «va a dispararse» si las tasas no caen de forma relevante, y considera improbable que la contención venga por austeridad, al mencionar que el presidente Luiz Inácio Lula da Silva «aflojó la política de gastos».
Presión Institucional e Histórico de Hiperinflación en la Formación de los Intereses
El texto atribuye la tasa elevada a factores que van más allá de modelos económicos, al citar la fragilidad institucional como un componente, haciendo referencia a instituciones que «vacilaron» durante el intento de golpe asociado al expresidente Jair Bolsonaro, además de un histórico que tornaría la inflación más «volátil».
La publicación también menciona el legado de la hiperinflación de los años 1980 y del inicio de los años 1990, sumado a crisis económicas posteriores, como elementos que elevan la prima exigida por el mercado, en un contexto donde expectativas pueden desanclarse con más facilidad.
Previsión Social, Rigidez del Presupuesto e Impacto en el Gasto Público
Entre los factores domésticos, el editorial da centralidad al gasto previsional y afirma que el gobierno brasileño desembolsa 10% del PIB en jubilaciones, con la evaluación de que, sin reformas, el país podrá gastar más en pensiones que naciones más ricas y envejecidas hasta 2050.
The Economist relaciona esta rigidez a garantías asociadas a la Constitución de 1988 y resalta que aumentos del salario mínimo se reflejan en el valor recibido por jubilados, mecanismo que, según la revista, dificulta el equilibrio de las cuentas públicas y reduce el espacio para otros gastos.
“Abrasileramento” en Países Ricos y la Presión Global por Tasas Más Altas
Al extrapolar el diagnóstico, la revista argumenta que el cuadro brasileño no sería una excepción aislada, sino un «estudio de caso anticipado» de presiones que comienzan a aparecer en el mundo rico, con envejecimiento poblacional y aumento de gastos sociales tornando reformas más difíciles.
En Estados Unidos, el editorial cita señales de presión sobre instituciones y menciona disputas en torno a la política monetaria y el papel de la Reserva Federal, colocando al país como ejemplo de cómo la politización puede encarecer el costo de mantener la inflación bajo control.
La publicación también asocia el riesgo al período post-pandemia, al afirmar que choques de precios y tensiones geopolíticas que amenazan cadenas de suministros aumentaron el peso de la inflación en el debate global, al mismo tiempo en que el gasto en salud y jubilaciones crece en varias economías.
Con este conjunto de factores, la revista afirma que el dilema puede volverse más duro en países ricos, que ya buscan márgenes del 1% al 2% del PIB para nuevas prioridades, y alerta sobre el costo de tener que encontrar montos más altos solo para cubrir intereses de la deuda.
Al concluir el razonamiento, el editorial afirma que, en un ambiente «populista», puede parecer difícil prometer inflación baja y, al mismo tiempo, preservar gastos con ancianos, pero sostiene que el dilema brasileño sería aún más severo, al colocar al país entre «una austeridad profunda y una espiral aterradora de deuda e intereses».
Si Brasil se convirtió en una metáfora para el riesgo de combinaciones persistentes de tasas altas, rigidez fiscal y envejecimiento, ¿hasta qué punto las economías avanzadas están preparadas para discutir recortes y reformas antes de que el costo de la deuda se imponga?

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