El HVO100 y otros combustibles renovables están cambiando el sector del transporte. Descubre por qué fabricantes como BMW y Stellantis apuestan por esta tecnología.
Cuando el debate sobre la reducción de gases de efecto invernadero en el transporte ganó fuerza hace años, la sabiduría convencional indicaba que la forma más rápida de reducir las emisiones no era cambiar la tecnología del tren motriz, sino la composición del combustible. Mientras que la transición a vehículos eléctricos requiere décadas para renovar miles de millones de automóviles, las tecnologías que “limpian” lo que ya está en las calles ofrecen una solución inmediata para un planeta apresurado.
La revolución del combustible “Drop-in”
En lugar de los biocombustibles tradicionales que requieren adaptaciones mecánicas o mezclas limitadas, el enfoque de la industria ahora se dirige hacia el combustible “drop-in”. Estos productos son 100% libres de fuentes fósiles y pueden ser utilizados sin modificaciones en los motores.
El protagonista de este cambio es el HVO100 (Aceite Vegetal Hidrogenado), o diesel renovable. Aunque a menudo se confunde con el biodiesel convencional (FAME), el HVO100 pasa por un proceso de hidrotratamiento que elimina el oxígeno de su composición, resultando en un hidrocarburo parafínico puro. Esto asegura una estabilidad muy superior al biodiesel convencional, que tiende a absorber humedad y formar lodos si se almacena durante períodos prolongados.
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El movimiento de los gigantes: BMW y Stellantis
Grandes fabricantes ya validan esta tecnología como clave para alcanzar metas de neutralidad. La Stellantis validó recientemente toda su gama de motores diésel para el uso de HVO, incluyendo modelos de las marcas Fiat, Jeep y Peugeot con certificación Euro 5 y 6.
La BMW dio un paso más en Alemania: desde enero de este año, todos sus nuevos vehículos diésel salen de fábrica con el tanque abastecido con HVO100 producido por la finlandesa Neste MY. El fabricante bávaro certificó el uso de este combustible renovable para todos sus automóviles de pasajeros fabricados a partir de marzo de 2020, demostrando que la flota existente es una parte fundamental de la solución climática.
Ciclo de vida: la perspectiva “del pozo a la rueda”
Para entender el verdadero impacto ambiental, se utiliza el concepto Well-to-Wheel (del pozo a la rueda). A diferencia del análisis simplista que se centra solo en el escape, este método contabiliza las emisiones desde la extracción de materias primas y refinación hasta la logística y quema final. Bajo esta óptica, el HVO100 proporciona una reducción de 90% en las emisiones de CO₂ en comparación con el diesel fósil. Además, al tener un número de cetano más elevado (entre 70 y 90, frente a 51 del diesel estándar), mejora la eficiencia de la combustión y reduce la emisión de materiales particulados y óxidos de nitrógeno (NOx).
Desafíos de escala y el futuro de la flota
Con alrededor de 250 millones de vehículos en circulación solo en Europa, la estrategia de diversificar el combustible es vital para evitar el desguace precoz de flotas funcionales. Sin embargo, el desafío radica en la escalabilidad: la producción global de HVO aún es una fracción de la demanda total de diesel.
Aun así, como herramienta de transición, los combustibles renovables llenan un vacío donde la electrificación total aún enfrenta cuellos de botella, como en el transporte de carga pesada y en regiones con infraestructura de carga deficiente. Al centrarse en el combustible, la industria asegura que la descarbonización no sea un privilegio solo para quienes pueden comprar un coche nuevo, sino una realidad para los miles de millones de motores ya en operación.

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