Relato en vídeo de un guardia venezolano, amplificado tras la captura de Nicolás Maduro en enero de 2026, atribuye sangrados, desorientación e incapacidad física a un supuesto efecto sonoro usado por fuerzas estadounidenses, a pesar de la ausencia de confirmación oficial o evidencias independientes
Tras la operación de Estados Unidos que resultó en la captura de Nicolás Maduro, en enero de 2026, circularon alegaciones de que fuerzas estadounidenses habrían utilizado un “arma sónica” para incapacitar a guardias venezolanos, relato aún sin verificación independiente y sin confirmación oficial.
Alegaciones surgidas tras la operación y el vídeo que impulsó el rumor
Después de la acción estadounidense, redes sociales fueron inundadas por afirmaciones de que una tecnología sonora misteriosa habría sido decisiva para dominar fuerzas de seguridad venezolanas. El centro del rumor es una entrevista en vídeo ampliamente compartida en línea.
En el registro, un guardia venezolano no identificado describe una fuerza abrumadora que lo dejó sangrando, desorientado e incapaz de moverse. Según el relato, otros defensores habrían presentado síntomas similares durante la incursión.
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El entrevistado afirma que un efecto sonoro intenso provocó sangrados nasales, vómitos y pérdida total de la capacidad de reacción. Él sostiene que esto habría permitido que un contingente estadounidense menor superara rápidamente la resistencia local.
La narrativa ganó aún más alcance tras ser republicada por la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, el 10 de enero de 2026, con el incentivo para que seguidores leyeran el contenido divulgado.
Falta de confirmación oficial y silencio institucional
A pesar de la amplia circulación del vídeo y de la repercusión política, ninguna confirmación independiente surgió para corroborar el relato presentado por el guardia venezolano. Las alegaciones permanecen basadas exclusivamente en testimonios no verificados.
El Pentágono y el Comando Sur de EE. UU. se negaron a comentar más allá de las declaraciones ya divulgadas sobre la operación. Las instituciones citaron razones de seguridad operacional para no proporcionar detalles adicionales.
Ese silencio contribuyó a la proliferación de interpretaciones y especulaciones en línea. Aun así, autoridades estadounidenses no reconocieron el uso de ningún sistema sonoro, acústico o de energía dirigida durante la misión.
La ausencia de datos técnicos, registros médicos o documentación independiente impide, hasta el momento, cualquier validación fáctica de las afirmaciones hechas en el vídeo ampliamente compartido.
Lo que se sabe sobre investigaciones de EE. UU. en tecnologías no letales
Estados Unidos investiga desde hace décadas tecnologías no letales y menos letales orientadas a incapacitar adversarios sin el uso de armas de fuego convencionales. Parte de estas iniciativas ya fue reconocida públicamente.
Uno de los ejemplos más conocidos es el Sistema de Negación Activa, conocido por la sigla ADS. El dispositivo utiliza ondas milimétricas para calentar rápidamente la superficie de la piel, causando un dolor intenso y forzando un retroceso inmediato.
El ADS ya ha sido demostrado públicamente y utilizado de forma limitada para evaluación. Sin embargo, nunca hubo confirmación oficial de su empleo operacional en combates reales, a pesar de su amplia divulgación como tecnología experimental.
Otro sistema frecuentemente citado son los Dispositivos Acústicos de Largo Alcance, conocidos como LRAD. Ellos emiten sonidos extremadamente altos y direccionados, siendo utilizados principalmente para comunicación y alerta en entornos hostiles.
Limitaciones conocidas de ADS y LRAD frente a los síntomas reportados
Aunque los LRAD pueden causar dolor auditivo y desorientación, su uso es criticado por el riesgo de daños permanentes a la audición. Aun así, no se sabe que provoquen sangrados, vómitos o pérdida prolongada de movilidad.
Tanto The War Zone como Forbes destacan que las heridas descritas en el vídeo no se ajustan a los efectos conocidos de los sistemas ADS o LRAD.
Esta discrepancia llevó a la hipótesis de que los guardias pueden haber interpretado erróneamente lo que vivieron. Otra posibilidad considerada es la ocurrencia simultánea de múltiples estímulos, como explosiones y dispositivos de aturdimiento.
La combinación de efectos físicos y psicológicos en un entorno de combate intenso puede generar percepciones distorsionadas de los acontecimientos, especialmente cuando no hay registros objetivos disponibles.
El proyecto EPIC y las hipótesis levantadas por análisis especializados
Forbes revisó un proyecto menos conocido de finales de los años 2000 llamado Control Electromagnético de Interdicción de Personal, conocido por la sigla EPIC. El concepto aparece descrito en patentes y documentos iniciales.
Según estas descripciones, el EPIC habría sido diseñado para usar energía de radiofrecuencia con el objetivo de interferir en el sistema vestibular, responsable del equilibrio y la orientación espacial humana.
Teóricamente, un sistema de este tipo podría provocar caídas, pérdida de coordinación motora y náuseas extremas. Sin embargo, no hay evidencias públicas de que el proyecto haya avanzado más allá de pruebas de laboratorio.
También no existe ninguna indicación de que el EPIC haya sido implementado operacionalmente o incorporado al arsenal activo de las fuerzas armadas estadounidenses, a pesar del interés histórico en el concepto.
Explicaciones plausibles, trauma y desinformación
El editor adjunto de The War Zone, Joseph Trevithick, enfatiza que no hay evidencias de uso de armas exóticas de energía dirigida en la operación. Él apunta a explicaciones alternativas más compatibles con escenarios de confrontación armada.
Entre ellas están la exposición a sobrepresiones de explosiones, granadas de efecto moral o la combinación de choque físico, estrés extremo y heridas en un tiroteo caótico. Estos factores pueden causar síntomas similares a los descritos.
Estudios sobre memoria indican que distorsiones tras eventos traumáticos son comunes, especialmente en entornos de combate de alto estrés. Esto puede influir en relatos posteriores sin intención deliberada de engaño.
Hay aún la posibilidad de exageración o invención consciente. Atribuir la derrota a una “súper arma” puede proteger la moral interna, desplazar responsabilidades tácticas o amplificar la imagen de superioridad tecnológica adversaria.
Una narrativa recurrente en conflictos asimétricos
La republicación del relato por un alto funcionario de la Casa Blanca levantó cuestionamientos sobre el potencial valor disuasorio o psicológico de este tipo de narrativa, independientemente de su veracidad fáctica.
Históricamente, los conflictos asimétricos suelen generar historias sobre armas misteriosas, casi míticas. The War Zone traza paralelismos con alegaciones pasadas involucrando bombas eléctricas y supuestas armas de microondas.
En muchos de esos casos, investigaciones posteriores demostraron interpretaciones equivocadas o episodios de desinformación amplificados por el contexto emocional y político del enfrentamiento.
Este patrón ayuda a explicar por qué relatos de este tipo encuentran terreno fértil en entornos de tensión geopolítica, incluso sin comprobación técnica o documental adecuada.
Una cuestión aún en abierto
Hasta el momento, el supuesto uso de un “arma sónica” en Venezuela permanece sin comprobación. No existen evidencias concretas de que tal sistema esté en servicio operacional en Estados Unidos o haya sido empleado en esta misión.
El episodio, sin embargo, expone la existencia de investigaciones reales, aunque opacas, sobre tecnologías no letales y de energía dirigida. Queda por ver si nuevos datos surgirán o si la historia se perderá entre mitos de guerra y desinformación moderna, incluso ante el intenso escrutinio público.

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