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Una Nueva Empresa Apoyada por el Estado Chino Asusta a Elon Musk al Entrar en la Carrera de Internet Orbital, Promete Cobertura Mundial, Disputa Frecuencias y Estaciones Terrenales y Transforma la Pelea con Starlink en un Juego de Poder Tecnológico

Escrito por Noel Budeguer
Publicado el 17/02/2026 a las 19:50
Actualizado el 17/02/2026 a las 19:52
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La SSST de Shanghái Inyecta Capital Pesado, Estructura una Red en Órbita Baja, Apunta a Bandas de Alta Capacidad y Trata de Construir una Malla Espacial Capaz de Competir con Starlink en Velocidad, Alcance y Escala, Mientras el Mundo Observa la Nueva Carrera por el “Control del Cielo”

Durante el siglo XX, el poder global se medía por la capacidad industrial y militar. En el siglo XXI, también pasa por la infraestructura digital. Hoy, parte esencial de esa infraestructura no está en cables submarinos ni en centros de datos terrestres, sino en miles de satélites que orbitan la Tierra a cientos de kilómetros de altitud. Es en este nuevo territorio estratégico donde se dibuja una disputa silenciosa, pero decisiva: el control de Internet vía satélite a escala global.

Después de consolidar una posición dominante con Starlink, Elon Musk ahora ve surgir un competidor con ambiciones similares y respaldo estatal: la china Shanghai Spacecom Satellite Technology (SSST), vinculada al proyecto conocido como SpaceSail o Qianfan, también llamado “Mil Velas”. La meta no es regional. Es global.

Starlink transformó el Internet satelital al apostar por una arquitectura basada en satélites de órbita baja, conocidos como LEO (Low Earth Orbit). A diferencia de los satélites geoestacionarios tradicionales, posicionados a cerca de 36 mil kilómetros de la Tierra, los satélites LEO operan, en promedio, entre 340 y 550 kilómetros de altitud. Esta proximidad reduce drásticamente el tiempo que la señal tarda en ir al espacio y regresar al usuario, permitiendo latencias que normalmente varían entre 20 y 40 milisegundos.

Esta performance acercó el Internet vía satélite a la experiencia de la banda ancha terrestre. Actualmente, la constelación de Starlink ya supera los 9 mil satélites lanzados, con miles en operación activa, formando la mayor red orbital jamás construida. Cada unidad orbita el planeta a aproximadamente 7,5 kilómetros por segundo, completando una vuelta a la Tierra en cerca de 90 minutos.

Constelación en Órbita Baja (LEO): satélites posicionados entre 300 y 1,200 km de altitud orbitan la Tierra a cerca de 7,5 km/s, completando una vuelta en aproximadamente 90 minutos. En esta franja, la latencia media queda entre 20 y 40 ms, muy inferior a los ~600 ms de los satélites geoestacionarios, exigiendo miles de unidades en múltiples planos orbitales para garantizar cobertura global continua.

Desde el punto de vista técnico, los satélites utilizan antenas phased array, capaces de direccionar haces de señal electrónicamente sin partes móviles. Operan principalmente en las bandas Ku y Ka, permitiendo altas tasas de transmisión de datos. Además, la empresa incorporó enlaces ópticos a láser entre satélites, conocidos como ISL (Inter-Satellite Links), que crean una malla espacial donde los datos pueden transitar de un satélite a otro antes de descender al suelo, reduciendo la dependencia de estaciones terrestres intermedias y aumentando la eficiencia global.

Esta combinación de baja latencia, alta capacidad y producción a gran escala le dio a Starlink una ventaja competitiva significativa, especialmente en áreas rurales, regiones remotas, operaciones marítimas e incluso en escenarios de emergencia.

La Respuesta China: SpaceSail y la Constelación Qianfan

China decidió entrar de manera estructurada en esta carrera. La SSST, con un fuerte apoyo estatal y financiación multimillonaria superior a 6 mil millones de yuanes en rondas iniciales, está desarrollando su propia megaconstelação de satélites LEO. El proyecto Qianfan prevé, a largo plazo, una red que puede superar los 15 mil satélites, con ambición de cobertura internacional.

Así como Starlink, la propuesta china se basa en órbita baja para garantizar una latencia reducida y mayor capacidad de banda. Los satélites deben operar en las bandas Ku y también explorar frecuencias aún más altas, como Q y V, que ofrecen mayor ancho de banda disponible, aunque imponen desafíos técnicos adicionales, como mayor sensibilidad a condiciones atmosféricas y necesidad de equipos más sofisticados.

La arquitectura prevista también involucra propulsión eléctrica para ajustes orbitales, sistemas avanzados de control de actitud e integración progresiva con redes móviles terrestres, incluidos futuros estándares 5G y 6G a través de NTN (Non-Terrestrial Networks). Esta convergencia entre redes espaciales y terrestres puede redefinir el concepto tradicional de conectividad.

Más que una iniciativa comercial, el proyecto es parte de la estrategia china de soberanía digital. Al desarrollar una infraestructura propia de comunicación espacial, Pekín busca reducir la dependencia de sistemas occidentales y fortalecer su autonomía tecnológica.

Satélites de la Constelación Starlink en Órbita Baja (LEO): posicionados a cerca de 550 km de altitud, operan en múltiples planos orbitales y utilizan antenas phased array y enlaces a láser para ofrecer Internet de alta velocidad con baja latencia a escala global.

Brasil como Punto Estratégico en la Expansión Global

La expansión internacional ya ha comenzado a tomar forma, y Brasil se ha convertido en uno de los primeros movimientos concretos de esta estrategia. Un memorando de entendimiento con Telebras abrió espacio para cooperación técnica y estudios dirigidos a la oferta de Internet vía satélite en regiones con baja infraestructura de fibra óptica.

Desde el punto de vista geoestratégico, Brasil es un territorio relevante para pruebas de escalabilidad. Su dimensión continental, vastas áreas amazónicas y regiones rurales con conectividad limitada crean un ambiente ideal para validar la capacidad operativa de una constelación LEO a gran escala. Además, la instalación de gateways en el hemisferio sur puede ampliar significativamente la cobertura y la eficiencia de la red china en América Latina.

Si el proyecto avanza, el país puede convertirse en un polo regional de conectividad satelital, fortaleciendo la presencia china en el mercado latinoamericano e intensificando la competencia con Starlink.

Disputa Orbital y Desafíos Regulatorios

La carrera por el control de Internet espacial no depende solo de tecnología y lanzamientos. También implica coordinación internacional de frecuencias, registros en la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) y gestión del tráfico orbital.

Con miles de satélites en órbita, crece la complejidad de la coordinación para evitar interferencias y colisiones. El aumento del número de objetos activos eleva el riesgo de desechos espaciales e impone nuevos desafíos a la sostenibilidad orbital. Además, la disputa por bandas de frecuencia más altas puede influir en los estándares globales de comunicación espacial en las próximas décadas.

Este escenario añade una capa geopolítica a la competencia. Controlar constelaciones LEO no significa solo vender servicios de Internet, sino influir en estándares tecnológicos, cadenas de suministro, acuerdos regulatorios e infraestructura crítica.

Lo Que Está Realmente en Juego

El Internet vía satélite dejó de ser solo una solución para áreas aisladas. Hoy se usa como backhaul para redes móviles, soporte a operaciones marítimas y aeronáuticas, comunicación militar, conectividad de emergencia en desastres naturales e infraestructura estratégica para gobiernos.

Si China logra escalar su constelación y ofrecer un rendimiento comparable al de Starlink, el mercado global podría reorganizarse rápidamente. La competencia puede reducir precios y ampliar cobertura, pero también puede profundizar la división tecnológica entre bloques geopolíticos.

La próxima década será decisiva. En el cielo, miles de satélites metálicos cruzan la órbita baja a altísimas velocidades, formando una nueva columna vertebral invisible de la economía digital. Cada lanzamiento representa no solo un avance tecnológico, sino un movimiento estratégico en la disputa por el control de la conectividad global.

La nueva carrera espacial ya ha comenzado. Esta vez, el premio no es la Luna ni Marte. Es el dominio de la infraestructura que conecta al mundo.

Este artículo fue elaborado con base en información publicada por el Financial Times, además de datos técnicos divulgados por fuentes institucionales y documentos públicos relacionados con Shanghai Spacecom Satellite Technology (SSST), el proyecto de la constelación Qianfan (SpaceSail) y el mercado global de Internet vía satélite.

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Noel Budeguer

Sou jornalista argentino baseado no Rio de Janeiro, com foco em energia e geopolítica, além de tecnologia e assuntos militares. Produzo análises e reportagens com linguagem acessível, dados, contexto e visão estratégica sobre os movimentos que impactam o Brasil e o mundo. 📩 Contato: noelbudeguer@gmail.com

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