Científicos analizaron el Lago Unter See en la Antártida, con casi 170 metros de profundidad, para entender condiciones extremas y sus efectos en la astrobiología
Un lago cubierto de hielo durante todo el año, con agua sellada bajo una capa gruesa y química fuera de lo común, llama la atención de investigadores en la Antártida. El escenario reúne alta concentración de oxígeno disuelto y metano, poco dióxido de carbono disuelto y agua con pH elevado.
Este conjunto transforma Lago Unter See en uno de los ambientes más inusuales del planeta. Además del valor científico, el lugar ayuda a entender cómo formas simples de vida pueden persistir en condiciones extremas, con impacto directo en estudios que intentan leer señales de vida fuera de la Tierra.
Hielo permanente mantiene agua aislada todo el año
Aún en el verano antártico, el lago permanece congelado en la superficie. Las aguas quedan atrapadas bajo una cobertura de 2 a 4 metros de hielo, mientras que la luz solar atraviesa esta barrera y calienta el agua justo debajo.
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Al mismo tiempo, el frío intenso y los vientos fuertes impiden un derretimiento más amplio en la parte superior. La temperatura media anual de la región gira en torno a menos 10 grados Celsius, lo que ayuda a mantener este aislamiento por largos períodos.
Profundidad de casi 170 metros amplía singularidad del ambiente

Además de la composición química rara, el lago impresiona por su tamaño. Su profundidad máxima llega a casi 170 metros, lo que lo coloca entre los lagos de superficie más profundos y expresivos de la Antártida.
Esta combinación entre profundidad, hielo constante y agua con características inusuales crea un ambiente muy estable en apariencia. Aún así, procesos internos y eventos externos pueden alterar este equilibrio de forma rápida y relevante.
Estructuras microbianas recuerdan algunos de los fósiles más antiguos de la Tierra
En el fondo del lago, los investigadores identificaron grandes estructuras cónicas llamadas microbialitos. Están formadas por microorganismos fotosintetizadores que atrapan y organizan sedimentos a lo largo del tiempo.
Estas formaciones son vistas como ejemplos vivos comparables a los estromatolitos más antiguos conocidos en el planeta. En algunos puntos, se elevan hasta 70 centímetros sobre el fondo, algo raro en ambientes modernos y que aumenta el peso científico del descubrimiento.
Lago se convirtió en referencia para estudios sobre Marte y Encélado
Según NASA Earth Observatory, este ambiente también es tratado como modelo para entender lugares donde la vida podría persistir o dejar vestigios en otros mundos.
La cuenca sur del lago, oscura, estratificada y sin oxígeno, sirve como referencia para investigaciones sobre el océano subterráneo de Encélado. Mientras que las aguas selladas por hielo refuerzan comparaciones con lagos cubiertos que pudieron haber existido en Marte en el pasado, lo que cambia la lectura estratégica.
Evento en 2019 elevó el nivel del agua en 2 metros
A pesar de su apariencia estable, el lago pasó por un cambio brusco durante trabajos de campo en 2019. Los investigadores registraron una elevación rápida del nivel del agua y luego confirmaron que el aumento fue de 2 metros.
La explicación vino de una descarga repentina de agua de deshielo proveniente del lago cercano, Lago Ober See. El episodio mostró que incluso sistemas extremos y aparentemente aislados pueden sufrir alteraciones expresivas en poco tiempo.
Inundación liberó 17,5 millones de metros cúbicos y alteró la química del agua
La descarga vertió alrededor de 17,5 millones de metros cúbicos de agua de deshielo en el lago. Con esto, hubo un cambio en el pH y reposición de agua rica en dióxido de carbono en un sistema normalmente pobre en este compuesto.
Este refuerzo puede haber ampliado la productividad microbiana en el ambiente. Para los investigadores, eventos periódicos de este tipo pueden funcionar como estímulo biológico en ecosistemas antárticos muy pobres en carbono.
El conjunto de estas características coloca al lago en una posición rara en la ciencia actual. Profundidad elevada, hielo permanente, química inusual y estructuras microbianas gigantes hacen del ambiente un punto clave para entender los límites de la vida.

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