Única Cordillera Brasileña, la Serra do Espinhaço Vive Tensión Creciente entre Ecoturismo, Conservación del Paisaje y Avance de la Minería de Cuarzo en Territorios Protegidos, con Impactos Económicos, Culturales y Ambientales Relevantes
La Serra do Espinhaço, única cordillera de Brasil, se extiende por cerca de mil kilómetros entre Minas Gerais y Bahia y enfrenta un conflicto entre ecoturismo, preservación ambiental y minería de cuarzo, actividad en crecimiento en áreas de alto valor paisajístico.
Reconocida como Reserva de la Biosfera por la UNESCO, la Serra do Espinhaço concentra biodiversidad singular, campos rupestres raros y formaciones cuarzoíticas moldeadas a lo largo de millones de años.
Para mineros y visitantes, la región simboliza identidad cultural, naturaleza preservada y corredores históricos que hoy sustentan actividades de ocio, caminatas, ciclismo y turismo de contemplación.
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La mayor mina de Vale fue descubierta por accidente y hoy representa casi todo el mineral producido por la compañía.
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Las tierras raras están en todo, desde el celular hasta el tren bala, y lo que casi nadie percibe es por qué se han convertido en el objetivo de una guerra global tan delicada.
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Brasil retira 26,3 millones de toneladas de mineral de lo que antes se trataba como desecho, transforma residuos en riqueza, produce más de 3 millones de toneladas de arena y muestra cómo la minería nacional está reaprendiendo a generar valor.
Entre estos caminos están rutas conocidas por integrar paisaje, memoria y economía local, atrayendo visitantes interesados en experiencias al aire libre y contacto directo con ambientes naturales.
Esta vocación turística sostiene comunidades enteras, genera ingresos continuos y depende directamente de la integridad visual de las sierras, valles y miradores esparcidos a lo largo del territorio.
La Serra como Eje Ecológico y Económico
Además del valor simbólico, la Serra do Espinhaço funciona como eje ecológico fundamental, conectando biomas, regulando recursos naturales y sustentando modos de vida asociados al turismo sostenible.
Al mismo tiempo, la misma formación geológica alberga cuarzo, roca ornamental y de revestimiento cada vez más disputada por proyectos de extracción en Minas Gerais.
Esta dualidad crea un dilema concreto entre conservar paisajes que sustentan el ecoturismo o priorizar una actividad extractiva de retorno inmediato e impacto permanente.
La elección no es solo ambiental, sino económica, social y cultural, pues involucra modelos distintos de desarrollo para regiones enteras.
Minería y Turismo en Ruta de Colisión
El conflicto deja de ser abstracto al cruzar los 172 municipios mineros de la Reserva de la Biosfera con procesos mineros registrados en el SIGMINE, sistema de la Agencia Nacional de Minería.
La superposición revela que áreas más valoradas por el turismo coinciden con elevada concentración de proyectos de minería de cuarzo.
Corredores ecoturísticos estratégicos aparecen codo a codo con requerimientos y exploraciones, creando tensión directa entre visitantes y frentes de extracción a cielo abierto.
En la práctica, la actividad extractivista avanza cerca de miradores, senderos y paisajes icónicos, alterando exactamente el escenario que atrae turistas.
El Impacto Visual como Daño Económico
El ecoturismo se basa en la contemplación y la armonía del paisaje, factores que definen la experiencia y justifican el desplazamiento de visitantes.
Minas a cielo abierto provocan cambios drásticos en la topografía, colores y formas de la sierra, afectando directamente la percepción visual del territorio.
Este impacto no es solo estético, sino económico, pues compromete la atractividad turística y reduce la capacidad de generación de ingresos local.
Aún así, operaciones organizadas dejan cicatrices permanentes, difíciles de revertir e incompatibles con la lógica del turismo de naturaleza.
Lacunas en la Legislación Ambiental
A pesar de la relevancia del problema, la legislación ambiental brasileña y mineira presenta fallas claras en el tratamiento de este conflicto.
Proyectos de gran impacto exigen EIA-RIMA, sin embargo, la minería de cuarzo raramente es encuadrada como actividad de impacto significativo.
En la práctica, muchos emprendimientos avanzan sin evaluaciones profundas, incluso insertos en áreas reconocidas por alto valor escénico.
El punto más crítico es la ausencia de exigencia específica para Evaluación de Impacto Visual en el licenciamiento minero.
Paisaje sin Instrumentos de Protección
La legislación prioriza impactos sobre agua, suelo y fauna, fundamentales, pero ignora el paisaje como activo económico y cultural central del ecoturismo.
Sin metodología obligatoria, órganos licenciadores carecen de herramientas para medir daños visuales causados por la minería en áreas turísticas.
Documentos de licenciamiento en Minas Gerais evidencian esta laguna, dejando el paisaje vulnerable a decisiones fragmentadas y poco criteriosas.
Así, se autoriza la supresión de vistas emblemáticas sin reconocimiento formal del perjuicio social y económico involucrado, lo que debilita la protección del territorio.
Caminos para un Futuro Posible
Si la sierra continúa vista solo como reserva mineral, el riesgo de comprometer irreversiblemente el paisaje se vuelve cada vez más real.
El mapeo espacial entre minería y ecoturismo ofrece base técnica para repensar políticas públicas y criterios de licenciamiento ambiental.
Entre las propuestas está hacer obligatoria la Evaluación de Impacto Visual en áreas de valor escénico, especialmente Reservas de la Biosfera.
Otra medida es adoptar evaluación ambiental integrada, considerando efectos cumulativos de varias minas en corredores turísticos o cuencas específicas.
Pequeñas agresiones sumadas producen grandes daños, un aspecto frecuentemente ignorado en análisis aislados de licenciamiento.
Paisaje como Capital Estratégico
Reconocer el paisaje como capital estratégico es esencial para equilibrar conservación y desarrollo económico regional.
El turismo representa recurso renovable, capaz de generar ingresos continuos sin agotar el patrimonio natural, a diferencia de la extracción mineral.
Ya el cuarzo produce riqueza inmediata, pero finita, dejando pasivos ambientales y reduciendo el potencial turístico futuro de la región.
La Serra do Espinhaço, por lo tanto, no es solo un depósito de rocas, sino un patrimonio colectivo que exige elecciones responsables.
Preservar sus paisajes significa proteger identidad cultural, biodiversidad y economías locales que dependen de la belleza natural para existir.
Con información de Terra.

Engraçado! Não citou o verdadeiro auto desta matéria no The Conversation! Meio chato isso não acha????