Proyecto de la Unicamp presentado en la COP30 apuesta en energía solar para reducir uso de diesel y capacitar indígenas amazónicos en la generación fotovoltaica sostenible.
La energía solar desarrollada a partir del conocimiento indígena y del saber académico ganó proyección internacional durante la COP30, con la presentación del Proyecto Sollar Río Negro.
La iniciativa fue destacada por representantes del Centro Paulista de Estudios de la Transición Energética (CPTEn) y de la Oficina Campus Sostenible de la Unicamp, al relatar la trayectoria del Centro de Aprendizaje Indígena para la Transición Energética Justa.
Creado en 2021, el programa tiene como foco ampliar el acceso a la generación de energía solar fotovoltaica en comunidades indígenas de la Amazonía, históricamente dependientes de generadores a diesel, que además de ser caros tienen un fuerte impacto ambiental.
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En octubre de 2025, la primera promoción formada por el centro concluyó el curso de capacitación, marcando un avance concreto rumbo a una matriz más limpia y autónoma.
Formación indígena impulsa la generación de energía limpia
La primera promoción contó con 42 participantes, siendo 41 indígenas y una persona no indígena. El grupo fue capacitado para actuar como multiplicador local, con conocimiento técnico para instalación, operación y mantenimiento de sistemas de energía solar en sus propias comunidades.
Este modelo fortalece la autonomía energética de la región y contribuye para reducir el consumo de combustibles fósiles. Además, crea oportunidades de formación técnica en territorios donde el acceso a la educación especializada aún es limitado.
El Proyecto Sollar Río Negro surgió a partir de la trayectoria del joven indígena Arlindo Baré, que participó del primer examen de admisión indígena de la Unicamp en 2018 y planeaba cursar Ingeniería Eléctrica. Inicialmente desarrollado como un proyecto de Iniciación Científica, el trabajo evolucionó y se convirtió en una línea de investigación de la universidad, bajo la coordinación de la profesora e investigadora Danúsia Arantes.
La propuesta inicial preveía actuación restringida a la ciudad de São Gabriel da Cachoeira, considerada la más indígena de Brasil, con la presencia de 24 pueblos distintos. Sin embargo, la adhesión superó las expectativas. Según Arantes, en entrevista al Jornal da Unicamp, la movilización espontánea de las comunidades amplió el alcance del proyecto. “Este trabajo [de Baré] fue tan importante, tan significativo, que, independientemente de haber mapeado o no ese territorio, las comunidades se manifestaron y vinieron”.
Enseñanza práctica fortalece aplicación de la energía solar
Durante la formación, se llevaron a cabo siete tipos de experimentos prácticos, orientados al aprendizaje del funcionamiento y de la instalación de sistemas solares. Para esto, se utilizaron 24 paneles de energía fotovoltaica, transportados de Manaus hasta la sede de la Federación de Organizaciones Indígenas del Río Negro (Foirn), en un viaje de dos días en barco.
El método priorizó el aprendizaje aplicado, conectando teoría y práctica en el contexto real de las comunidades amazónicas, respetando el territorio, el clima y las necesidades locales.
Además, el proyecto se destaca por unir conocimientos tradicionales indígenas con el lenguaje técnico y académico de la ingeniería y las ciencias ambientales. La actuación conjunta con la Foirn garantizó el respeto a los protocolos definidos por las propias comunidades.
Asimismo, Arlindo Baré realizó consultas directas con líderes indígenas, chamanes e intelectuales, buscando validación colectiva del recorrido adoptado. En entrevista al Jornal da Unicamp, destacó: “Realizamos el 1er Encuentro Internacional de Investigadores e Investigadoras Indígenas para ver si estábamos en el camino correcto. Escuchamos a personas como el Cacique Raoni y Krenak”.
La valorización de los saberes ancestrales estuvo presente incluso en la elección de los materiales utilizados en los experimentos. “Fue una oportunidad para que hiciéramos una provocación. La tecnología del hombre blanco puede dialogar con la etnoingeniería”, relató Baré. En una de las actividades, por ejemplo, el uso de plástico fue sustituido por madera, basado en el conocimiento tradicional de los estudiantes indígenas.
Apoyos institucionales fortalecen expansión de la energía solar
Además de la Unicamp y de la Foirn, el proyecto contó con el apoyo del Instituto Anabb, brazo social de la Asociación Nacional de Funcionarios del Banco de Brasil, y del Instituto Vidas de la Amazonía, que contribuyeron con recursos financieros.
Entre los próximos objetivos están la ampliación del centro de aprendizaje y la creación de condiciones permanentes para una transición de la matriz energética, garantizando autonomía de los pueblos indígenas, respeto ambiental y valorización cultural, con la energía solar como eje central de este proceso.

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