Los plazos de los contratos de venta de las refinerías de Petrobras definidos por el Cade están a menos de un mes del plazo establecidos.
A menos de un mes del primer plazo establecido por el Cade (Consejo Administrativo de Defensa Económica) para la venta de sus refinerías, Petrobras tiene negociaciones suspendidas para tres de las ocho unidades incluidas en su plan de desinversiones. Para analistas y ejecutivos del sector, el temor a la intervención generado por las recurrentes declaraciones del gobierno y sus aliados en medio de la escalada de precios, está dificultando las conversaciones y podría retrasar el proceso de apertura del segmento de refinación para después de las elecciones de 2022. Lea además esta noticia: Petrobras estudia la posibilidad de aumentar nuevamente los precios de los combustibles en las refinerías
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La empresa estatal sigue con los planes de vender las refinerías
Petrobras dice que “sigue plenamente comprometida” con la venta de ocho refinerías, que representan alrededor del 50% de la capacidad brasileña de producción de combustibles, pero internamente ya se sabe que los plazos actuales no se cumplirán. Hace un mes, el director de Exploración y Producción de la compañía, Fernando Borges, llegó a admitir en un evento virtual que el riesgo de interferencia política dificulta inversiones en refinación en el país. Sin embargo, la empresa prefirió no comentar sobre el tema.
El plan de venta de ocho refinerías fue anunciado en junio de 2019, como parte de un acuerdo con el Cade, para cerrar un proceso de abuso de poder económico en el mercado de combustibles. Las conversaciones se retrasaron debido a la pandemia, lo que llevó a la prórroga del cronograma. Inicialmente, la previsión era que todas las negociaciones estuvieran concluidas, con los pagos ya realizados, para fin de 2021. Ahora, Petrobras tiene hasta finales de octubre para firmar los contratos de cinco unidades y hasta diciembre para firmar el contrato de una más.
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Otras dos ya han sido vendidas: la Refinería Landulpho Alves, en Bahía, fue comprada por el fondo árabe Mubadala; y la Refinería Isaac Sabá, en Amazonas, por la distribuidora de combustibles Atem.
Petrobras dice que mantiene negociaciones en curso para la venta de la Refinería Gabriel Passos, en Minas Gerais, de Lubricantes y Derivados de Petróleo del Nordeste, en Ceará, y de la Unidad de Industrialización del Esquisto, en Paraná. Pero suspendió este año las conversaciones que involucraban la Refinería Abreu e Lima, en Pernambuco, la Refinería Getúlio Vargas, en Paraná, y la Refinería Alberto Pasqualini, en Rio Grande do Sul. Las tres tienen plazo final para la firma de contratos, a finales de mes.
Ofertas que Petrobras ya ha recibido
La Refinería Abreu e Lima, una de las obras símbolo del esquema de corrupción investigado por la Operação Lava Jato no llegó a recibir propuestas. Según ejecutivos del sector, es difícil que alguien acepte pagar lo suficiente para que Petrobras recupere el elevado valor de la obra hecha a finales de los años 2010. Para la refinería de Paraná, la estatal recibió propuestas, pero evaluó que quedaron por debajo de su evaluación económico-financiera. Fue el primer proceso que se cerró por parte de la estatal, aún a principios de 2021.
La última negociación suspendida fue la de la refinería de Rio Grande do Sul, que se venía haciendo con el grupo Ultra, dueño de la distribuidora de combustibles Ipiranga, con fuerte presencia en la región Sur. A principios de mes, Petrobras informó que “ciertas condiciones críticas no tuvieron éxito para un acuerdo”.
El periódico, Folha de São Paulo, indagó que el riesgo de interferencia política sobre el negocio de refinación tuvo influencia para cerrar las conversaciones. Desde principios del año, el gobierno y sus aliados han demostrado insatisfacción con la escalada de los precios de los combustibles. En febrero, tras una serie de aumentos, el presidente, Jair Bolsonaro, despidió al primer presidente de Petrobras en su gobierno, Roberto Castello Branco.

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