Con la expiración inminente del último tratado nuclear que imponía límites formales a los arsenales estratégicos de Estados Unidos y Rusia, especialistas alertan sobre el aumento de riesgos globales, pérdida de transparencia, ausencia de mecanismos de control y posibilidad concreta de una nueva carrera armamentista entre las mayores potencias nucleares
El último tratado nuclear en vigor entre Estados Unidos y Rusia, el Nuevo Tratado de Reducción de Armas Estratégicas, firmado en 2010, expira el 6 de febrero, poniendo fin a casi cinco décadas de límites formales y ampliando temores globales sobre una nueva carrera armamentista nuclear.
Expiración del Nuevo START y el fin de las restricciones formales
El Nuevo START es el octavo acuerdo firmado entre Estados Unidos y Rusia desde 1963, cuando un tratado prohibió pruebas nucleares en la atmósfera, en el espacio exterior y debajo del agua. Es la tercera versión del pacto START y limita a cada país a 1.550 cabezas nucleares estratégicas instaladas.
Con la caducidad del acuerdo, será la primera vez en casi 50 años que las dos mayores potencias nucleares del mundo operarán sin restricciones formales sobre sus arsenales estratégicos. Juntos, Estados Unidos y Rusia concentran aproximadamente el 87% de las cabezas nucleares existentes en el planeta.
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Especialistas en control de armas alertan que la expiración del tratado puede llevar a ambos países a desplegar cabezas nucleares por encima de los límites anteriores, acelerando el debilitamiento de la estructura global de control nuclear construida a lo largo de décadas.
Stephen Herzog, del Instituto Middlebury de Estudios Internacionales, en California, afirmó que el fin del acuerdo eleva el riesgo global al reducir la transparencia y permitir una competencia sin frenos entre liderazgos dispuestos a depender de armas nucleares.
“En una situación en la que Rusia se vuelve cada vez más impredecible, y en una situación en la que la administración de EE.UU., lamentablemente, se vuelve cada vez más impredecible, no tener un apoyo vital es crucial”, dijo Herzog a la revista New Scientist.
Renovación bloqueada y posiciones divergentes en Washington y Moscú
El texto del Nuevo START no permite una nueva prórroga automática. En 2021, el presidente ruso Vladimir Putin y el entonces presidente de Estados Unidos Joe Biden acordaron extender el tratado por cinco años, plazo que ahora culmina.
El presidente Donald Trump indicó que dejaría expirar el acuerdo sin aceptar una propuesta de Moscú para extender voluntariamente los límites de despliegue de las armas nucleares más poderosas del mundo. En una entrevista con The New York Times, Trump dijo que no ve problema en el fin del pacto.
“Si expira, expira”, declaró Trump al periódico, añadiendo que prefiere negociar un acuerdo distinto. Según él, un nuevo tratado debería ser “mejor” e incluir otros países además de Estados Unidos y Rusia.
Trump también afirmó que China, que posee la fuerza nuclear estratégica de más rápido crecimiento del mundo, debería ser parte de cualquier tratado que reemplace el Nuevo START, aunque no detalló cómo ocurriría eso.
En septiembre, Putin sugirió prorrogar los límites del tratado por 12 meses más. También propuso incluir los arsenales nucleares de Gran Bretaña y de la Francia en futuras negociaciones, propuesta que ambos países rechazaron formalmente.
Histórico de los tratados START y el colapso progresivo
El primer tratado START fue firmado en 1991 y redujo el número de cabezas nucleares estratégicas instaladas por los dos países. En 1993, el START II buscó recortes aún más profundos y prohibió el uso de cabezas múltiples, conocidas como MIRVs, en misiles balísticos intercontinentales.
El START II también preveía la eliminación de los misiles rusos SS-18, pero nunca entró plenamente en vigor. Su implementación fue comprometida por retrasos rusos relacionados con la retirada de Estados Unidos del Tratado de Misiles Antibalísticos, el ABM.
En 2002, Rusia repudió formalmente el START II, que acabó siendo sustituido por acuerdos posteriores, culminando en el Nuevo START. Entre todos estos pactos, el Nuevo START fue el único que efectivamente responsabilizó a Washington y Moscú por la reducción concreta de sus arsenales.
Con la ausencia de negociaciones formales sobre un sucesor, la expiración del tratado representa un hito en el desmantelamiento gradual del sistema de control nuclear entre las dos potencias, en un contexto geopolítico marcado por la guerra en Ucrania.
Dimensión actual de los arsenales y riesgos globales
Rusia posee actualmente el mayor número de armas nucleares confirmadas del mundo, con más de 5.500 cabezas. Un arma nuclear lanzada desde Rusia por un misil balístico intercontinental tardaría alrededor de 30 minutos en alcanzar el territorio continental de Estados Unidos.
Estados Unidos se sitúa en segundo lugar, con 5.044 armas nucleares. Parte de este arsenal está almacenado en territorio estadounidense y en otras cinco naciones: Turquía, Italia, Bélgica, Alemania y Países Bajos.
El total de cabezas nucleares detenidas solo por Estados Unidos y Rusia representa casi el 90% de todo el arsenal nuclear mundial, según estimaciones citadas en el material base. Por su parte, los números de Corea del Norte e Israel no son oficialmente confirmados.
Se estima que Corea del Norte posee material fisible suficiente para desarrollar entre 40 y 50 armas nucleares. Israel, por su parte, tendría material para hasta 200 cabezas, con alrededor de 90 ya existentes.
Algunos acuerdos internacionales sobre armas nucleares continúan en vigor, aunque con impacto limitado. El Tratado sobre la Prohibición de Armas Nucleares busca la eliminación total de estos armamentos, pero no cuenta con la adhesión de ningún país nuclear.
El Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares, el TNP, cuenta con la firma de varias potencias nucleares, pero ejerce una influencia restringida sobre el número total de cabezas existentes. En este contexto, el Nuevo START se mantuvo como el principal mecanismo efectivo de control.
Con Moscú y Washington concentrados en el conflicto en Ucrania y sin negociaciones formales en curso, la expiración del tratado profundiza incertidumbres y refuerza alertas sobre el riesgo de una nueva carrera armamentista nuclear a escala global.

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