Impulsado por el gobierno Lula, el proyecto para conectar el Atlántico con el Pacífico espera una decisión de inversión china durante la Cumbre de los BRICS en julio de 2025, en medio de riesgos financieros y ambientales.
Un proyecto de infraestructura largamente soñado, la Ferrovia Bioceánica, recibió un nuevo y decisivo impulso político en 2025. Liderada por el gobierno del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, la iniciativa de construir una mega ferrovia en Brasil para conectar el océano Atlántico con el Pacífico, en Perú, entró en una fase crítica de negociación. El objetivo es crear un nuevo y más eficiente corredor de exportación para las materias primas brasileñas destinadas a Asia, principalmente a China.
El futuro de esta que puede ser una de las mayores obras de infraestructura de América del Sur depende, sin embargo, de un compromiso definitivo de inversión por parte de empresas estatales chinas. El gobierno brasileño estableció un plazo para esta respuesta: la Cumbre de los BRICS, que se llevará a cabo en Río de Janeiro los días 6 y 7 de julio de 2025.
El origen del proyecto y la nueva ruta de la seda en América del Sur
La idea de un puente terrestre entre los dos océanos no es nueva. Sus orígenes se remontan a la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Sudamericana (IIRSA), lanzada en 2000. El concepto ganó fuerza en mayo de 2015, con la firma de un Memorando de Entendimiento entre Brasil, China y Perú para estudiar la viabilidad técnica de la ferrovia.
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El proyecto fue revitalizado bajo la administración de Lula y se alinea perfectamente con la Iniciativa «Cinturón y Ruta» (BRI) de China, una estrategia global de desarrollo de infraestructura. Uno de los principales catalizadores para la reanudación fue la inauguración del Puerto de Chancay, en Perú, en 2024. El megaprojecto, financiado en gran parte por capital chino, ofrece una terminal moderna y de gran capacidad en el Pacífico, convirtiendo la ferrovia de enlace en una pieza logística indispensable.
La conexión entre FIOL, FICO y el Puerto de Chancay

La propuesta actual de esta mega ferrovia en Brasil se centra en un corredor que conecta el Puerto Sur en Ilhéus, en Bahia, con el Puerto de Chancay, en Perú. Para ello, el proyecto depende de la integración de dos grandes ferrovias domésticas, ambas prioritarias en el Nuevo PAC:
Ferrovia de Integración Oeste-Leste (FIOL): que se extiende de Ilhéus (BA) a Figueirópolis (TO).
Ferrovia de Integración Centro-Oeste (FICO): que conecta Mara Rosa (GO) con el corazón del agronegocio en Mato Grosso y Rondônia.
A partir de Rondônia, la ruta seguiría hacia el oeste, cruzando el estado de Acre y la Cordillera de los Andes para llegar a la costa peruana. Esta ruta más al sur fue una insistencia de Brasil para evitar las áreas más sensibles de la Selva Amazónica.
La compleja ingeniería financiera, costos de US$ 10 mil millones a US$ 80 mil millones
El costo para construir la mega ferrovia en Brasil es una de las mayores incertidumbres del proyecto. Las estimaciones varían drásticamente, yendo de US$ 10 mil millones a más de US$ 80 mil millones. Esta enorme diferencia indica que el alcance del proyecto aún no está totalmente definido y que diferentes actores pueden estar considerando tramos y costos distintos.
El modelo de financiación depende de una inversión masiva de China, probablemente a través de sus empresas estatales, como la China Railway Construction Corporation (CRCC), y de mecanismos como el Fondo China-Brasil. La falta de una estimación de costo única y creíble convierte la evaluación de la viabilidad financiera en un desafío y señala que el proyecto aún se encuentra en una fase más política que técnica.
El plazo de julio de 2025, presión diplomática de Brasil en la Cumbre de los BRICS

Para acelerar una decisión, el gobierno brasileño adoptó una táctica diplomática de alto riesgo. Delegaciones de alto nivel, incluyendo al presidente Lula y a la ministra Simone Tebet, viajaron a China en mayo de 2025 para «destrabar» el proyecto. Públicamente, el gobierno estableció la Cumbre de los BRICS de julio de 2025, en Río de Janeiro, como el plazo para una respuesta definitiva de China.
Al vincular la decisión al evento, Brasil, como anfitrión, eleva la presión sobre los chinos para que presenten un resultado concreto, transformando una negociación de infraestructura en una prueba para la asociación estratégica entre dos de los principales miembros del bloque.
Del desmonte en la Amazonía a la tensión con los EUA
A pesar del potencial económico, el proyecto enfrenta riesgos monumentales. El principal de ellos es el impacto socioambiental. La ruta atraviesa biomas críticos como la Amazonía y el Cerrado, y afecta territorios indígenas, lo que exige un proceso de licenciamiento ambiental extremadamente complejo y puede generar fuerte oposición de ONG nacionales e internacionales.
Además, el proyecto es un punto de tensión geopolítica. Los Estados Unidos ven la ferrovia como un gran avance de la influencia china en América del Sur y pueden ejercer presión diplomática sobre los países involucrados. Esta combinación de riesgos financieros, ambientales y geopolíticos hace que el camino de la mega ferrovia en Brasil sea incierto, siendo la Cumbre de los BRICS el próximo capítulo decisivo de esta larga historia.

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