Una nueva investigación sugiere que una fisura profunda bajo el Atlántico, frente a la Península Ibérica, puede estar detrás de algunos de los mayores terremotos de la historia europea, incluyendo el temblor devastador de 1755 que destruyó Lisboa y generó un tsunami mortal.
Al analizar en detalle la región de la Llanura Abisal de la Herradura, en la frontera entre las placas Africana y Euroasiática, los científicos identificaron señales de que la base de una placa oceánica se está desprendiendo y hundiendo lentamente hacia el manto. Este proceso de delaminación profunda crea una especie de fisura oculta y ayuda a explicar cómo una área aparentemente plana y sin grandes fallas conocidas pudo producir terremotos de magnitud 8 o más y tsunamis que afectaron todo el Atlántico Norte.
El enigma de los grandes terremotos lejos de zonas de subducción
Cuando se habla de megaterremotos, la imagen clásica es la de una gran zona de subducción, donde una placa tectónica se hunde bajo otra, como ocurre en Japón, Chile o Indonesia.
En estos escenarios, la física es relativamente bien comprendida: placas que chocan, acumulan tensión y, de vez en cuando, liberan energía en temblores gigantes.
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El problema es que los grandes terremotos que afectaron a Portugal en 1755 y 1969 no encajan en este patrón.
Ocurrieron en una región del Atlántico considerada un margen “difuso”, aparentemente plano, sin una falla principal obvia como las grandes zonas de subducción conocidas.
El terremoto de 1755, estimado en magnitud cercana a 8,7 o 9, arrasó Lisboa, generó un tsunami que mató a decenas de miles de personas y marcó la historia de la sismología europea.
Casi dos siglos después, en 1969, un nuevo evento de magnitud 7,9 volvió a sacudir el Atlántico al oeste del Cabo de San Vicente.
Gracias a la instrumentación disponible en 1969, fue posible localizar mejor este segundo sismo en la Llanura Abisal de la Herradura, cerca de estructuras como el Banco Gorringe y la montaña submarina Coral Patch, entre las placas Africana y Euroasiática.
Aún así, el misterio permanecía: ¿por qué una llanura abisal aparentemente “sin fallas” podía generar terremotos tan grandes?
Lo que los científicos encontraron en la fisura profunda bajo el Atlántico
El nuevo estudio indica que, a unos 200 kilómetros frente al Cabo de San Vicente, una porción de la placa tectónica se está literalmente separando por dentro.
En lugar de una falla vertical que parte el fondo del mar en dos bloques visibles, lo que está ocurriendo es una fractura horizontal.
En este proceso, llamado delaminación, la placa se comporta como si fuera una roca cortada por una hoja: la parte inferior, más densa, comienza a desprenderse y a hundirse hacia el manto, ya habiendo alcanzado profundidades de alrededor de 200 kilómetros, cuando lo “normal” sería algo en el orden de 100 kilómetros.
La parte superior permanece prácticamente en la misma posición, horizontal, sin grandes deformaciones visibles en la superficie.
Esto significa que la fisura profunda bajo el Atlántico no aparece como un “rasguño” obvio en el fondo del mar, lo que explica por qué décadas de observaciones morfológicas no identificaron una falla clara con tamaño suficiente para generar los grandes sismos históricos.
La “ruptura” principal está ocurriendo en el interior de la placa, muchos kilómetros por debajo del lecho oceánico.
Una delaminación oceánica que puede marcar el inicio de una nueva subducción
Hasta hoy, la delaminación se asociaba más a la litosfera continental, no a la litosfera oceánica. La novedad aquí es que los datos sísmicos y los modelos numéricos sugieren lo que puede ser uno de los primeros casos documentados de delaminación de placa oceánica, exactamente en esta región de la Llanura Abisal de la Herradura.
En tomografías sísmicas, que funcionan como una especie de “ecografía de la Tierra”, los investigadores vieron una anomalía que parecía indicar que la base de la placa estaba separándose, “como la suela de un zapato despegándose”, en palabras de uno de los investigadores. Esta fue la primera pista de que había algo muy inusual “ahí abajo”.
El segundo momento decisivo llegó cuando simulaciones de computadora lograron reproducir el mismo proceso de delaminación oceánica.
Juntando observaciones de sismógrafos en tierra, sensores en el lecho marino y modelos numéricos, la hipótesis de la delaminación cobró fuerza como explicación para el origen de los grandes terremotos de la región.
Al mismo tiempo, esta estructura puede representar el embrión de un nuevo sistema de subducción en desarrollo bajo el Atlántico.
A largo plazo, procesos de este tipo están ligados al propio ciclo de apertura y cierre de océanos, levantando la posibilidad de que esta área sea uno de los puntos donde el Atlántico, muy lentamente, comience a cerrarse.
Cómo la fisura profunda bajo el Atlántico genera terremotos y tsunamis
Si la placa se está separando horizontalmente, ¿por qué esto genera terremotos fuertes? La respuesta está en el contacto entre placas. La placa Africana está convergiendo lentamente hacia la placa Euroasiática. Es como si dos libros se empujaran uno dentro del otro.
En la región donde ocurre la delaminación, la placa que se separa comienza a “entrar” dentro de la otra, comportándose como una hoja que se coloca en medio de un libro.
No se abre un agujero vacío; el espacio es ocupado por otra roca, manteniendo siempre contacto entre superficies. Este contacto, sin embargo, es más horizontal y profundo, lo que crea zonas de fricción donde la energía se acumula y puede liberarse en forma de sismos.
Fue exactamente esta combinación de observaciones la que llamó la atención de los científicos:
- un “cluster” de pequeños terremotos a grandes profundidades, entre 30 y 40 kilómetros, registrado a lo largo de ocho meses por sismógrafos instalados en el fondo del mar
- la anomalía de tomografía sísmica sugiriendo la placa despegándose por debajo
- la ausencia de una falla superficial obvia que explicara grandes magnitudes
Todo esto apunta a un proceso oculto, pero activo, capaz de generar terremotos potentes y, en ciertos casos, tsunamis que alcanzan las costas del Atlántico.
Comprender esta fisura profunda bajo el Atlántico es esencial para evaluar mejor el riesgo sísmico y de tsunamis en países como Portugal, España e incluso otras regiones bañadas por el océano.
Impactos para el mapa de riesgo sísmico en el Atlántico
La nueva hipótesis no transforma a los sismos en eventos predecibles, pero cambia la forma en que se interpreta el riesgo.
Hasta ahora, la ausencia de una falla gigante mapeada en la Llanura Abisal de la Herradura era un enigma que dificultaba la caracterización completa del peligro.
Con la identificación de la fisura profunda bajo el Atlántico, asociada a la delaminación de la placa, esta región pasa a ser vista como un sistema activo que necesita entrar en los modelos de riesgo.
Esto incluye tanto la probabilidad de nuevos terremotos fuertes como el potencial de tsunamis generados por eventos en gran profundidad, pero capaces de desplazar el fondo del mar o afectar grandes volúmenes de agua.
El estudio refuerza que Portugal ya está en una área considerada de alto riesgo, por la confluencia de dos placas tectónicas, y que el proceso en curso debe ser tenido en cuenta en futuros escenarios de planificación urbana, infraestructuras críticas y preparación para emergencias.
Cables submarinos, sensores e inteligencia artificial en la línea de frente
Una de las oportunidades destacadas por los científicos es el uso de la nueva generación de cables submarinos de comunicación que cruzan el Atlántico, pasando por archipiélagos como Azores y Madeira y por la propia Llanura Abisal de la Herradura. Estos cables deben incorporar sensores sísmicos a lo largo de su trayecto.
Esto significa que los mismos cables que transmitirán datos e internet pueden transformarse en una red de monitoreo sísmico de alta resolución, registrando temblores pequeños y profundos justo en la zona donde se está produciendo la delaminación.
Cuantos más datos se recopilen, mejor será la capacidad de entender el comportamiento de esta fisura profunda bajo el Atlántico y su evolución a lo largo del tiempo.
Otra línea prometedora es el uso de inteligencia artificial. La gran dificultad para “enseñar” modelos a predecir grandes terremotos es precisamente la falta de ejemplos, ya que eventos de magnitud muy alta son raros.
Una salida es analizar sistemáticamente los sismos menores, que ocurren todos los días, y tratar de extraer patrones estadísticos vinculados a la física del proceso.
Aunque la previsibilidad exacta de un gran sismo sigue siendo un objetivo lejano, estudiar en detalle la sismicidad menor puede ayudar a refinar escenarios de riesgo y a preparar mejor a las sociedades para eventos extremos.
¿Y tú, al saber de la existencia de esta fisura profunda bajo el Atlántico relacionada con megaterremotos y tsunamis históricos, crees que los países de la margen atlántica realmente se están preparando para este riesgo o aún tratan el tema como algo demasiado distante del día a día?


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