Investigación presentada en la Conferencia Internacional IEEE sobre Desarrollo y Aprendizaje de 2025 muestra que voluntarios lograron sentir objetos enterrados bajo arena seca hasta a 6,9 centímetros de distancia con un 70,7% de acierto, desempeño cercano al límite físico previsto por modelos granulares y superior a la precisión del 40% obtenida por un sistema robótico con sensor táctil y algoritmo LSTM
Doce participantes en Londres lograron sentir objetos enterrados bajo arena seca sin tocarlos, alcanzando el 70,7% de acierto y una distancia media de 6,9 centímetros, según datos presentados en septiembre de 2025 y publicados en IEEE Xplore.
La investigación fue conducida por científicos de la Queen Mary University of London y del University College London. El experimento buscó medir sistemáticamente la capacidad humana de sentir objetos sin contacto directo, explorando los límites físicos de la propagación de fuerzas en medios granulares.
En el estudio, los participantes deslizaron el dedo índice sobre la arena seca, siguiendo trayectorias delimitadas por luces LED. En algunos intentos, un pequeño cubo estaba enterrado a siete centímetros de profundidad. En otros, el objeto estaba ausente.
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La instrucción era interrumpir el movimiento tan pronto como la presencia de un objeto se volviera perceptible, antes de cualquier contacto. Ningún participante tocó el cubo en pruebas consideradas exitosas.
Sentir objetos a distancia en medio granular fue medido con humanos y robots
Los datos documentados en los anales de la conferencia IEEE indican que los voluntarios identificaron correctamente el objeto en el 70,7% de los intentos. La distancia media de detección fue de 6,9 centímetros, con una mediana de 2,7 centímetros.
Modelos físicos de propagación de fuerzas en medios granulares previeron una distancia máxima de aproximadamente siete centímetros. El desempeño humano se mantuvo dentro del rango previsto por los cálculos teóricos.
Los investigadores destacaron que la experiencia no anuncia un nuevo sentido, sino que evidencia que uno de los sentidos más antiguos puede operar en un rango nunca antes probado de forma sistemática.
Experimento robótico alcanza 7,1 centímetros, pero con precisión del 40%
Un brazo robótico equipado con sensor táctil y algoritmo de memoria de largo plazo LSTM fue sometido a un experimento paralelo. El sistema detectó objetos a una distancia media de 7,1 centímetros.
La mediana robótica fue de seis centímetros, superando la mediana humana de 2,7 centímetros. A pesar de la distancia superior, el sistema presentó falsos positivos frecuentes, reduciendo la precisión global al 40%.
Según los investigadores, el robot fue capaz de detectar objetos ligeramente más lejos que los participantes humanos, pero la caída en la precisión comprometió el desempeño en comparación con el 70,7% alcanzado por los voluntarios.
La disparidad entre alcance y precisión fue registrada en los materiales presentados en la Conferencia Internacional IEEE sobre Desarrollo y Aprendizaje de 2025.
Mecanorreceptores explican cómo humanos logran sentir objetos sin contacto
El mecanismo descrito en el estudio no involucra percepción extrasensorial ni sensibilidad magnética. La explicación reside en los mecanorreceptores presentes en la punta de los dedos humanos.
Al moverse sobre la arena, el dedo desplaza granos frente a sí. La presencia de un objeto enterrado altera el patrón de ese desplazamiento. La resistencia modificada y el perfil vibratorio regresan a través de la columna granular hasta el dedo.
El cerebro interpreta este perfil alterado como proximidad de un objeto. Así, la capacidad de sentir objetos emerge de la lectura de variaciones mecánicas en el medio granular.
La investigación se inspiró en aves costeras como los tiburones y los chorlos, que localizan presas enterradas al detectar perturbaciones mecánicas en el sedimento.
Condiciones controladas limitan la generalización de los resultados
Los investigadores resaltaron que las condiciones experimentales fueron rigurosamente controladas. La arena utilizada era seca y uniforme. El movimiento de los dedos era lento y unidireccional.
La forma del objeto se mantuvo consistente en todos los intentos. Aún no se sabe si el efecto persiste en arena húmeda, con detritos mezclados o bajo movimiento irregular.
Tampoco se ha probado si los objetos que no son cúbicos producen patrones detectables con la misma eficacia. Estas variables siguen sin mapeo sistemático.
Debate sobre terminología tras la cobertura pública
Tras la conferencia de septiembre de 2025, reportajes clasificaron el hallazgo como un séptimo sentido oculto o tacto remoto. Los autores del artículo técnico no utilizaron esa terminología.
El resumen describe el descubrimiento como una capacidad táctil no documentada anteriormente en humanos, cuantificando alcance y precisión, sin alegar nueva modalidad sensorial.
Elisabetta Versace afirmó que es la primera vez que se estudia el tacto remoto en humanos y que esto modifica la concepción del campo receptivo en los seres vivos, incluidos los humanos.
La distinción tiene implicaciones para la neurociencia y la ingeniería. Si fuera un nuevo sentido, sería necesario localizar una base anatómica específica y vías neuronales dedicadas.
Si es una capacidad no medida del sistema táctil existente, la cuestión pasa a ser por qué esta habilidad no ha sido cuantificada antes y cómo el cerebro extrae señales del ruido con tanta eficiencia.
Aplicaciones sugeridas incluyen arqueología y exploración planetaria
El equipo mencionó aplicaciones potenciales en arqueología, donde artefactos enterrados podrían ser localizados sin daños por excavación directa.
También se citaron posibilidades en la exploración planetaria y submarina, permitiendo detectar características subterráneas en Marte o en el fondo del océano sin contacto directo.
Zhengqi Chen afirmó que el descubrimiento puede orientar el desarrollo de robots capaces de realizar operaciones delicadas, como localizar artefactos sin dañarlos o explorar terrenos granulares.
Actualmente, no existen herramientas operativas basadas en este principio. El sistema robótico probado presentó una tasa del 40%, considerada insuficiente fuera del laboratorio.
Los ingenieros aún no han determinado si la discrepancia entre humanos y robots refleja limitaciones de hardware, arquitectura de aprendizaje automático o diferencias fundamentales entre percepción biológica y artificial.
El estudio no evaluó si el entrenamiento aumenta la capacidad de sentir objetos, si hay variación individual significativa o si la sensibilidad disminuye con la edad.
Estas cuestiones permanecen abiertas. Según los registros de la conferencia de noviembre de 2025, son prioridades para investigaciones futuras.
Al demostrar que los humanos pueden sentir objetos bajo la arena a distancias cercanas a los límites físicos previstos, el experimento establece un marco empírico. La capacidad, antes no medida, pasa a integrar el campo de investigación formal de la neurociencia táctil y de la ingeniería robótica.

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