La Luna esconde un Gran Cañón formado en apenas 10 minutos, resultado de un impacto colosal que marcó su paisaje e intriga a astrónomos
Un cañón, en su definición terrestre, es un valle profundo y estrecho, con paredes empinadas, frecuentemente esculpido a lo largo de eras por la fuerza erosiva de ríos o por el lento movimiento de las placas tectónicas.
Pero en la Luna, nuestro satélite natural desprovisto de atmósfera y ríos, la formación de cañones sigue un camino dramáticamente diferente — un camino forjado en minutos por la violencia de impactos cósmicos.
Dos de estos gigantescos cañones lunares, Vallis Schrödinger y Vallis Planck, rivalizan en escala con el famoso Gran Cañón de Arizona.
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Vallis Schrödinger se extiende por más de 270 kilómetros, con una profundidad de hasta 2,7 kilómetros. Vallis Planck, aún más imponente, alcanza longitudes similares, pero se sumerge a 3,5 kilómetros por debajo de la superficie lunar.
Ahora, un equipo de investigadores ha desvelado los eventos cataclísmicos que dieron origen a estas impresionantes formaciones.
El Impacto que creó Schrödinger
La historia comienza con el cráter Schrödinger, una vasta cicatriz de impacto localizada cerca del polo sur lunar. Con cerca de 312 kilómetros de diámetro y 4,5 kilómetros de profundidad, Schrödinger es una de las mayores y mejor conservadas cuencas de pico-anillo del sistema solar.
Hace aproximadamente cuatro mil millones de años, un objeto de tamaño considerable – cuyas dimensiones exactas aún se debaten – colisionó violentamente con la Luna.
La energía liberada en ese impacto fue inimaginable. El choque vaporizó instantáneamente al impactador y una vasta porción de la corteza lunar. La roca derretida y fragmentada fue lanzada en todas las direcciones, creando una onda expansiva de material eyectado.
En el centro del cráter, la roca, bajo inmensa presión, retrocedió y se elevó, formando un pico central que, posteriormente, colapsó, creando el característico anillo de montañas interno.
Parpadea y se forma un cráter
No obstante, la formación del anillo de pico no fue el único resultado de ese impacto colosal. La inmensa energía de la colisión lanzó flujos gigantescos de rocas y detritos a velocidades deslumbrantes.
Estos proyectiles, siguiendo trayectorias balísticas, como gigantescos disparos de cañón, volvieron a chocar contra la superficie lunar, pero no de forma aleatoria.
David Kring, del Instituto Lunar y Planetario, Danielle Kallenborn, anteriormente del mismo instituto y ahora en la Universidad de St. Andrews, y Gareth Collins, del Imperial College de Londres, unieron sus conocimientos para desentrañar el misterio de la formación de los cañones. La clave estaba en el análisis meticuloso de estos flujos de eyección.
Utilizando una combinación de imágenes de alta resolución y datos de elevación obtenidos por el Lunar Reconnaissance Orbiter (LRO) de la NASA, el equipo mapeó minuciosamente los cañones.
Instrumentos como el Lunar Orbiter Laser Altimeter (LOLA) proporcionaron mediciones precisas de la profundidad, ancho y extensión de estas estructuras.
Crateras secundarias
Los investigadores identificaron 15 crateras secundarias notables a lo largo del Vallis Schrödinger, cada una con diámetros entre 10 y 16 kilómetros.
La presencia de estas crateras secundarias, alineadas con los caminos de los cañones, proporcionó la evidencia crucial: Vallis Schrödinger y Vallis Planck no se formaron por procesos lentos y graduados, sino por cadenas de impactos de alta energía, casi simultáneos.
Al analizar la distribución y el tamaño de estas crateras secundarias, el equipo pudo aplicar ecuaciones de trayectoria balística y leyes de escala de crateras.
Estos cálculos revelaron que los flujos de detritos alcanzaron la superficie lunar a velocidades impresionantes, variando entre 0,95 y 1,28 kilómetros por segundo. A esa velocidad, un proyectil podría cruzar Brasil, de norte a sur, en menos de una hora.
Lo más sorprendente, sin embargo, fue la escala de tiempo. El equipo estimó que la excavación de las profundas trincheras que forman Vallis Schrödinger y Vallis Planck ocurrió en menos de diez minutos. En un parpadeo geológico, estos cañones lunares fueron esculpidos, una demostración impresionante de la fuerza bruta de los impactos cósmicos.
Un impacto oblicuo
El estudio también reveló que el impactador que creó Schrödinger alcanzó la Luna en un ángulo bajo. Este descubrimiento tiene implicaciones importantes para el programa Artemis de la NASA, que planea enviar astronautas de regreso a la Luna, específicamente al polo sur lunar.
Si el impacto de Schrödinger hubiera eyectado detritos de manera uniforme en todas las direcciones, grandes áreas del polo sur – incluyendo la zona de exploración de Artemis – estarían cubiertas por gruesas capas de eyección.
Esto dificultaría el acceso a la corteza lunar más antigua y a los depósitos de roca fundida por el impacto, materiales de gran interés científico.
Afortunadamente, el ángulo oblicuo del impacto dirigió la mayoría de los detritos lejos del polo sur. Esto significa que los astronautas de Artemis tendrán un acceso más fácil a estos materiales geológicamente valiosos, permitiendo recolectar muestras que pueden revelar información crucial sobre la historia de la Luna y del sistema solar primitivo.
El estudio fue publicado en Nature Communications: https://doi.org/10.1038/s41467-024-55675-z. Con información de ZM.

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