Aún con las ventajas de tributación, la gasolina puede ser más ventajosa que el etanol para abastecer su automóvil, de acuerdo con un estudio de Veloe en asociación con la Fipe. El Indicador Costo-Beneficio Flex mostró que, al inicio de este año, el precio del combustible etanol hidratado equivalía al 81,6% del valor cobrado por la misma cantidad de gasolina.
Analizando los datos de la Unión Nacional de Biotecnología, es posible constatar que la reducción de las tasas federales y del ICMS responsables por una caída del 19% del precio de la gasolina no fue suficiente para compensar la mayor sensibilidad de los combustibles a la tributación.
El biocombustible sufrió un gran revés con la exención de los impuestos anunciada por Jair Bolsonaro para combustibles fósiles. La falta de una tributación diferenciada entre el etanol y la gasolina hizo que el primero perdiera competitividad en relación al último.
Según Pedro Rodrigues, socio de CBIE Advisory, fue esta medida la que hizo que los conductores optaran por abastecer sus vehículos flex con gasolina. El especialista resaltó que el etanol debería haber recibido incentivos similares a aquellos concedidos a los vehículos eléctricos para estimular el uso del combustible renovable.
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No obstante, aún frente a esta desventaja, el etanol sigue teniendo un papel importante en la matriz energética brasileña. Según datos de la ANP (Agência Nacional do Petróleo), representó el 36% del volumen total consumido en el país en 2021 – un número prácticamente igual al de 2020 (35%).
A pesar de esto, es preciso que haya estudios específicos para evaluar mejor los efectos económicos y ambientales del combustible renovable y establecer criterios más favorables para incentivar su uso. Así será posible garantizar beneficios reales tanto para los ciudadanos como para el medio ambiente.
Futuro de la desoneración de los combustibles
La desoneración del combustible fue prorrogada por más 60 días por Lula, con el fin de garantizar la reducción de impuestos para gasolina, alcohol, diésel, biodiésel, gas natural y de cocina. La medida tiene vigencia hasta el 28 de febrero.
Aunque promueve un ahorro significativo para los consumidores brasileños, el gobierno de Lula se enfrenta a un dilema: recuperar los ingresos que se habrían recaudado con los impuestos o mantener la desoneración del combustible para aliviar el bolsillo de los contribuyentes. Pedro Rocha, de CBIE Advisory, explica que esta decisión es extremadamente delicada y involucra diversos factores.
El impacto de la desoneración ya se siente en diversas áreas. El Ministerio de Hacienda estima que las reducciones en los precios de los combustibles provocaron un incremento del 2% en el presupuesto de las familias brasileñas en los últimos tres meses. Con esto, más personas tienen acceso a transporte y aprovechan los beneficios en la economía.
Además, parte del ahorro generado con la desoneración se destina a las áreas sociales. Cerca del 20% de este valor se utiliza para financiar programas como Bolsa Família y Programa Nacional de Habitación Urbana. Por otro lado, corresponde a las empresas petroleras trasladar estos descuentos a los consumidores finales.
Frente a esto, los especialistas divergen sobre el mejor rumbo a tomar en relación a la desoneración de los combustibles. Por un lado, está la necesidad urgente del Estado de recuperar los ingresos tributarios perdidos; por el otro, hay un consenso en que es necesaria una política fiscal responsable que tenga en cuenta los intereses de los contribuyentes y de la sociedad en su conjunto.
En medio de este enfrentamiento entre el gobierno y los contribuyentes, solo queda esperar cuál será la decisión final tomada por el presidente Lula hasta el fin de este mes. Mientras tanto, millones de brasileños continúan a la expectativa de saber si tendrán derecho a la continuidad de la reducción del precio del combustible o si tendrán que volver a hacer frente a los altos precios que se aplicaban antes de la desoneración.


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