Una operación militar estadounidense casi invadió Brasil en 1964 para garantizar la ascensión de los militares en el poder.
Armas, buques y apoyo logístico fueron planeados para apoyar el golpe contra João Goulart.
El reciente aumento de tarifas impuesto por el gobierno de Donald Trump a Brasil, justificado como represalia a lo que él llama “caza de brujas” del Poder Judicial contra el expresidente Jair Bolsonaro, no es el primer episodio de injerencia directa de Estados Unidos en los rumbos de la política brasileña.
En 1964, en el apogeo de la Guerra Fría, Washington articuló una operación militar de gran envergadura para apoyar el golpe que derrocó al presidente João Goulart.
La acción, conocida como Operación Brother Sam, preveía el envío de buques de guerra, armas, combustible y equipos para garantizar que militares alineados a intereses estadounidenses asumieran el poder.
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Operación Brother Sam: el aparato militar planeado por los EUA
El historiador Carlos Fico, profesor de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ), describe en su libro El Gran Hermano – De la Operación Brother Sam a los Años de Plomo que el plan involucraba un portaaviones, un portahelicópteros, seis destructores (dos con misiles teledirigidos), alrededor de 100 toneladas de armas — incluyendo el gas lacrimógeno CS Agent — y cuatro buques petroleros para garantizar el abastecimiento en caso de boicot de las fuerzas legalistas.

Según Fico, en un artículo publicado por el sitio BBC, el aparato fue definido el 31 de marzo de 1964, horas antes del inicio del golpe militar en Brasil.
Las embarcaciones dejarían Virginia el 1 de abril, con previsión de llegada a la costa de Santos (SP) entre el 10 y el 14 de abril.
Sin embargo, el mismo día, Humberto Castelo Branco, quien se convertiría en el primer presidente del régimen militar, avisó a los estadounidenses que el apoyo logístico no sería necesario.
Días después, Washington autorizó el regreso de la flota.
La operación, explica la historiadora Bruna Gomes dos Reis, investigadora de la Universidad Estadual Paulista (Unesp), tenía como objetivo “asegurar el buen desarrollo del golpe”, garantizando que aliados internos tomaran el poder.
Contexto de la Guerra Fría y el miedo comunista
El contexto internacional ayudó a moldear la decisión.
La Casa Blanca temía que las reformas propuestas por João Goulart, como la ampliación del acceso a la tierra y al voto, fueran un paso hacia el alineamiento con la Unión Soviética.
Aunque no había evidencias concretas de una amenaza comunista inmediata en Brasil, la lógica de la Guerra Fría estimulaba acciones preventivas.
De acuerdo con Fico, documentos datados de diciembre de 1963 indican que la planificación comenzó aún en el gobierno de John F. Kennedy, bajo la coordinación del entonces embajador de Estados Unidos en Brasil, Lincoln Gordon.
En entrevistas posteriores, Gordon admitió que, “en los últimos días de marzo de 1964”, Washington había preparado planes de emergencia para proporcionar armas y municiones con el objetivo de evitar la instalación de un gobierno de izquierda en Brasil.
Documentos revelados y contactos clandestinos
Investigaciones de la historiadora estadounidense Phyllis R. Parker, publicadas en los años 1970, revelaron telegramas hasta entonces secretos intercambiados entre autoridades de los dos países desde 1961.
Los registros muestran que, aunque un golpe de derecha no fuera oficialmente incentivado, la embajada americana mantenía contactos clandestinos con militares brasileños para influir en el proceso político.
El principal contacto de los estadounidenses era el general José Pinheiro de Ulhoa Cintra, vinculado a sectores golpistas y opositor declarado de Goulart.
Él coordinaría la obtención de armas, municiones y combustible en Brasil.
Documentos apuntan que Gordon sugirió el envío clandestino de armamento de origen no estadounidense para evitar acusaciones de intervención directa, considerando hasta el uso de un submarino para entregas discretas en la costa paulista.

Apoyo logístico y ausencia de intervención directa
El científico político Enrique Natalino, investigador del Centro Brasileño de Análisis y Planificación (Cebrap), afirma que la Brother Sam no preveía desembarco inmediato de tropas, sino mobilización de apoyo logístico, inteligencia y asistencia política, con militares y civiles actuando de forma indirecta y, de ser necesario, clandestina.
La historiadora Parker relata que, en caso de enfrentamiento, el enfrentamiento opondría fuerzas militares conservadoras a trabajadores, estudiantes y sargentos alineados a la izquierda.
Para Washington, los militares brasileños eran aliados estratégicos desde la Segunda Guerra Mundial, cuando combatieron al lado de los EUA, y compartían el anticomunismo como prioridad.
Anticomunismo y convergencia ideológica
La profesora Mayra Goulart, de la UFRJ, destaca que hay una convergencia histórica entre élites brasileñas y gobiernos estadounidenses en torno a agendas antipopulares.
En su evaluación, el anticomunismo funcionaba como justificación para neutralizar gobiernos que priorizaban pautas orientadas a las clases populares.
Poco antes del golpe, Gordon envió un telegrama ultrasecreto al Departamento de Estado acusando a Goulart de planear un autogolpe con el apoyo del Partido Comunista Brasileño y grupos de izquierda radical.
El documento, revelado íntegramente solo en 2004, reforzaba el temor estadounidense de que el país se sumergiera en el comunismo y en una posible guerra civil.
Apoyo logístico y militar directo de los EUA
El historiador Vitor Soares, creador del podcast Historia en Media Hora, observa que el apoyo estadounidense no fue solo ideológico o diplomático, sino también logístico y militar.
“Solo no intervinieron militarmente porque los conspiradores de aquí se encargaron solos,” afirma.
Cuando la operación fue cancelada, quedó una discusión burocrática: quién asumiría los costos de la movilización, estimados en 2,3 millones de dólares.

Según registros, el entonces secretario de Estado, Dean Rusk, consideró pedir reembolso al gobierno brasileño.
Paralelos entre 1964 y las tensiones actuales
Especialistas ven paralelos entre la presión económica de Trump y la acción militar planeada en 1964.
Para Bruna Gomes dos Reis, en ambos casos hubo participación de grupos brasileños interesados en contar con el apoyo de los EUA.
Ya el científico político Márcio Coimbra considera que, aunque los objetivos estratégicos permanezcan, los métodos han cambiado, con la sustitución de operaciones militares clandestinas por instrumentos económicos y diplomáticos.
Natalino añade que, a pesar de las transformaciones en las formas de actuación, permanece la lógica de mantener influencia sobre decisiones internas de Brasil.
En su análisis, “el objetivo de control estratégico sigue presente en la historia de las relaciones entre los dos países.”
Ante este historial, la pregunta persiste: ¿hasta qué punto la soberanía brasileña está protegida de injerencias externas, sean militares o económicas?

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