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Fósil de 183 millones de años brilla como oro dentro de roca negra en Alemania, pero un microscopio reveló que el brillo dorado no es pirita como todo el mundo creyó durante décadas: es fosfato, y la diferencia lo cambia todo.

Escrito por Bruno Teles
Publicado el 16/04/2026 a las 19:17
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Investigadores de la Universidad de Texas en Austin analizaron decenas de fósiles del Jurásico preservados en la Posidonia Shale, en el suroeste de Alemania, y descubrieron que el brillo metálico que parecía oro de tonto es en realidad mineral de fosfato, mientras que la pirita real está concentrada en la roca alrededor y no dentro del fósil.

Rompe una losa de esquisto negro de la región de Holzmaden y puedes encontrar una concha de amonita de 183 millones de años que refleja la luz como una moneda recién pulida. Durante décadas, coleccionistas e incluso interpretaciones científicas trataron estos fósiles como ejemplos clásicos de piritización, el proceso en el que la pirita sustituye el material biológico original. El problema es que cuando el equipo colocó los especímenes bajo un microscopio electrónico de barrido, casi no encontró pirita dentro de ellos. El estudio fue publicado en la revista Earth-Science Reviews.

El descubrimiento obliga a reescribir la historia de preservación de uno de los depósitos fósiles más famosos del mundo y abre una ventana para entender cómo se comportaba el oxígeno en los océanos antiguos durante un evento climático extremo.

Si no es pirita, ¿de dónde viene el brillo dorado del fósil?

Fósil de 183 millones de años brilla como oro en Alemania, pero el microscopio mostró 800 cristales de pirita en la roca alrededor y solo 3 en el fósil.

La respuesta está en dos lugares diferentes. Dentro del fósil, el material biológico fue preservado por fosfatización, un proceso químico en el que minerales de fosfato sustituyen tejidos y conchas antes de que se descompongan.

Este tipo de preservación es uno de los más raros y valiosos de la paleontología porque logra mantener estructuras delicadas intactas durante cientos de millones de años.

En cambio, el brillo metálico proviene de afuera. La roca alrededor del fósil está repleta de frambóides, aglomerados microscópicos de pirita con forma de frambuesa que reflejan y dispersan la luz.

La investigadora Sinjini Sinha, doctoranda del equipo, contó 800 frambóides en la matriz rocosa alrededor de un único espécimen y encontró solo 3 o 4 en el fósil en sí.

El contraste es brutal: el «oro» que el ojo humano ve es un efecto óptico creado por la vecindad de la roca, no por la composición interna del fósil.

¿Qué revela un fósil de 183 millones de años sobre el oxígeno de los océanos?

Fósil de 183 millones de años brilla como oro en Alemania, pero el microscopio mostró 800 cristales de pirita en la roca circundante y solo 3 en el fósil. Es fosfato.

La Formación Posidonia se formó durante el Evento Anóxico Oceánico del Toarciano, un período en el que grandes porciones de los océanos tuvieron niveles muy bajos de oxígeno.

Este ambiente sin oxígeno retardó la descomposición y alejó a los depredadores, lo que explica en parte por qué tantos fósiles se han preservado tan bien en esta formación.

Pero la investigación argumenta que la falta de oxígeno por sí sola no lo explica todo.

Los datos sugieren que pulsos cortos de oxigenación fueron esenciales para desencadenar las reacciones químicas que transformaron tejidos biológicos en fosfato antes de que se desintegraran.

Es casi contraintuitivo: el oxígeno normalmente destruye material orgánico, pero en dosis pequeñas y temporales puede haber ayudado a asegurar la preservación en lugar de acelerar la descomposición.

¿Por qué esta corrección interesa más allá de la paleontología?

El estudio conecta la química de 183 millones de años con un problema actual. Los océanos están perdiendo oxígeno.

Según el IPCC, el stock global de oxígeno oceánico ha caído alrededor del 2% desde 1960.

Las zonas de bajo oxígeno comprimen hábitats marinos, fuerzan a los peces y otros animales a áreas más estrechas de agua y pueden intensificar mortandades en áreas vulnerables.

Entender cómo se comportaron las fronteras de oxígeno en el pasado ayuda a los científicos a calibrar modelos que predicen lo que sucederá en los mares del futuro.

El Jurásico no es un espejo perfecto del presente, pero estudios como este muestran cómo la química puede cambiar rápidamente cuando las condiciones cambian.

Y si un fósil dorado logró engañar a generaciones enteras de investigadores sobre su propia composición, tal vez los océanos de hoy también esconden sorpresas que aún no hemos aprendido a ver.

¿Y tú, has visto un fósil con brillo metálico y pensaste que era oro tonto? ¿Sabías que la mayoría de los fósiles «dorados» famosos pueden haber sido clasificados incorrectamente durante décadas? Comenta ahí.

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