Las Pirámides volvieron al centro del debate tras un historiador que cuestionó teorías sobre extraterrestres, señaló fallas reales en la construcción egipcia y hizo una advertencia inusual: dentro de 4.000 años, la era digital podría dejar menos vestigios que las grandes civilizaciones del mundo antiguo
Tito Vivas, egiptólogo, historiador y escritor, volvió al centro del debate sobre el mundo antiguo tras el lanzamiento de Pirámides, dioses y sabidurías perdidas del mundo antiguo. En una entrevista con Telecinco, cuestionó mitos sobre las Pirámides, criticó explicaciones relacionadas con extraterrestres y advirtió sobre el riesgo de que la sociedad actual deje pocos vestigios duraderos para el futuro.
Pirámides y el mito de la precisión imposible
Vivas refutó una de las ideas más difundidas sobre las Pirámides al afirmar que ni siquiera las estructuras consideradas más perfectas son totalmente regulares.
Recordó que muchas piedras eran toscas y que también había rellenos con arena o cascotes, lo que desmonta la noción de una construcción imposible para la capacidad técnica de la antigüedad.
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Por primera vez en más de medio siglo, los seres humanos vieron la Luna de cerca y volvieron para contar, y la tecnología que los trajo de vuelta hace que el Apollo parezca un juguete.
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De 1969 a 1972, apenas 12 seres humanos pisaron en la Luna y luego el mundo simplemente dejó de ir, hasta que esta semana la NASA mostró que el regreso finalmente comenzó.
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En la evaluación del investigador, la creencia de que las Pirámides requerirían cortes láser o una precisión inalcanzable hasta hoy se sostiene más en mitos que en evidencias. Para él, la obra de los egipcios fue viable dentro de la lógica de una sociedad que operaba de manera muy diferente a la actual.
El fascinación por lo imposible y la cultura popular
Al explicar por qué estas teorías continúan atrayendo tanta atención, Vivas señaló dos factores centrales. El primero es el presentismo, que lleva a parte del público a imaginar que la gran pirámide de Keops no podría ser reproducida hoy, aunque él sostiene que eso sería posible, solo que sin eficiencia o necesidad práctica.
El segundo factor, afirmó, nació de la cultura popular de la segunda mitad del siglo XX. Las teorías sobre civilizaciones ancestrales o extraterrestres ganaron fuerza en los años 1950 y 1960, durante la carrera espacial, y se consolidaron en las décadas de 1970 y 1980 con el cine.
Vivas observó que el imaginario colectivo cambió de escenario a lo largo de este proceso. Antes, los monstruos habitaban cuevas o el océano; después, el espacio exterior pasó a ocupar ese papel, impulsado por películas como Alien, lo que ayudó a que estas ideas se fijaran socialmente casi como una religión contemporánea.
Información, conocimiento y pensamiento crítico
Durante la entrevista, el historiador también diferenciaba información de conocimiento. Para él, consumir decenas de videos sobre enigmas en un solo día no garantiza criterio suficiente para separar lo que es verdadero de lo que es falso.
En este punto, Vivas defendió el pensamiento crítico como elemento indispensable para comprender temas relacionados con las Pirámides y otros misterios del mundo antiguo. Asoció esta capacidad al estudio, al aprendizaje y al conocimiento acumulado, y no al volumen de contenido disponible en internet o en las redes sociales.
El investigador también clasificó como injusta la idea de atribuir a extraterrestres realizaciones de la antigüedad. En su visión, decir que los egipcios no fueron capaces de construir las Pirámides por su cuenta desconsidera su capacidad histórica, aún más cuando se tiene en cuenta que la construcción de una catedral gótica sería técnicamente más compleja.
El riesgo del olvido y el deber de preservar
En la parte final de la conversación, Vivas llamó la atención sobre la fragilidad de la memoria contemporánea. Afirmó que, si alguien excavara la sociedad actual dentro de 4 mil años, la mayor sorpresa probablemente sería la falta de datos, ya que fotos y registros digitales se pierden con facilidad y dependen de soportes poco duraderos.
Aunque vive rodeada de información, la sociedad actual puede dejar muy poco que realmente perdure, advirtió el autor. Para él, este escenario refuerza la necesidad de respeto al patrimonio cultural, que pertenece a la humanidad y debe ser disfrutado, comprendido y preservado, como muestra el caso del Templo de Debod, en Madrid, afectado por la contaminación y hasta por actos de vandalismo.

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