Proyecto ambicioso en el Sáhara genera energía para más de 1 millón de casas, pero alto costo, uso de combustibles fósiles y limitaciones de la red eléctrica frenan impacto real
Mientras los desiertos son vistos como regiones improductivas alrededor del mundo, Marruecos decidió apostar alto y transformar el Sáhara en uno de los mayores laboratorios de energía limpia del planeta. Sin embargo, a pesar de la grandiosidad del proyecto, la realidad revela un escenario más complejo — donde la innovación convive con desafíos estructurales.
La información fue divulgada por la “DW” (Deutsche Welle), con base en análisis y entrevistas con expertos del sector energético, revelando los bastidores y las contradicciones del ambicioso plan marroquí.
Noor Ouarzazate: la megaestructura solar que impresiona al mundo
Ubicada en la ciudad de Ouarzazate, a cerca de 200 kilómetros de Marrakech, en la entrada del desierto del Sáhara, la planta Noor Ouarzazate es hoy uno de los mayores complejos solares del mundo.
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Fin de la canaleta común: sistema japonés con cadenas metálicas sustituye tubos, transforma la lluvia en cascada decorativa y además reduce costos y atascos en la instalación.
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Adiós al calor insoportable: techo con tecnología sándwich y ventilación cruzada logra reducir hasta 8°C dentro de casa y comienza a sustituir soluciones costosas de climatización.
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La carretera a 4.173 metros en Pakistán solo abre 4 meses al año.
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Mientras que en el resto del mundo construir un hospital lleva hasta 5 años entre el proyecto y la inauguración, China erigió el Hospital Huoshenshan desde cero en solo 10 días, con 1.000 camas, fundación, estructura, instalaciones eléctricas, hidráulicas y sistema de oxígeno listos para recibir pacientes, movilizando a 7 mil trabajadores.
Construida en una meseta rodeada por las montañas del Atlas, la estructura ocupa cerca de 500 hectáreas (aproximadamente 1.200 acres) y tiene capacidad para abastecer más de 1 millón de residencias.
A diferencia de las plantas solares tradicionales, Noor utiliza tecnología de energía solar concentrada. Son cerca de 2 millones de espejos gigantes, que reflejan la luz del sol hacia un receptor ubicado en la cima de una torre de 247 metros de altura.
En este proceso, el calor generado alcanza impresionantes 600°C, derritiendo sales especiales que almacenan energía térmica. Esto permite generar electricidad incluso después de la puesta del sol — un avance importante en relación a los sistemas convencionales.
Energía cara y dependencia de combustibles fósiles aún dominan
A pesar de toda esta innovación, el impacto directo en la vida de la población aún es limitado. En Ouarzazate, por ejemplo, muchos residentes continúan dependiendo del gas butano, y no de la energía solar.
Además, la electricidad sigue siendo cara. En promedio, las familias marroquíes gastan alrededor de US$110 por mes, dentro de un ingreso promedio de aproximadamente US$550 mensuales — un peso significativo, especialmente en un país caluroso, donde las temperaturas superan fácilmente los 40°C en verano.
«`htmlEste escenario está directamente relacionado con un problema estructural: el país aún depende fuertemente de combustibles fósiles. Según especialistas, alrededor del 48% de las emisiones de gases de efecto invernadero relacionadas con la energía provienen de la generación basada en carbón, petróleo y gas.
Otro punto crítico es que Marruecos importa alrededor del 90% de los combustibles fósiles que consume, lo que aumenta los costos y hace que el sistema sea vulnerable a las fluctuaciones del mercado internacional.
Red eléctrica limitada frena el avance de las energías renovables
Además de la dependencia externa, otro obstáculo importante está en la infraestructura. Aunque el país ya tiene capacidad instalada para generar hasta 46% de su electricidad con fuentes renovables, en la práctica este número es mucho menor.
Esto sucede porque la red eléctrica aún no puede integrar completamente la energía producida por proyectos como Noor. Es decir, incluso con una producción elevada, parte de la energía limpia no llega al consumo diario.
De esta forma, los especialistas señalan que el país necesita invertir no solo en la generación, sino también en:
- expansión de la red eléctrica
- sistemas de almacenamiento de energía
- modernización de la distribución
Sin esto, el avance de las energías renovables sigue limitado.
Metas ambiciosas colocan a Marruecos entre líderes de la transición energética
Aun así, el país sigue con planes audaces. Marruecos pretende generar:
- 52% de la electricidad a partir de fuentes renovables hasta 2030
- 70% de la capacidad energética limpia hasta 2050
Además, hay el compromiso de eliminar completamente el uso de carbón hasta 2040.
Actualmente, el complejo Noor es solo una pieza de un plan mayor, que incluye alrededor de dos docenas de megaproyectos solares, eólicos e hidroeléctricos ya construidos, además de decenas en desarrollo.
Críticas: costo, impacto ambiental y poca inclusión local
Por otro lado, el modelo también enfrenta críticas. Investigadores y organizaciones señalan que megaproyectos como Noor pueden no ser la solución más eficiente para todos los contextos.
Entre los principales cuestionamientos están:
- alto consumo de agua para limpiar los espejos «`
- uso de tierras que antes eran utilizadas por agricultores locales
- poca participación de las comunidades en el proceso
- beneficios limitados para los residentes de la región
Además, hay informes de residentes que afirman que el calor generado por la concentración solar puede haber impactado la temperatura local.
Otro punto planteado es que soluciones descentralizadas — como paneles solares en techos de casas, empresas y granjas — podrían generar resultados más rápidos y accesibles.
Un experimento global que expone desafíos reales de la energía limpia
Ante este escenario, el complejo Noor representa algo más grande que una planta: se ha convertido en un verdadero experimento global.
Por un lado, prueba que es posible generar energía limpia a gran escala incluso en regiones extremas. Por otro, revela que la transición energética implica desafíos mucho más profundos que solo construir grandes proyectos.
Por lo tanto, el caso de Marruecos muestra que el futuro de la energía no depende solo de la tecnología, sino también de la infraestructura, la planificación y la inclusión social.

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