En Ribeirão Matilde, interior de Atalanta, el productor mantiene la rutina en el campo con frijoles, cebolla, repollo, miel, soja y maíz, y muestra cómo plantar de todo se convirtió en una estrategia para no depender de un solo cultivo
En el interior de Atalanta, en Ribeirão Matilde, un agricultor resume su propia lógica de supervivencia en el campo con una frase simple: planta de todo. Frijoles, cebolla, repollo, miel, soja y maíz coexisten en la misma propiedad, en un intento constante de equilibrar costos, clima y precio.
La historia de la familia también ayuda a explicar la persistencia. El productor es nieto de un alemán que habría huido de la guerra a principios del siglo pasado, cruzó el mar en barco y, después de pasar por Braço do Norte, llegó a la región aún en la década de 1920. La labor comenzó con poco, siguió con mucha batalla y hoy continúa al mismo ritmo, incluso cuando una cosecha reduce los ingresos.
El origen de la familia y la llegada a Atalanta

El relato familiar comienza con el abuelo viniendo de Alemania, huyendo de la guerra, y estableciéndose primero en Braço do Norte. Luego, el cambio a la región actual habría ocurrido en 1928, en un movimiento hecho “sin rumbo”, buscando terreno y oportunidad de reinicio.
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La llegada estuvo marcada por dificultades. Sin comida, sin producción y con poca estructura, la supervivencia inicial habría venido de una pequeña parcela de papas dejada por el antiguo residente. La adaptación, según el testimonio, exigió abrir área con hacha, derribar maleza, hacer coivara y plantar lo básico, como maíz y frijoles.
Trabajo duro, pérdidas y el papel del hermano mayor
Otro fragmento fuerte de la historia involucra al padre del productor, Irineu, quien falleció el 5 de octubre de 2021. Antes de eso, la familia ya cargaba con el recuerdo de un período difícil, cuando el padre murió joven y el hermano mayor, Augusto, asumió la responsabilidad de llevar la casa y criar a los hermanos.
El trabajo era día y noche, con ingenio, yuca y una rutina exigente en épocas de heladas. La idea que queda es clara: la familia no tuvo un comienzo “fácil” y avanzó en el campo con esfuerzo continuo.
“Planta de todo” como estrategia para no quebrar en el campo
«`htmlEn la propiedad actual, la frase planta de todo aparece como regla práctica. El productor explica que no se puede “poner todos los huevos en una sola canasta”. Cuando un cultivo falla, el otro necesita asumir parte de la pérdida y mantener la rueda girando.
Esta lógica se hace aún más evidente cuando la cebolla entra en la conversación. A pesar de que la producción se considera buena, el precio se desplomó, y el resultado fue pérdida. La diversificación, por lo tanto, se convierte en un amortiguador: frijoles, repollo, miel, soja y maíz entran como apoyo para mantener los gastos cubiertos y permitir reiniciar en la próxima cosecha.
El golpe de la cebolla y la pérdida por hectárea
El punto más pesado del relato es la cebolla. La producción habría sido buena, pero el precio fue descrito como “terrible”, con ventas muy por debajo del costo. El productor afirma que el costo de producción estaba alrededor de R$ 1,40 a R$ 1,50 por kilo, mientras que las ventas ocurrieron en niveles mucho menores, con pérdidas que variaban según el tipo de caja y clasificación.
Él calcula una pérdida media de alrededor de R$ 25 mil por hectárea en esta cosecha. En el año anterior, también hubo pérdida, en el orden de R$ 12 mil, según el relato. La sensación es de presión acumulada, porque las cuentas no cuadran y la deuda necesita ser empujada hacia adelante con renegociación.
Clima, enfermedad, defensivo y el riesgo de reducir la siembra
Además del precio, hay miedo del clima más lluvioso y de la creciente dificultad de manejo. El productor describe que, con exceso de lluvia, la cebolla tiende a volverse más “blanda”, con más enfermedades, y las aplicaciones se vuelven difíciles de hacer en el momento adecuado. Cada nueva plaga se convierte en un nuevo costo, y no existe “producto barato” para cebolla.
Él dice que pretende reducir el área, citando preocupación con el clima y con la dificultad de mantener calidad, especialmente en períodos críticos como septiembre y octubre, cuando la planta está más grande y más sensible.
Frijoles, repollo, soja y maíz como soporte de la propiedad
Mientras la cebolla aprieta, otros cultivos aparecen como un respiro. El frijol se trata como un producto fuerte de la propiedad, incluso con venta directa al consumidor, con valores citados en el relato de R$ 6 el kilo del frijol negro y R$ 10 el rojo.
El repollo entra como un cultivo de ciclo más corto, con un costo considerado más bajo, y un precio variable según el comprador. La soja aparece como una apuesta que “necesita tener buena producción” para compensar. Ya el maíz entra como parte de la planificación del año y también aparece ligado a manejo e irrigación en momentos de sequía.
Más de 60 motores y una colección que se convirtió en marca de la propiedad
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En medio del campo, surge un detalle que llama la atención: la colección de motores. El productor es descrito como alguien que tiene más de 60 motores, todos funcionando, además de máquinas como batidores de frijoles y cosechadoras.
Él explica que la colección comenzó con un motor que ya era de la familia, luego vino el segundo, y el gusto aumentó porque cada motor “trabaja diferente”, tiene un sonido diferente y un comportamiento propio. Hay motores estacionarios, modelos distintos, y una clara preocupación por la originalidad y el mantenimiento.
Miel, abejas y el cuidado con defensivos cerca de las cajas
La cría de abejas aparece como otra fuente de ingresos y también como termómetro ambiental. El productor relata tener alrededor de 20 a 25 cajas, con familias fuertes y producción de miel, vendida a R$ 25 el kilo.
Él también comenta sobre los cuidados con defensivos, recordando que algunos productos usados en el pasado eran peligrosos para las abejas y hoy ya no están permitidos. La presencia de las abejas se convierte en señal de equilibrio, y la miel entra como una pieza más en el plan de quien planta de todo.
Galpones, riego y espacio para almacenar cebolla
La estructura de la propiedad también está en expansión. El productor habla de galpones, medidas y construcción de áreas para implementos y almacenamiento. Un punto mencionado es la necesidad de espacio para guardar cebolla, ya que quien puede mantener el producto por más tiempo puede obtener un mejor precio después, pero esto requiere estructura.
En este escenario, la frase planta de todo deja de ser solo una forma de hablar y se convierte en un método. Diversificar es lo que permite continuar, incluso cuando un año se convierte en un dolor de cabeza y el siguiente necesita comenzar desde cero.
Al final, queda la misma idea que el productor repite como consejo: no se puede rendir fácilmente, es necesario seguir “peleando” mientras haya salud y condiciones para trabajar.
En su opinión, planta de todo es el camino más seguro para el pequeño productor o aún tiene sentido apostar fuerte en un cultivo cuando el precio está bien?

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