FMI muestra el dólar en el 58% de las reservas globales en 2025, el nivel más bajo en 25 años; el avance del yuan y de la rupia presiona la hegemonía americana.
El informe divulgado por el FMI en 2025 trajo un número que resonó de Wall Street a Pekín: el dólar cayó al 58% de las reservas de divisas globales, el nivel más bajo en 25 años. Parece técnico, pero el efecto es político: es la prueba de que la moneda americana, pilar del orden financiero internacional desde el final de la Segunda Guerra, pierde espacio de manera gradual y silenciosa.
El dato confirma lo que ya se venía percibiendo en los pasillos del poder: el dólar ya no reina solo. En paralelo, el yuan de China y la rupia de India están ganando terreno, sustentados por acuerdos multimillonarios en los BRICS, nuevos mecanismos de swap de divisas y sistemas de pago alternativos al Swift.
Para Washington, es una alarma roja: cada punto porcentual perdido significa centenas de miles de millones de dólares menos de influencia sobre el comercio y las finanzas globales.
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¿El auge y la caída del imperio del dólar?
Desde el fin de la Guerra Fría, el dólar siempre ha sido el activo más seguro del planeta. En 2001, representaba más del 72% de las reservas internacionales de los bancos centrales. Esta supremacía permitía a Estados Unidos financiar déficits, imponer sanciones y mantener un poder de fuego incomparable.
Pero la curva comenzó a cambiar tras la crisis de 2008. La confianza en la moneda americana se tambaleó, y muchos países comenzaron a buscar alternativas para no depender exclusivamente de Washington. A partir de 2014, con el aumento de las tensiones geopolíticas, el proceso de diversificación de reservas ganó fuerza.
Llegamos a 2025 con el FMI confirmando la caída al 58% — un nivel que no se veía desde los años 90. El movimiento puede parecer lento, pero para los analistas de mercados es un cambio sísmico: en solo dos décadas, el dólar ha perdido más de 14 puntos porcentuales de participación en las reservas mundiales.
El avance del yuan: de la periferia al centro
El mayor beneficiario de esta caída es, sin duda, China. El yuan, que en 2001 era prácticamente irrelevante en el sistema internacional, hoy ya responde por cerca del 5% de las reservas globales y, más importante, por más del 40% del comercio entre Brasil y China.
El salto no se debe solo a la fuerza de la economía china, sino a una estrategia deliberada de Pekín. La creación de swaps de divisas multimillonarios, como el firmado con Brasil en 2025, proporciona liquidez a la moneda.
Sistemas como el CIPS (la alternativa china al Swift) ofrecen rutas de transacción fuera de la órbita americana. Y los acuerdos energéticos con Rusia, Irán y Arabia Saudita allanan el camino para el llamado petroyuan.
La rupia entra en juego
Si el yuan ya es una realidad, la rupia india se destaca como una novedad de 2025. Nueva Délhi ha recurrido a acuerdos bilaterales para liquidar importaciones de petróleo y exportaciones de medicamentos en rupias, y presiona a los BRICS para que la moneda sea considerada en transacciones multilaterales.
Aún es pronto para decir si la rupia tendrá el mismo alcance que el yuan, pero el mensaje es claro: el dólar ya no es la única opción viable.
Para muchos emergentes, usar monedas locales significa reducir costos, evitar sanciones y ganar más margen de maniobra geopolítica.
Brasil en el epicentro de la disputa
Brasil aparece como un laboratorio de esta transición.
- El swap de R$ 157 mil millones con China abrió las puertas al yuan.
- El comercio con Rusia ya comienza a liquidarse parcialmente en yuanes.
- Y la India presiona por más acuerdos en rupias dentro de los BRICS.
Para Brasilia, el desafío es equilibrar intereses. Por un lado, la diversificación de divisas fortalece el agronegocio y la industria exportadora, reduciendo costos y riesgos. Por otro, existe el riesgo de reemplazar la dependencia de Washington por una nueva dependencia de Pekín o Nueva Délhi.
La alerta de Washington
En EE. UU., la caída del dólar al 58% de las reservas es tratada como señal de desgaste de la hegemonía americana.
El temor no es perder el liderazgo absoluto de un día para el otro, sino enfrentar un declive lento y continuo, en el que cada vez más contratos de energía, alimentos y tecnología comienzan a ser denominados en monedas alternativas.
Esto debilita la capacidad de EE. UU. de imponer sanciones — como las aplicadas a Rusia tras la guerra en Ucrania — y reduce el poder de atracción de Wall Street como destino único de inversiones.
Europa en una posición delicada
La Unión Europea, atrapada entre Washington y Pekín, observa con cautela. El euro mantiene una participación estable, pero no logra expandirse como alternativa real al dólar.
Mientras tanto, debe lidiar con la entrada en vigor del EUDR (Reglamento Antidesforestación), que presiona a los exportadores brasileños y amenaza con tensar aún más la relación con países emergentes.
La ‘nueva guerra de las monedas’
Los especialistas describen el escenario de 2025 como el inicio de una “guerra de las monedas”. No se trata de sustituir el dólar de inmediato, sino de reducir gradualmente su centralidad. Es lo que los economistas llaman multipolarización monetaria: un mundo en el que diferentes monedas — yuan, rupia, real digital (Drex), euro — compiten en espacios antes dominados exclusivamente por el dólar.
La caída del dólar en las reservas globales abre nuevas oportunidades para Brasil: diversificar socios, reducir costos cambiarios y ganar voz en foros como el BRICS. Pero también conlleva riesgos: la exposición al yuan y a la rupia puede significar mayor dependencia de países que juegan fuerte en la geopolítica.
El hecho es que, en 2025, la hegemonía del dólar está oficialmente afectada. La pregunta que queda es si Brasil utilizará esta transición para conquistar más autonomía o si acabará siendo rehén de un nuevo centro de poder.

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