Estudio Conducido en Paracatu Apuesta en Especies Nativas del Cerrado para Restaurar Taludes con Rejeitos y Desarrollar Protocolo Replicable en Todo el País
Investigadores brasileños están transformando áreas degradadas por la minería de oro en verdaderos laboratorios de restauración ambiental. Una iniciativa coordinada por la Empresa Brasileira de Pesquisa Agropecuária (Embrapa) ha demostrado, en la práctica, el potencial de las plantas nativas del Cerrado en la reforestación de áreas impactadas por la actividad minera. La información fue divulgada por el Correio Braziliense, con base en datos técnicos presentados por la propia Embrapa, detallando los avances del estudio realizado en la mina Morro do Ouro, en Paracatu (MG).
El proyecto, publicado este martes (23/9), llevó a la reforestación de taludes — estructuras inclinadas con presencia de rejeitos — en una represa de la minera Kinross Gold Corporation. Sin embargo, el objetivo va más allá de la recuperación puntual. Según la investigadora responsable, Leide Andrade, la meta central es desarrollar un protocolo de revegetación que pueda ser replicado en otras áreas de minería.
“Nuestra meta es desarrollar un protocolo de revegetación que funcione en estas condiciones, para que pueda ser adoptado también en otros lugares”, explica Andrade.
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¿Por Qué Usar Plantas del Cerrado en la Recuperación de Áreas Minadas?
La elección de especies nativas del Cerrado no ocurrió por casualidad. Como destaca la coordinadora del estudio, importar soluciones listas de otros biomas no resuelve los desafíos locales. Al contrario, la tecnología debe nacer en el propio territorio.
“No sirve de nada importar soluciones que funcionan en otros biomas. La tecnología debe nacer aquí, en el campo, con nuestros suelos, nuestro clima y nuestras especies”, resalta Leide Andrade.
De acuerdo con la legislación ambiental brasileña, las mineras están obligadas a mantener el suelo con cobertura vegetal. Sin embargo, esta exigencia impone criterios rigurosos, lo que reduce significativamente el número de especies aptas para la siembra.
La investigadora Fabiana Aquino, integrante del proyecto, explica que la revegetación en taludes con rejeitos presenta limitaciones específicas. Las plantas utilizadas no pueden tener raíces profundas, precisamente para evitar daños a la estructura del suelo. Además, deben ser especies más pequeñas, facilitando el monitoreo técnico de la represa.
“En la agricultura, siempre buscamos producir más. Allí, tenemos que cubrir el suelo y buscar producir lo mínimo posible”, comenta Aquino.
Es decir, mientras la agricultura tradicional prioriza la productividad, el reforestamiento en áreas minadas prioriza la estabilidad y seguridad ambiental.
Desafíos del Suelo Tras la Minería de Oro
Antes de iniciar las pruebas, los investigadores realizaron un análisis detallado del suelo. El diagnóstico reveló un escenario extremadamente adverso: suelos ácidos, compactados, con baja fertilidad, pobres en materia orgánica y con baja actividad microbiológica. Además, había presencia de metales tóxicos, lo que dificulta aún más el establecimiento de la vegetación.
Frente a este panorama, la elección de las especies se convirtió en una etapa decisiva.
La investigación, aún en fase de ejecución, ha probado combinaciones entre plantas nativas del Cerrado y especies exóticas adaptadas al bioma, caracterizado por áreas de cerradão y cerrado típico. Sin embargo, algunas especies utilizadas anteriormente por la propia minera demostraron baja adaptabilidad.
Según Andrade, hubo casos en los que ciertas plantas no se desarrollaron adecuadamente o ni siquiera sobrevivieron en los taludes.
Además, cuando ocurre una alta producción de fitomasa — como hojas, tallos y frutos — surge otro problema operativo. El exceso de vegetación dificulta la observación del suelo de la represa, obligando a la empresa a realizar un corte rastrero anual.
“Cuando hay alta producción de fitomasa, hay dificultad para observar el suelo de la represa y la empresa se ve obligada a hacer el corte rastrero de todo lo que se había plantado”, explica Andrade. “Todos los años siembran estas semillas y raramente observamos la presencia de algunas de ellas en los taludes.”
Por tanto, el equilibrio entre cobertura vegetal y control técnico se vuelve fundamental.
Especies Probadas y Resultados Prometedores
Tras el análisis del suelo y de la vegetación existente, el equipo de Embrapa inició la fase experimental. En la primera etapa, los investigadores apostaron por especies adaptadas a las condiciones locales, como la grama pensacola y la braquiária humidicola, conocida como pasto-agujas.
Además, incluyeron leguminosas como la dormideira (Mimosa somnians), especie nativa del Cerrado. Sin embargo, uno de los desafíos identificados fue la baja oferta de semillas en el mercado, lo que puede limitar la expansión de la técnica a gran escala.
Otro punto relevante involucra el uso de cultivos ampliamente empleados en la agricultura regional. El mijo, por ejemplo, a pesar de estar adaptado al clima local, demostró un rendimiento inadecuado en el contexto de la revegetación de taludes minados. Según las pruebas, la especie puede retrasar el desarrollo de las demás plantas utilizadas en la cobertura vegetal.
A pesar de las dificultades, los resultados iniciales son considerados prometedores. El proyecto demuestra que la minería transforma el territorio, pero también abre espacio para modelos innovadores de restauración ambiental.
“La minería transforma el territorio, pero la forma en que restauramos estas áreas también puede ser transformadora. Queremos crear modelos que respeten la biodiversidad local”, defiende Leide Andrade.
De esta manera, el uso de plantas nativas del Cerrado en la recuperación de áreas degradadas por la minería de oro puede convertirse en un referente nacional.
¿Y tú, crees que la ciencia brasileña puede transformar áreas devastadas en nuevos modelos de equilibrio ambiental?


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