El avión número 61-7974 volaba a Mach 3 sobre la Península de Kola cuando el motor derecho sufrió un «unstart», una falla violenta que hizo que la aeronave girara de lado como si hubiera chocado contra una pared, y el piloto Joseph Matthews apagó el segundo motor a propósito para estabilizar el avión, quedando sin ningún empuje a 83 mil pies de altitud
A 83 mil pies de altitud, el cielo no es azul. Es morado oscuro. Las estrellas más brillantes aparecen incluso durante el día. La curvatura de la Tierra es visible. Y el aire es tan rarefacto que ningún avión convencional puede volar allí. El SR-71 Blackbird no era un avión convencional.
En el verano de 1984, el Blackbird número 61-7974 despegó de la base de Mildenhall, en Inglaterra, con una misión específica: sobrevolar la Península de Kola, en el extremo norte de la Unión Soviética, y fotografiar los submarinos nucleares clase Typhoon estacionados en Murmansk. El Comando del Atlántico quería saber cuántos estaban en la base y cuántos estaban en el mar.
El piloto era Joseph E. Matthews. Detrás de él, en una cabina separada, el oficial de reconocimiento Curt Osterheld operaba el radar de imagen ASARS-1. Los dos volaban a Mach 3.2, más de 3,500 km/h, a una altitud donde la temperatura externa de la fuselaje superaba los 270°C.
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¿Qué es un «unstart» y por qué casi mató a la tripulación?

El SR-71 usaba motores Pratt & Whitney J58 que funcionaban como turbojets a baja velocidad y como ramjets por encima de Mach 2. Para esto, una onda de choque necesitaba estar perfectamente posicionada dentro de la entrada de aire del motor. Si esta onda se desplazaba, el motor perdía todo el empuje instantáneamente. Los pilotos llamaban a esto «unstart».
Osterheld describió la sensación: «El avión giró a la derecha tan lejos y tan rápido que parecía estar volando de lado.»
A 83 mil pies, volando a Mach 3, el motor derecho sufrió un unstart violento. El empuje de ese lado desapareció y fue reemplazado por arrastre puro. El avión comenzó a girar. Matthews tenía segundos para decidir.
¿Por qué el piloto apagó el segundo motor a propósito?
Con un motor empujando y el otro frenando, el avión estaba en rotación descontrolada. Matthews hizo lo que parece locura: apagó el motor izquierdo también. Sin empuje de ningún lado, el arrastre se volvió simétrico y la aeronave dejó de girar.
Pero ahora el SR-71 estaba sin ninguna propulsión a 25 mil metros de altitud, sobre territorio soviético, cayendo hacia el Mar de Barents. La tripulación tenía dos opciones: eyectarse sobre la URSS y ser capturados, o intentar reiniciar los motores durante la caída.
El Blackbird cayó durante minutos mientras Matthews intentaba reiniciar las turbinas. A cada mil pies perdidos, el aire se volvía más denso y las posibilidades de reencender los motores aumentaban. Pero el tiempo se estaba acabando.
¿Cómo logró la tripulación regresar?
Matthews logró reiniciar al menos un motor antes de que la altitud se volviera crítica. El Blackbird recuperó empuje, se estabilizó y salió del espacio aéreo soviético de regreso al corredor internacional sobre Noruega.
El avión aterrizó en Mildenhall. La tripulación estaba viva. Y nadie fuera de la comunidad de inteligencia supo del incidente durante décadas.
En los cuatro días siguientes, técnicos de Lockheed desmantelaron los sistemas de control de entrada de aire del 974. La única conclusión fue que la falla parecía estar relacionada con el calor, algo difícil de reproducir en tierra. Cada SR-71 era hecho a mano y se comportaba de manera diferente a los otros. El 974, que antes tenía reputación de volar bien, nunca volvió a ser el mismo después de esta misión.
¿Qué revela este incidente sobre el SR-71?
El Blackbird era el avión más rápido jamás operado por cualquier fuerza aérea. Volaba tan alto y tan rápido que ningún misil de la época podía alcanzarlo. Pero el mayor peligro nunca vino de los soviéticos. Vino de dentro del propio avión.
Los neumáticos estaban reforzados con aluminio, inflados a 425 psi con nitrógeno y duraban solo 15 aterrizajes. El combustible JP-7 era tan estable que no podía encenderse con una chispa normal, necesitaba una inyección química separada. La fuselaje se expandía hasta 15 centímetros en vuelo debido al calor. Y los motores podían entrar en unstart en cualquier momento, sin aviso.
Osterheld contó que la tripulación calentaba la comida, que venía en tubo como pasta de dientes, apoyando el tubo en la ventana de la cabina durante dos minutos, donde la temperatura externa superaba los 270°C. «Pero no podías apartar los ojos de los instrumentos por mucho tiempo», dijo él. «El avión sabía cuando no estabas prestando atención, y era en ese momento cuando la luz de alerta se encendía.»
Ningún SR-71 fue derribado en combate. De los 32 construidos, 12 se perdieron en accidentes. El 974 no entró en esa lista, pero estuvo lo suficientemente cerca para que la tripulación sintiera el sabor del Mar de Barents acercándose a ellos.
Con información de 19FortyFive, Aviation History y HistoryNet.

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