Entienda cuándo la Antártida estuvo sin hielo, cómo el CO2 influyó en el congelamiento y qué indica esto sobre el futuro climático global
La Antártida no siempre estuvo cubierta de hielo, y este hecho ha llamado la atención de los científicos durante décadas.
Actualmente, el continente está dominado por una extensa capa de hielo con kilómetros de espesor.
No obstante, los registros geológicos analizados por instituciones como British Antarctic Survey y NASA muestran que bosques, suelos expuestos y vegetación adaptada al frío ya existieron en la región.
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Esta transformación a lo largo de millones de años ayuda a explicar cómo evoluciona el clima de la Tierra.
Además, estos datos son esenciales para comprender el papel del dióxido de carbono (CO2) en el sistema climático.
La transición climática marcó el fin de la Antártida sin hielo
La última vez que la Antártida estuvo mayoritariamente libre de hielo fue hace aproximadamente 34,4 millones de años, durante la transición entre el Eoceno y el Oligoceno.
Antes de este período, el planeta presentaba temperaturas más elevadas y no tenía grandes mantos de hielo permanentes.
Como consecuencia, la Antártida exhibía paisajes similares a las tundras y bosques fríos del hemisferio Norte.
En este contexto, ecosistemas diversificados se desarrollaron, con especies que hoy están extintas.
Así, el continente presentaba características muy diferentes a las actuales.
Los niveles de CO2 fueron decisivos para el congelamiento
El dióxido de carbono tuvo un papel fundamental en la formación de las capas de hielo.
Entre 60 y 50 millones de años atrás, los niveles de CO2 eran significativamente más altos que hoy.
Por eso, el efecto invernadero natural se intensificó, manteniendo el planeta caliente.
Con el tiempo, procesos naturales redujeron estos niveles de CO2.
Como resultado, ocurrió un enfriamiento global progresivo.
De acuerdo con estudios climáticos, algunos factores fueron determinantes en este proceso:
- Reducción gradual del CO2 asociada a la meteorización de rocas
- Reflexión de la radiación solar por superficies cubiertas de nieve
- Expansión de los glaciares, alterando el nivel del mar
- Liberación de carbono costero, influyendo en el equilibrio climático
De esta forma, el planeta entró en una fase más fría, favoreciendo la formación de hielo.
El paso de Drake cambió la dinámica de los océanos
Además del CO2, la posición de los continentes tuvo un papel importante en esta transformación.
La separación entre América del Sur y la Antártida originó el paso de Drake.
Este evento permitió la formación de la corriente circumpolar antártica, según lo descrito por estudios oceanográficos.
Esta corriente actúa como un anillo de agua fría alrededor del continente.
Así, impide la entrada de aguas cálidas provenientes de regiones más bajas.
Como consecuencia, el aislamiento térmico intensifica el frío y favorece el hielo.
Entre los principales efectos observados están:
- Aislamiento térmico de la Antártida
- Bloqueo de aire caliente y humedad
- Condiciones ideales para la expansión del hielo
- Alteraciones en el ciclo del carbono
Por lo tanto, la reorganización de los océanos fue esencial en este proceso.
¿La Antártida sin hielo puede volver en el futuro?
Desde el punto de vista geológico, la Antártida puede volver a estar sin hielo en un futuro muy lejano.
En el pasado, la Tierra ya presentó niveles de CO2 superiores a los actuales.
Bajo estas condiciones, el clima era más cálido y no había hielo permanente en los polos.
Hoy, parte de esta posibilidad está relacionada con las emisiones humanas de gases de efecto invernadero.
No obstante, los modelos climáticos indican que el derretimiento completo de la capa de hielo antártica no debe ocurrir en pocos siglos.
Aun así, pérdidas parciales ya serían suficientes para elevar el nivel del mar varios metros.
Por eso, el pasado de la Antártida funciona como un importante registro natural.
Estos datos ayudan a los científicos a entender la sensibilidad de los glaciares a los cambios de temperatura.
Además, orientan límites para reducir riesgos futuros en el siglo XXI.
Ante este histórico climático, ¿cuánto pueden influir los pequeños cambios actuales en el futuro de los grandes glaciares del planeta?

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