Aumento en el envío de ganancias de multinacionales y caída en el superávit comercial explican el déficit histórico en las finanzas externas brasileñas.
Brasil registró un saldo negativo de US$ 68,8 mil millones en sus transacciones corrientes durante el año 2025, el mayor déficit en cuentas externas en 11 años.
El resultado, divulgado por el Banco Central, demuestra un deterioro significativo en los intercambios de bienes y servicios con el resto del mundo, representando el 2,98% del Producto Interno Bruto (PIB). Este escenario es impulsado principalmente por el aumento en los envíos de ganancias y dividendos de empresas extranjeras y por la reducción en el superávit de la balanza comercial.
Factores que impulsaron el saldo negativo
La principal presión sobre las cuentas externas brasileñas vino de la cuenta de renta primaria, que engloba el pago de intereses y el envío de ganancias a sedes de multinacionales en el exterior. En 2025, esta cuenta presentó un déficit de US$ 81,1 mil millones, un crecimiento expresivo en comparación al año anterior.
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La imperiosa necesidad de aplicar un duro recorte en los gastos públicos y un aumento ‘descomunal’ de impuestos, además de comprometer drásticamente la calidad de los servicios básicos y el poder adquisitivo de la población, podría resultar en una convulsión social en el país, con la población protagonizando protestas, huelgas y disturbios frecuentes.
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El mega plan de R$ 526,3 mil millones de FIRJAN para Río de Janeiro apunta a reconstruir la mayor industria de Brasil, con dos tercios de las inversiones destinadas a petróleo y gas.
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China señala aumento en las importaciones de carne de res, Brasil ya ha consumido el 70% de la cuota de 1,106 millones de toneladas y busca renegociar la tarifa que salta del 12% al 55%, mientras que la demanda de EE.UU. también se dispara.
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La inflación de alimentos subió un 302% en 20 años en Brasil, pero el supermercado cambió: el poder de compra rindió un 87% más de mortadela y un 31% menos de fruta, y los ultraprocesados tomaron el carrito.
Este movimiento refleja tanto la mayor rentabilidad de las empresas extranjeras operando en territorio nacional como el impacto de las tasas de interés globales, que elevaron el costo de financiamiento de la deuda externa brasileña.
Otro factor determinante para el mayor déficit en cuentas externas en 11 años fue la contracción en el desempeño de las exportaciones de commodities, cuyos precios sufrieron bajas en el mercado internacional. Mientras las ventas externas perdieron impulso, las importaciones continuaron a un ritmo acelerado, estimuladas por el consumo doméstico y la necesidad de insumos industriales. Este desajuste redujo el excedente comercial, que tradicionalmente actúa como un colchón de seguridad para compensar los gastos en servicios y rentas.
Gastos en servicios y viajes internacionales
El sector de servicios también contribuyó al resultado deficitario, acumulando un saldo negativo de US$ 42,4 mil millones en el último año.
Los gastos de brasileños en el exterior con viajes internacionales saltaron a US$ 16,5 mil millones, evidenciando una recuperación vigorosa del turismo tras períodos de estancamiento. Además, los gastos en transporte, especialmente el flete marítimo, se mantuvieron elevados, presionando los costos logísticos para las empresas brasileñas que dependen de mercancías extranjeras.
A pesar del mayor déficit en cuentas externas en 11 años, el flujo de Inversión Directa en el País (IDP) funcionó como un elemento amortiguador para las cuentas nacionales. El Brasil recibió US$ 72,1 mil millones en inversiones productivas dirigidas al sector de largo plazo, valor suficiente para financiar el déficit en las transacciones corrientes.
Sin embargo, los especialistas señalan que la dependencia excesiva de capitales externos para cerrar el balance financiero exige atención constante a las condiciones de estabilidad económica del país.
Reservas internacionales y perspectivas financieras
El mantenimiento de las reservas internacionales en niveles robustos, por encima de US$ 350 mil millones, garantiza a Brasil una posición de solidez frente a la volatilidad externa.
El Banco Central destaca que, aunque el mayor déficit en cuentas externas en 11 años sea un dato relevante, la estructura de financiamiento del país permanece saludable debido al perfil de los ingresos de capital. La mayoría de los recursos que entran al país están destinados a proyectos de infraestructura y expansión industrial, en lugar de inversiones meramente especulativas.
El gobierno monitorea la evolución de estas cuentas para 2026, proyectando una estabilización en los precios de las exportaciones agrícolas y minerales. La reducción gradual de las tasas de interés en economías centrales puede aliviar la presión sobre la renta primaria en los próximos meses, reduciendo el costo de los servicios de la deuda.
No obstante, el equilibrio del sector externo seguirá dependiendo de la capacidad del país para atraer nuevos aportes productivos y diversificar su pauta exportadora para evitar nuevos récords de déficit en las transacciones corrientes.

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