Un terremoto extremo, un satélite en posición rara y mediciones inéditas en el Pacífico pusieron a la ciencia ante un registro poco común, capaz de ampliar la observación de tsunamis en mar abierto.
El terremoto de magnitud 8,8 que afectó la zona de subducción Kuril-Kamchatka, generó un tsunami que cruzó el Pacífico y produjo un registro inusual para la ciencia.
Aproximadamente 70 minutos después del temblor, el satélite SWOT, misión conjunta de la NASA y de la agencia espacial francesa CNES, sobrevoló el área y midió la deformación de la superficie del mar en alta resolución.
El registro no corresponde a una fotografía convencional, sino a un mapeo detallado de la altura del agua en mar abierto.
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Según la NASA y los autores del estudio, se trata del primer rastreo espacial en alta resolución de un gran tsunami asociado a una zona de subducción.
Lo que el satélite SWOT observó en el tsunami en el Pacífico
La coincidencia entre el paso del satélite y el avance de la ola permitió un tipo de observación poco común.
Misiones altimétricas anteriores ya habían cruzado tsunamis en mar abierto, pero, en general, captaban solo una franja estrecha de la superficie oceánica.
En el caso del SWOT, el área observada fue más amplia.
El instrumento midió una franja de hasta cerca de 120 kilómetros de ancho, con precisión suficiente para mostrar la forma de la frente de ola y las perturbaciones que venían detrás de ella.
En mar abierto, la altura medida en la cresta principal superó 45 centímetros.
Aunque el número parece limitado, los expertos destacan que, en océano profundo, pequeñas variaciones en la altura de la superficie representan el desplazamiento de un gran volumen de agua y pueden amplificarse en regiones costeras poco profundas.
Este alcance de observación ayuda a explicar el interés científico por el caso.
Las boyas del sistema DART, utilizadas en el monitoreo de tsunamis en aguas profundas, continúan siendo centrales para alertas y mediciones puntuales.
Por otro lado, el satélite permite observar la organización de la ola entre esos puntos.
Al comentar sobre la utilidad de los datos, el oceanógrafo Angel Ruiz-Angulo, de la Universidad de Islandia, afirmó que el conjunto de mediciones funciona como “un nuevo par de gafas” para la investigación sobre tsunamis.
La comparación se utilizó para destacar la ganancia de detalle proporcionada por el satélite en relación con los instrumentos tradicionales.
Cómo se comportó la ola en mar abierto
Los datos recolectados en el episodio de Kamchatka indicaron un patrón más complejo que el descrito por los modelos más simples.
En lugar de un frente uniforme, el satélite registró un campo de olas con dispersión y ondulaciones secundarias detrás de la cresta principal.
En la práctica, esto significa que la energía del tsunami no avanzó de manera única y regular a lo largo de todo el trayecto.
Según los autores del estudio, parte de esa energía se distribuyó en componentes diferentes, lo que altera la forma de la ola a medida que se propaga por el océano.
La observación tiene implicaciones para la modelación matemática de estos eventos.
De acuerdo con el trabajo publicado en la revista The Seismic Record, simulaciones que incorporaron dispersión reprodujeron mejor el patrón observado por el SWOT que los modelos que desconsideraban este efecto.
Investigadores del área evalúan que este tipo de diferencia puede influir en la estimación del horario de llegada de las olas, de la intensidad relativa entre crestas sucesivas y de la manera en que el agua entra en bahías, puertos y franjas costeras.
Esto no invalida los sistemas ya usados, pero indica la posibilidad de ajustes en escenarios futuros.
Lo que los datos revelaron sobre el terremoto de Kamchatka
Las mediciones del tsunami también sirvieron para reevaluar características del terremoto que dio origen al fenómeno.
Al combinar los datos del SWOT con información de tres boyas DART cercanas, los científicos revisaron la estimación de la ruptura sísmica a lo largo de la falla.
Modelos iniciales apuntaban a una ruptura de cerca de 300 kilómetros.
Con la nueva inversión de datos, los autores estimaron una extensión cercana de 400 kilómetros a lo largo de la interfaz tectónica.
El estudio también calculó un pico de soerguimiento en torno a 4 metros e indicó que el modelo que reúne datos del tsunami y de la deformación sísmico-geodésica explica mejor el conjunto de las observaciones disponibles.
Según los investigadores, este tipo de combinación mejora la reconstrucción del evento tras el terremoto.
El análisis refuerza un punto ya conocido en la sismología: el potencial de un tsunami no depende solo de la magnitud del terremoto, sino también de la forma en que la falla se rompe bajo el fondo del mar.
En el caso de 2025, los autores identificaron similitudes con segmentos de la megafalla rota en el terremoto de 1952, pero con una geometría diferente.
Según el estudio, la ruptura de 2025 ocurrió más hacia el interior de la interfaz de subducción, sin evidencia robusta de ruptura muy superficial junto a la trinchera oceánica.
Esta diferencia, de acuerdo con los investigadores, ayuda a explicar por qué el evento de 2025 tuvo un gran alcance en el Pacífico, pero un impacto menor que el asociado al terremoto histórico de 1952.
Por qué el caso ganó importancia para la ciencia
El terremoto de Kamchatka entró en la lista de los más grandes jamás registrados por instrumentos modernos.
El Servicio Geológico de los Estados Unidos, el USGS, lo clasifica entre los seis más grandes de la era instrumental.
La NOAA, agencia de los Estados Unidos responsable de monitoreo oceánico y atmosférico, registró que el tsunami vino acompañado por una secuencia intensa de réplicas y por lecturas expresivas en las boyas DART.
En una de ellas, la amplitud máxima llegó a 0,85 metros, una de las mayores ya medidas por este sistema.
Estos datos ampliaron el interés por el caso porque ofrecen una combinación rara: un terremoto extremo, mediciones oceánicas en diferentes puntos y un sobrevuelo de satélite en el momento en que la ola aún se desplazaba en mar abierto.
Para los investigadores, este conjunto permite comparar modelos con observaciones directas en una escala poco disponible hasta ahora.
Lo que cambia en la previsión de tsunamis
A pesar del avance científico, el episodio también evidenció un límite operacional.
El SWOT tiene utilidad reconocida para análisis post-evento y para perfeccionamiento de modelos, pero no sustituye los sistemas de alerta que operan en minutos con base en sismología, mareógrafos y boyas oceánicas.
Documentos oficiales de la misión indican que los productos científicos del satélite aún tienen latencia de días.
En materiales técnicos ligados a la misión, este intervalo aparece en rangos que van de alrededor de tres a cinco días para productos procesados rutinariamente, aunque existen esfuerzos para reducir este plazo en aplicaciones de casi tiempo real.
Por eso, el papel actual del satélite está más ligado a la reconstrucción detallada de grandes eventos y a la prueba de modelos utilizados por investigadores.
Aun así, el caso de Kamchatka ha comenzado a ser citado como ejemplo del potencial de la altimetría espacial para ampliar la comprensión sobre la propagación de tsunamis en mar abierto.
Más que registrar el paso de la ola, el sobrevuelo permitió observar cómo el tsunami se organizó a lo largo de cientos de kilómetros.
Para los especialistas, este tipo de evidencia puede ayudar a revisar hipótesis sobre la física de estas olas y a calibrar, con más precisión, herramientas utilizadas en estudios de riesgo costero.

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