Una aldea olvidada en el bosque de Chernobyl sorprendió a exploradores al revelar casas intactas, objetos soviéticos y señales de presencia humana reciente. En medio de la radiación y el silencio, encontraron un mercado preservado, comida antigua y hasta una botella de vino con tapa de guante de goma
Durante una expedición reciente en la zona de exclusión de Chernobyl, exploradores encontraron una casa bien preservada en los alrededores de la ciudad.
La ubicación exacta no fue revelada. Al acercarse, notaron el interior helado y objetos desgastados.
Según informes locales, las personas escondían objetos de valor en muebles antiguos, lo que explicaría los daños.
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Dentro de la casa, había un objeto curioso: un K-60, antiguo dispositivo soviético.
No obstante, el aparato parecía roto. Sin energía, los visitantes usaron linternas y observaron papeles pintados populares en los años 1990.
Un ícono religioso permanecía intacto, mientras grietas cubrían las paredes.
La estructura era frágil, pero aún albergaba muebles, utensilios y hasta una cama metálica comúnmente asociada a «stalkers» de la región.
Descubrimiento de una tienda soviética
Cerca de allí, se encontraron con un pequeño mercado, llamado «Coop», nombre común para establecimientos cooperativos de la era soviética.
La tienda aún contaba con estanterías, etiquetas de precio y una segunda puerta de hierro, indicando un sistema de seguridad.
Los precios de los productos revelaban la antigüedad: margarina por 75 kopeks, galletas por 45. Un libro de contabilidad sugería que la tienda fue cerrada antes de la evacuación del área.
En las paredes, banderas antiguas y símbolos desconocidos suscitaron especulaciones sobre el pasado del lugar. Una trampa para ratones rota y una caja fuerte vacía reforzaban el clima de abandono.
El depósito aún contenía estanterías, ventanas enrejadas y un ático que los visitantes prefirieron no explorar por seguridad.
¿Una casa preservada y aún habitada?
La casa más sorprendente apareció en otro punto de la aldea. Cerrada por dentro, parecía intacta.
Cuando finalmente lograron entrar, encontraron candados en las puertas y una gran cantidad de pertenencias personales, como ropa, camas ordenadas, cortinas y hasta un candelabro de cristal bien conservado.
Un calendario indicaba el año 2013, sugiriendo que alguien vivió allí recientemente. Según los exploradores, quizás familiares de antiguos moradores hayan utilizado el espacio.
La presencia de ropa, objetos personales y hasta comida indicaba una ocupación relativamente reciente.
Comida, vino y misterios en la bodega
La casa escondía aún una bodega tradicional. En tiempos antiguos, los moradores usaban estos espacios para conservar alimentos antes del uso de refrigeradores.
Los exploradores encontraron frascos de gelatina, champiñones y pepinos en conserva. También había una botella de vino con tapa improvisada hecha de guante de goma.
A pesar del moho, el olor aún recordaba al vino.
Decidieron no probar. Un líquido extraño en un galón levantó sospechas. “Quizás un tinte de uranio”, dijo uno de ellos, en tono de broma.
Cerca de allí, una camisa dentro de una botella generó dudas sobre su contenido.
Instalación de cámaras y animales salvajes
Los visitantes decidieron instalar cámaras ocultas para investigar quién aún visita la casa. Algunos creen que animales, como osos provenientes de la Bielorrusia, frecuentan la región. Otros sugieren la presencia de personas.
Durante la instalación de las cámaras, observaron un rastro de animales cerca de un charco de agua. Uno de los puntos estratégicos fue el patio de una casa donde aún se oía música.
Sin moradores cerca, la sensación era de libertad total.
Midiendo la radiación en el lugar
Con un contador geiger en mano, el grupo decidió medir la radiación cerca de una hoguera.
Para su sorpresa, el nivel quedó entre 14 y 18 microsieverts, menor que en Kiev, según informaron. Esto indicaba que el área, a pesar de estar en la zona de exclusión, presentaba niveles considerados normales en ese momento.
