En Dona Ema, pareja intercambia pepino por hortalizas, garantiza mercado y ya entrega para merienda escolar, verduleros y mercado.
La pareja Luís y Luana comenzó a plantar en 2020, en un terreno cercano al centro de Dona Ema, y fue aumentando la producción a medida que la demanda creció. Lo que era un cultivo pequeño se convirtió en una rutina de cultivo bien dividida, con asistencia técnica y enfoque en hortalizas que tienen salida todo el año.
Hoy, la pareja produce principalmente coliflor, brócoli y repollo y afirma que llegó a cerca de 30 mil al mes. La decisión de cambiar lo que plantaban no fue por moda, fue por estrategia: eligieron un camino con inversión más viable y un mercado listo para comprar.
Del pepino de verano al cultivo que no para en invierno
Al principio, Luís y Luana plantaban pepino, un cultivo ligado a la cosecha de verano. Con el tiempo, vino la pregunta práctica: ¿qué producir en invierno? La respuesta fue la coliflor, primero en un volumen menor.
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Cuentan que comenzaron con alrededor de 600 plantas al mes, destinadas a conserva. Luego, ampliaron a 1.000 mensuales y, a medida que el mercado comenzó a pedir más, ocurrió el salto. Hoy, la pareja dice que está en torno a 30.000 al mes sumando coliflor, brócoli y repollo.
2,5 hectáreas y mercado garantizado para todo lo que sale de la cosecha

El área cultivada es de alrededor de 2,5 hectáreas en Dona Ema. Y un punto llama la atención: la producción ya sale con destino seguro. Según el relato, parte va para la merienda escolar, parte para verduleros y una porción para el mercado.
Cuando la venta es predecible, la planificación cambia. En lugar de plantar a ciegas, la pareja puede ajustar volumen, ritmo de corte y organización del trabajo en base a una demanda real.
Asistencia técnica y división del trabajo en la práctica
Para comenzar y mantener la producción, la pareja afirma que necesitó apoyo, principalmente de un técnico que da asistencia hasta hoy. Dicen que, cuando surge una duda, envían un mensaje y reciben orientación.
En la rutina, el trabajo está dividido. Luís relata que cuida de etapas como sembrar, plantar y cosechar, mientras que el resto queda con Luana, incluyendo el cuidado más constante del día a día. En períodos de verano, el ritmo exige atención rápida después de la siembra, especialmente para evitar que el calor queme las plántulas.
Agua, fertilización y cuidado en la formación de las hortalizas
La pareja también describe puntos críticos del manejo: riego justo después de la siembra, fertilización, defensivos y el cuidado con la falta de agua, principalmente en la fase de formación de la cabeza de las hortalizas.
Es una producción que depende de secuencia y constancia. Si el ciclo falla en un punto, el perjuicio aparece en la cosecha y en la entrega.
Pies en la tierra y planes para el futuro
A pesar de pensar en aumentar el área, ellos ponderan que, al ser solo dos, una expansión requeriría contratar a alguien. Por eso, prefieren mantener el tamaño actual y crecer con cautela, sin perder el control del proceso.
¿Crees que este tipo de crecimiento, con mercado garantizado y producción escalando poco a poco, es el camino más seguro para pequeños productores hoy?

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