El almacenamiento de energía ha alcanzado una escala sin precedentes en Chile con 38 sistemas en construcción, 13 en fase de pruebas, 2 GW ya instalados y un avance tan rápido que el país podría cumplir para finales de 2026 o principios de 2027 una meta de 6.000 MW que estaba proyectada para 2050
El almacenamiento de energía ha entrado en una nueva fase en Chile con la publicación, en marzo, del Informe de Proyectos de Construcción e Inversión del Sector Energético por el Ministerio de Energía chileno. El documento muestra que el país ya cuenta con 38 sistemas de almacenamiento en construcción, sumando 4.597 MW y 18.780 MWh, con una inversión de US$ 4,1 mil millones, además de acumular ya 2 GW de capacidad instalada.
El avance se produce en Chile en un momento de fuerte expansión del sector energético, con 138 proyectos en construcción entre centrales, transmisión e infraestructura de almacenamiento, que juntos representan US$ 11,7 mil millones en inversiones. El dato más llamativo, sin embargo, está en el ritmo del almacenamiento de energía, ya que el propio ministerio indica que, manteniendo el cronograma de los proyectos en curso, la meta de 6.000 MW para 2050 podría alcanzarse para finales de 2026 o principios de 2027.
Qué explica la aceleración del almacenamiento de energía en Chile
El salto del almacenamiento de energía en Chile no aparece como un movimiento aislado. Está inserto en un ambiente de fuerte expansión del sector eléctrico, donde la participación de las fuentes renovables no convencionales ya representa el 51% de la capacidad instalada en operación, dentro de un sistema que superaba los 38.193 MW en marzo.
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En este escenario, el almacenamiento pasa a tener un papel central para apoyar la expansión de las renovables y aumentar la flexibilidad de la red. Lo que antes parecía una meta a largo plazo ahora comienza a adquirir ritmo de entrega industrial, con decenas de sistemas avanzando al mismo tiempo y miles de millones de dólares siendo dirigidos hacia este frente.
Los números que muestran la magnitud del cambio
Los datos del informe ayudan a mostrar por qué Chile está llamando la atención. En el ámbito del almacenamiento de energía, hay 38 sistemas en construcción, con 4.597 MW y 18.780 MWh, además de 13 sistemas en fase de pruebas, que suman 2.119 MW y 9.708 MWh.
Además, dos nuevos sistemas entraron en operación en marzo. El primero fue el BESS Víctor Jara, en Tarapacá, con 200 MW y 1.000 MWh. El segundo fue el BESS Andes III, Fase I, en Antofagasta, con 171 MW y 514 MWh. Estas entregas ayudan a explicar por qué la meta de 2.000 MW para 2030 ya fue alcanzada el 31 de marzo de 2026, mucho antes del plazo originalmente previsto.
Cómo Chile anticipó una meta que parecía distante
Uno de los puntos más impresionantes del informe es el cambio de escala en el calendario. La meta de 2.000 MW de almacenamiento para 2030 ya fue cumplida a finales de marzo de 2026, con la puesta en marcha de los proyectos mencionados por el ministerio.
Más que eso, el documento afirma que, considerando los proyectos ya en curso, la meta de 6.000 MW para 2050 podría alcanzarse para finales de 2026 o principios de 2027. En la práctica, esto significa que Chile puede anticipar en más de dos décadas un objetivo que antes parecía mucho más distante.
Dónde están los proyectos más relevantes en construcción
Los mayores proyectos de generación en construcción están concentrados en Antofagasta, región que aparece como uno de los polos más estratégicos de esta nueva fase. Uno de ellos es el PFV + BESS Cristales, con 400 MW de energía solar y un sistema de 340 MW y 1.360 MWh de almacenamiento.
El otro es el Proyecto Híbrido Pampas, también de AES Andes, con 348 MW de generación y otros 340 MW y 1.360 MWh de almacenamiento. Estos proyectos muestran que el avance del almacenamiento de energía en Chile no está ocurriendo de forma aislada, sino integrado a plantas renovables de gran envergadura.
Qué sucede junto con el avance del almacenamiento
El informe muestra que el sector energético chileno está creciendo en varios frentes al mismo tiempo. En la generación de energía, hay 53 centrales en construcción, totalizando 3.325 MW y US$ 4,605 mil millones en inversión.
La energía solar lidera con 2.294 MW, el equivalente al 69% de la capacidad en construcción, y concentra el 51% de la inversión, con US$ 2.340 millones. La energía eólica le sigue, con 793 MW y US$ 1.561 millones. Esto refuerza la idea de que el almacenamiento de energía se está construyendo junto con la expansión renovable, y no separado de ella.
¿Qué está en evaluación ambiental y por qué esto amplía la escala del movimiento?
Además de lo que ya está en obra o en prueba, Chile también mantiene una sólida cartera de proyectos en evaluación. En el Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental, el sector energético cerró marzo con 141 proyectos, que suman US$ 51.664 millones.
De ese total, 21 proyectos son sistemas de almacenamiento autónomo, que representan 4.625 MW y 23.493 MWh, con una inversión de US$ 4.666 millones. También hay 105 proyectos de generación, 13 de transmisión y dos proyectos de hidrógeno verde en Magallanes, valorados en US$ 27.000 millones. Esto demuestra que la ola actual podría ser solo una parte de una expansión aún mayor.
La transmisión también se sitúa en el centro del cambio
El crecimiento del sistema no depende solo de centrales y baterías. La transmisión también cobra importancia, con 47 proyectos en construcción para los sistemas Nacional y Zonal, sumando 2.096 km de nuevas líneas y US$ 3.000 millones en inversiones.
El mayor de ellos es la Línea de Transmisión Eléctrica HVDC Kimal – Lo Aguirre, con 500 kV, 1.342 km de extensión y una inversión de US$ 2.000 millones. Este dato es importante porque muestra que la expansión del almacenamiento de energía está siendo acompañada por un refuerzo en la infraestructura necesaria para evacuar e integrar esta nueva capacidad.
¿Por qué este movimiento puede cambiar el papel de Chile en el sector energético?
Lo que está sucediendo en Chile va más allá de una simple suma de proyectos. El país está construyendo, a un ritmo acelerado, una base de generación renovable, almacenamiento y transmisión que puede reposicionarlo como uno de los referentes más rápidos de la región en infraestructura energética moderna.
Cuando un país alcanza en marzo de 2026 una meta prevista para 2030 y empieza a coquetear, ya en 2027, con un objetivo diseñado para 2050, lo que está en juego no es solo crecimiento, sino un cambio de nivel. El almacenamiento deja de ser una promesa y pasa a funcionar como una pieza concreta de la transformación del sistema eléctrico.
¿Qué señala este giro multimillonario para los próximos años?
Si se mantiene el cronograma actual, Chile podría entrar en los próximos años con una capacidad muy superior a la imaginada hace poco tiempo. El volumen de proyectos en construcción, en pruebas y en evaluación muestra un mercado en plena aceleración, con miles de millones de dólares siendo dirigidos hacia tecnología, infraestructura e integración renovable.
El caso chileno sugiere que el almacenamiento de energía ya no es solo una herramienta complementaria. Comienza a aparecer como el eje central de un cambio estructural, capaz de dar más seguridad, flexibilidad y escala a la expansión energética del país.
¿Si Chile realmente logra alcanzar en 2027 una meta de almacenamiento de energía que parecía reservada para 2050, estaremos viendo una excepción impresionante o el comienzo de una carrera regional que aún puede sorprender mucho más?

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