Proyecto de fertilizantes verdes en Paraguay usa energía de Itaipú para producir abono sin combustibles fósiles, atrae apoyo de Wall Street, cierra contrato de 10 años con Yara e intenta convertirse en escudo regional contra la volatilidad del gas natural y de las rutas de Oriente Medio
El proyecto de fertilizantes verdes en Paraguay tomó forma con la decisión de la empresa británica Atome de avanzar con la construcción de la fábrica de Villeta, valorada en US$ 665 millones. La unidad se instalará en el país sudamericano con la propuesta de producir fertilizantes nitrogenados sin usar combustibles fósiles, sustituyendo el gas natural por electricidad renovable de la central hidroeléctrica de Itaipú para separar el hidrógeno del agua por electrólisis.
El anuncio involucra a Atome, instituciones financieras internacionales, inversores ligados al hidrógeno y la compradora Yara International, en un momento de tensión en Oriente Medio y preocupación por la seguridad alimentaria global. El plan llama la atención porque apunta a uno de los puntos más frágiles de la cadena agrícola mundial: la dependencia del gas natural y del paso de fertilizantes nitrogenados por el Estrecho de Ormuz, ruta por donde pasa entre un cuarto y un tercio de las exportaciones globales de este mercado, según la base enviada.
Por qué Paraguay apuesta por este proyecto como respuesta estratégica
La lógica del proyecto va más allá de la sostenibilidad. Según Olivier Mussat, CEO de Atome, la cuestión central es la seguridad alimentaria. El argumento es que, si la producción de fertilizantes continúa fuertemente ligada al gas natural y a rutas geopolíticas vulnerables, la agricultura seguirá expuesta a choques de oferta, alza de precios y riesgo de crisis alimentaria.
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Para América Latina, este punto tiene un peso especial. La región es una potencia agrícola exportadora, pero aún depende de la importación de fertilizantes. En este escenario, la fábrica de Villeta aparece como un intento de crear una protección estructural contra la inestabilidad internacional, utilizando recursos energéticos locales para producir un insumo esencial dentro del propio continente.
Cómo la fábrica producirá fertilizantes sin gas natural
Tradicionalmente, la mayor parte de los fertilizantes nitrogenados se produce con la combinación del nitrógeno del aire y del hidrógeno extraído del gas natural. El proyecto paraguayo rompe con este modelo al usar electricidad renovable para separar el hidrógeno del agua, proceso conocido como electrólisis.
En la práctica, esto significa que la fábrica de fertilizantes verdes de Villeta quiere eliminar completamente el uso de combustibles fósiles en la producción. La base energética para ello será Itaipú, que suministrará electricidad a largo plazo para alimentar electrolizadores a gran escala y hacer viable la operación.
Los números que explican el tamaño de la apuesta
La inversión total en la planta de Villeta asciende a US$ 665 millones, dividida entre US$ 420 millones en deuda y US$ 245 millones en capital propio. La operación recibió apoyo de instituciones como la Corporación Financiera Internacional, el Banco Europeo de Inversión y el fondo Hy24.
El proyecto también cuenta con un contrato vinculante de 10 años con Yara International, que se comprometió a comprar toda la producción de la fábrica. La estimación es de unas 260 mil toneladas por año, un volumen aún inferior al 1% del mercado global de fertilizantes nitrogenados cuando la unidad comience a operar en 2029.
Por qué Itaipú cambia la ecuación de la viabilidad económica

Uno de los mayores desafíos históricos del hidrógeno verde siempre ha sido el costo. El proyecto de Villeta intenta resolver esta ecuación con una ventaja específica de Paraguay: acceso a energía hidroeléctrica abundante y barata. Según las proyecciones citadas en la base, el costo de la electricidad será de unos US$ 30 por megavatio-hora en un contrato a largo plazo.
Este punto es decisivo porque reduce una de las barreras más fuertes para la producción a escala industrial. Sin energía barata, el fertilizante verde tiende a perder competitividad. Con Itaipú, Paraguay intenta transformar precisamente este factor en su mayor fuerza.
Lo que Wall Street vio en este proyecto
La operación ganó destaque porque fue tratada como un hito financiero inédito para este tipo de industria. Según Mussat, Atome logró demostrar que es posible cerrar y financiar una fábrica de fertilizantes verdes a escala industrial, algo que, según él, nunca se había hecho de esta forma antes.
Este apoyo financiero no provino solo de la expectativa ambiental. La lectura de los inversores es que las fuentes de energía baratas y no fósiles pueden abrir camino a una industria localizada y menos dependiente de los precios del gas natural. Esto le da al proyecto un peso que mezcla seguridad alimentaria, autonomía energética y oportunidad industrial.
Qué cambia para Paraguay con la fábrica de Villeta
Durante décadas, Paraguay exportó parte del excedente de energía de Itaipú a países vecinos a precios bajos. La nueva fábrica representa un cambio importante en este patrón porque propone usar esa energía limpia dentro del propio país para generar empleos y producir un bien de mayor valor agregado.
La perspectiva en Asunción es de cambio de paradigma. En lugar de vender solo energía bruta, Paraguay pasa a intentar capturar más valor industrial con un producto directamente ligado a la agricultura global y a la seguridad de abastecimiento.
Cómo el Estrecho de Ormuz entra en el centro de esta historia
El proyecto de fertilizantes verdes ganó aún más relevancia debido al panorama geopolítico. La base afirma que entre un cuarto y un tercio de las exportaciones globales de fertilizantes nitrogenados pasan por el Estrecho de Ormuz, corredor presionado por las tensiones recientes en Oriente Medio.
Con el conflicto y la reducción de los envíos de gas, crecieron los temores de alza de precios y desorganización de la oferta. En este ambiente, producir fertilizante con electricidad renovable en América del Sur deja de ser solo una iniciativa industrial y pasa a ser visto como una forma de reducir la exposición de la región a choques internacionales.
Por qué este modelo puede convertirse en referencia para la agricultura mundial
Aunque la planta de Villeta represente menos del 1% del mercado global al inicio de la operación, el proyecto es observado como una prueba de concepto a escala relevante. Si funciona como lo planeado, podrá mostrar que es posible producir fertilizante nitrogenado fuera de la lógica tradicional basada en combustibles fósiles.
Es precisamente esto lo que hace que el modelo llame tanto la atención. El proyecto no promete dominar el mercado de inmediato, sino probar que existe una ruta industrial capaz de liberar parte de la agricultura global de la dependencia del gas natural.
Qué está en juego más allá de la fábrica en sí
En el fondo, la disputa no es solo por una nueva planta industrial en Paraguay. Lo que está en juego es el intento de rediseñar una parte de la base que sustenta la producción de alimentos en el mundo. Si los fertilizantes continúan dependiendo de rutas sensibles y de gas natural, cualquier crisis geopolítica seguirá teniendo el potencial de afectar cultivos, costos agrícolas y el precio de los alimentos.
Por eso, el proyecto de Villeta adquiere un peso tan grande. Conecta energía hidroeléctrica, hidrógeno verde, industria, financiación internacional y seguridad alimentaria en una única apuesta a largo plazo.
Si el modelo de Paraguay realmente funciona en Villeta, ¿podrá América Latina finalmente disminuir su dependencia externa de fertilizantes o este tipo de fábrica aún tardará en cambiar el juego de verdad?

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