Declaración registrada transformó caso inusitado en debate global sobre propiedad en el espacio y límites, tras mujer afirmar que sería dueña del Sol y proponer cobro por el uso de la energía solar en todo el planeta.
La española Ángeles Durán ganó repercusión internacional al declarar que había registrado el Sol a su nombre en una notaría en Galicia, España, y que pretendía cobrar por el uso de la energía solar a escala global, propuesta que rápidamente llamó la atención por su osadía.
La alegación llamó la atención por su carácter inusual y provocativo, pero no significó reconocimiento jurídico de propiedad sobre la estrella, ya que no existe base legal internacional que valide este tipo de reclamación involucrando cuerpos celestes esenciales para la vida en la Tierra.
Registro en notaría y origen de la reclamación
Residente de Salvaterra do Miño, Durán afirmó en su momento que tomó la iniciativa porque, en su interpretación personal, ningún texto legal impediría explícitamente que una persona física reclamara la posesión de un cuerpo celeste, como el Sol, abriendo espacio para su acción.
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Con este argumento, buscó una notaría local y formalizó una declaración de propiedad, procedimiento que, aunque válido como registro documental, no tiene fuerza para garantizar derechos reales sobre objetos fuera de la jurisdicción terrestre, aún así suficiente para transformar el caso en noticia mundial.
Propuesta de cobro por el uso de la energía solar

La repercusión aumentó cuando la española dijo que podría cobrar una tarifa a todos los que se beneficiaran directa o indirectamente de la energía del Sol, lo que incluye prácticamente toda la población del planeta, además de empresas y gobiernos.
Según reportajes publicados en su momento, llegó a defender que parte del dinero recaudado fuera destinado al gobierno español, a la seguridad social, al financiamiento de investigaciones científicas y a iniciativas dirigidas a combatir el hambre en diferentes regiones del mundo.
Tratado internacional limita reclamaciones en el espacio
La reclamación, sin embargo, chocó directamente con el derecho espacial internacional, conjunto de normas que regula el uso y la explotación del espacio por países e instituciones, estableciendo límites claros para evitar disputas y apropiaciones indebidas.
El Tratado del Espacio Exterior, en vigor desde 1967, establece que el espacio, la Luna y otros cuerpos celestes no pueden ser apropiados nacionalmente por reclamación de soberanía, uso, ocupación o cualquier otro medio, siendo considerado patrimonio común de la humanidad.
Aunque Durán sostuvo que la prohibición se aplicaría solo a Estados, y no a ciudadanos individuales, expertos señalan que el entendimiento jurídico predominante no reconoce ninguna validez práctica en este tipo de distinción para legitimar propiedad privada sobre astros.
En la práctica, el documento registrado sirvió solo como formalización de una declaración personal, sin ningún efecto legal que obligue a gobiernos, empresas o ciudadanos a pagar por el uso de la luz solar, ni capacidad de generar cobro o fiscalización internacional.
Debate jurídico y repercusión global
El episodio también planteó una discusión curiosa y relevante sobre los límites entre la creatividad, las lagunas legales y la validez jurídica, especialmente en un contexto en el que nuevas fronteras, como el espacio, aún desafían las interpretaciones tradicionales del derecho.
Registrar una declaración en notaría no significa, por sí solo, transformar esa declaración en un derecho real reconocido, sobre todo cuando el objeto reivindicado es un cuerpo celeste que no pertenece a ningún país y desempeña un papel fundamental para el mantenimiento de la vida en el planeta.
Con la circulación de la historia en medios de comunicación y redes sociales, la española pasó a ser llamada informalmente “dueña del Sol”, expresión que contribuyó a ampliar el alcance del caso y consolidarlo como un fenómeno mediático.
La expresión ayudó a que el caso se viralizara, pero simplificó una situación más compleja: Durán no compró la estrella, no recibió reconocimiento de organismos internacionales y no obtuvo un mecanismo legal para cobrar a la humanidad, a pesar de la repercusión global alcanzada.
Años después, el caso sigue siendo recordado como ejemplo de reivindicación simbólica que encontró enorme repercusión pública, pero poca sustentación jurídica concreta, siendo frecuentemente citado en discusiones sobre derecho espacial y límites de la propiedad.
La historia permanece entre lo anecdótico y el debate legal, sobre todo por exponer cómo una iniciativa individual puede ganar alcance global cuando toca temas universales, como propiedad, energía y espacio, además de evidenciar lagunas interpretativas exploradas de forma creativa.

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